Eurovisión llega a su gran final en medio de la peor crisis de su historia

Paulino Vilasoa Boo
P. VILASOA REDACCIÓN / LA VOZ

TELEVISIÓN

Los finlandeses Linda Lampenius x Pete Parkkonen, favoritos de esta edición, durante su actuación en la primera semifinal
Los finlandeses Linda Lampenius x Pete Parkkonen, favoritos de esta edición, durante su actuación en la primera semifinal HANNIBAL HANSCHKE | EFE

Finlandia parte como favorita en una edición marcada por la presencia de Israel y por el boicot que ha provocado un descalabro en las reproducciones

16 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Con un aniversario en números redondos, la 70.ª edición de Eurovisión tendría que haber sido motivo para la celebración. Pero el festival musical europeo se ha arrastrado hasta su gala final en medio de la crisis más profunda de su historia, que ha hecho peligrar como nunca los cimientos y el futuro del festival nacido diez años después del fin de la Segunda Guerra Mundial para unir a las naciones europeas a través de la música.

Todos los pronósticos se han cumplido en sus dos semifinales. Empezando por las candidaturas que han pasado a la gran final, que se celebra esta noche a partir de las 21 horas en el Wiener Stadthalle de Viena y en España se podrá seguir en el canal oficial del festival en YouTube. Finlandia, la gran favorita de las apuestas, consiguió su pase el martes junto a otra de las más destacadas, Grecia; Dinamarca y Australia lo hicieron en la del jueves, y, como no podía ser de otra forma, también ha logrado su plaza para alzarse con el Micrófono de Oro la delegación que ha condicionado el desarrollo del festival: Israel.

Lamentablemente, también las perspectivas más funestas sobre el festival se han confirmado; entre ellas, la irrespirable atmósfera que se lleva viviendo en los últimos años, que se ha replicado un año más. Tanto por la tensión entre delegaciones como en el público presente en Viena. En la semifinal del martes, en los primeros minutos de la actuación de Noam Bettan, alguien gritó «Stop the genocide» (Parad el genocidio). Se escuchó perfectamente en la retransmisión en directo, aunque en el vídeo publicado posteriormente en la cuenta de Eurovisión no hay ni rastro. Ese asistente, y otras tres personas —entre ellas uno que llevaba pintado en el pecho «Palestina libre»— fueron expulsados del recinto por los miembros del equipo de seguridad. Del ambiente en la ciudad de Viena también da buena cuenta el notable incremento en el despliegue policial con respecto a ediciones anteriores. Toda una atmósfera que atenta contra los principios mismos de los que suele alardear una Unión Europea de Radiodifusión (UER).

Tampoco los números acompañan. Ya no solo los económicos, que han sufrido un golpe enorme tras perder a España, uno de los cinco mayores contribuyentes, sino también en audiencia y repercusión. «Empiezan a verle por fin las orejas al lobo a nivel datos», valora el gallego Manu Mahía, codirector del portal especializado Eurovision Spain. Considera que la UER, acostumbrada a sacar pecho de la acogida, este año lo hace ya con la boca pequeña. «Hay datos que no pueden maquillar, como la venta de entradas; porque este año hubo tickets disponibles hasta una semana antes, que es algo insólito», pone como uno de los ejemplos. Y no es el único. También están los datos de reproducciones. «Las canciones de este año se han escuchado un 45 % menos que a estas alturas del año pasado», muestra como prueba de los efectos reales del boicot.

Aunque la UER permanece impasible en plena crisis reputacional, algo parece estar pasando, ya que en los últimos días han hecho circular una encuesta en línea entre los eurofans que —aunque con preguntas sesgadas— se interesa por las preocupaciones de sus seguidores, la importancia del contexto geopolítico o de los patrocinadores e incluso preguntan si hay riesgo de continuidad del festival.

Resistencia a los cambios

En público, los organizadores parecen hacer oídos sordos a las críticas al sistema de votación, a la connivencia económica y política con Israel o a la posibilidad de que el Gobierno de Netanyahu intente hacer un blanqueamiento de sus políticas instrumentalizando al festival de todos los europeos. El director de Eurovisión, Martin Green, ha minimizado los reportajes en este sentido de The New York Times o la BBC, defendiendo el sistema de votación y negando la influencia que puede tener en el certamen que su mayor patrocinador, Moroccanoil, sea una empresa israelí. «Tiene sede en Nueva York», justificó con cierto sarcasmo.

A la espera del resultado de la final, y con la expectativa de que un año más el televoto dé un apoyo masivo a Israel, las condiciones no parece propicias para el regreso de España al Big Five el año que viene. Ante las evasivas de los organizadores, el presidente de TVE, José Pablo López, ha insistido en que el concurso «necesita, con urgencia, un nuevo tiempo a la altura de los valores que siempre ha defendido».

Manu Mahía tampoco se muestra positivo sobre la posibilidad de que se encuentre una solución con la actual dirección de la UER. «Sinceramente, no veo la luz al final del túnel —reconoce—. Por una parte, casi sería mejor que gane Israel y que todo explote de una vez, para no alargar su agonía y que se busque una forma de reenfocarlo y refundarlo».