Una inverosímil vuelta al trabajo tras ser madre

La nueva serie de Netflix sobre la maternidad se deja ver aunque cueste creer parte de su contenido


Dentro de las múltiples sorpresas que esconde la maternidad se encuentra la de volver a trabajar siendo madre. Esta perogrullada deja de verse así cuando, por ejemplo, una mujer llega a una reunión con un círculo de leche en la camisa, después de extraérsela en botecitos en el propio trabajo. Cosas así no estaban previstas ni advertidas. Cuando ocurren la primera opción es pensar: «Tierra trágame». La segunda, sonreír.

Esa es una de las situaciones que se reflejan en Mujeres trabajadoras, la historia de cuatro madres recientes en Toronto que se tienen que enfrentar a esa vuelta laboral. Las cuatro coinciden en una especie de terapia de grupo conducida por una psicóloga donde cuentan sus problemas. Y allí sale de todo: desde la falta de deseo sexual con sus parejas a los miedos con sus competidores masculinos liberados de cargas familiares.

Entre risa y risa, lágrima y lágrima y ridículo y ridículo la trama discurre sin ser gran cosa, pero tampoco sin expulsar al espectador de ella. ¿El principal recelo? La verosimilitud del relato. Demasiado aire libre en unos momentos en los que el tiempo no llega para nada. Lo saben las miles de madres que hacen malabarismos con su tiempo y que, a lo mejor, se extrañan al verlas a ellas tan sueltas y tan estupendas en su problemática. Aún así, entretiene.

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