«Un juego de caballeros»: El enfrentamiento del que emergió el fútbol moderno

Julian Fellowes recrea los inicios modernos del deporte en la Inglaterra del siglo XIX en una miniserie donde abundan los tópicos pero con momentos entretenidos


redacción / la voz

Ateniéndonos a esa definición de que el deporte es la guerra por otros medios, la contienda central de Un juego de caballeros no es otra que la lucha de clases. Un tema, el de los cambios sociales, que conoce bien Julian Fellowes por sus trabajos anteriores en Downton Abbey y Gosford Park. En esta producción para Netflix juega en casa, remontándose a la Inglaterra de 1879 para recrear las historias reales de Arthur Kinnaird y Fergus Suter, dos influyentes pioneros, a su manera, de ese fútbol que empezaba a sentar las bases de lo que hoy conocemos. El aristócrata y banquero Kinnaid jugó para los Old Etonians, la clase privilegiada que entendía el juego como un pasatiempo para acomodados y hacía valer su influencia desde la directiva de la Football Association. Suter representa al proletariado para quien el fútbol es orgullo de clase y una vía para mejorar: encarna a los primeros profesionales, lo que choca con el amateurismo de los patricios. Paradójicamente para una serie sobre fútbol, los partidos no brillan en su recreación, como tampoco las tramas secundarias se salen del tópico del culebrón: hijos ilegítimos y abortos, padres inflexibles y alcohólicos, traiciones y amores imposibles. Parece que Fellowes se ha confiado en su propio terreno y le ha salido un partido plano, aunque con momentos entretenidos.

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