Debate entre los padres sobre «Stranger Things», de moda entre los niños: ¿Pueden verla los más pequeños?

Paulino Vilasoa Boo
P. VILASOA REDACCIÓN / LA VOZ

TELEVISIÓN

Los protagonistas de «Stranger Things», en la primera temporada de la serie
Los protagonistas de «Stranger Things», en la primera temporada de la serie NETFLIX

Los expertos advierten de los riesgos para la infancia de exponerse a contenidos no recomendados para su edad. Aunque la serie está pensada para niños mayores, su márketing se orienta a los más pequeños

15 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Stranger Things está de moda entre los más pequeños. Buena parte del público infantil conoce a Once, Mike, Will, Vecna o los Demogorgons casi con la misma familiaridad que a las guerreras K-pop, a los Pokémon o a Spidey y su superequipo. A primera vista, podría parecer algo natural. Los protagonistas de la serie son niños que viven aventuras fantásticas desplazándose por su Hawkins natal sobre el sillín de sus bicicletas. Y todo ello con un tono retro que homenajea las películas que muchos padres actuales habían disfrutado como niños o adolescentes en los años 80.

La edad recomendada para verla, en cambio, cuenta otra historia. En España, Netflix la ha calificado para mayores de 16 años, por la violencia, el suspense intenso, el terror psicológico, el lenguaje soez y ciertas escenas con carga erótica o comportamientos de riesgo para la salud. Contenidos que, según el desarrollo cognitivo y emocional de los menores, no son adecuados para los niños pequeños que conforman una parte de su público.

María Pedreda

El primer contacto con este universo no suele ser a través de los capítulos, sino del merchandising. Aunque la serie está pensada para adolescentes, las estrategias de márketing han llevado su estética y sus personajes a productos dirigidos al público infantil, entre ellos, los Funko Pops en los huevos Kinder Joy o las figuras incluidas en los menús infantiles de cadenas de comida rápida. «El niño no lo percibe como publicidad; lo interioriza como algo atractivo, un referente, un contenido que hay que ver», indica José Antonio Cortés Quesada, profesor del Grado en Márketing de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), que apunta también a la omnipresencia de escenas de la serie en unas redes sociales todavía poco reguladas.

«El impacto publicitario está en todas partes, y en un lenguaje concreto que es muy persuasivo y genera frustración», advierte sobre este efectivo mecanismo con consecuencias inmediatas. Porque, ante esa primera exposición, los niños se familiarizan con los personajes, quieren saber más de ellos para estar al día y les piden a sus progenitores ver los episodios. Y aquí empieza el cisma entre padres. Porque muchos acceden. Quienes defienden esta postura suelen hacerlo con una condición: que el adulto esté presente para responder dudas, calmar temores o contextualizar lo que se ve. La experiencia se convierte así en un momento compartido en familia y aderezado por el componente nostálgico e intergeneracional, ya que los niños descubren, de paso, referencias a películas y las canciones de la infancia de sus padres.

Pero, con ello, se saltan conscientemente la recomendación de edad. Amparan su decisión en los valores positivos que se transmiten: amistad, trabajo en equipo, aceptación del diferente, gestión de la pérdida, superación de miedos e inseguridades para sobreponerse a las adversidades o representación de realidades familiares diferentes a las tradicionales. Y es cierto. La serie abunda en estos mensajes.

Aun así, en este debate, psicólogos infantiles y pedagogos se ponen del lado del grupo contrario de padres. Advierten que, al seleccionar solo esos valores, se obvian precisamente los elementos que desaconsejan la serie a los más pequeños, que son los que provocan efectos negativos. La exposición prolongada a violencia gráfica, tensión extrema y monstruos terroríficos puede generar —según diversos estudios— desensibilización, menor empatía, ansiedad, problemas de sueño, miedos persistentes o, en ciertos casos, un impacto en la regulación emocional a medio plazo.

Curiosamente, quien vio los riesgos claros de la serie fue la madre de una de las protagonistas. Nell Fisher, que tiene ahora 14 años e interpretó a Holly Wheeler en la temporada final, reveló en una entrevista a This Morning que su progenitora le prohibió ver Stranger Things durante años porque la consideraba «demasiado aterradora» para ella. «Llevaba tantísimo tiempo queriendo verla, que cuando me contrataron, lo primero que pensé fue: ‘‘Por fin voy a poder’’», contó. No se equivocaba. Eso fue lo único que hizo cambiar de opinión a su madre, que solo entonces le dejó pegarse el atracón de las cuatro temporadas para ponerse al día.

Ahora, el furor continúa con la serie animada Stranger Things: Relatos del 85, que se estrenará el 23 de abril. Pero que su naturaleza de dibujos animados no lleve a engaño: está recomendada también para mayores de 16 años.