La rabia de Paula Vázquez en «Salvados»: «Les pegaría un cabezazo y les rompería la nariz, pero al final no lo hago y denuncio»

Así explica la gallega lo que siente al ser insultada en la redes. El programa de Évole enfrenta a víctimas y verdugos de las redes


Fueron varios los haters que anoche abandonaron el anonimato del que echan mano en la Red y dieron la cara ante Jordi Évole en Salvados. Uno de ellos fue Antonio, un hombre que sufrió tres ataques al corazón y que tras quedarse en paro se dedica a su casa, a su hijo, a cuidar a perros y a Internet, donde expulsa la bilis contenida. Una semblanza más humana que, incluso, sorprendió a Paula Vázquez, la destinataria de uno de sus mensajes de odio más hirientes. «Pensaba que iba a ser un radical, un canalla que me impusiera de verdad», explicó la gallega.

Tras la oleada de incendios que asoló Galicia el pasado octubre, Paula Vázquez escribió esto en su Twitter: «Tendríamos que haber quemado banderas en Galicia a ver si así venían corriendo los muy patriotas y mucho patriotas». Un comentario con el que la ferrolana, como ella misma explicó anoche, quiso poner de manifiesto la diferente respuesta entre la rápida movilización (de los cuerpos de seguridad) para acudir a Barcelona, en el momento álgido del «procés», y la que, según ella, se produjo en Galicia cuando los fuegos de octubre arrasaron más de 35.000 hectáreas, un comentario que le supuso miles de críticas y amenazas: «Si hay dinero y ganas por salvar a tu patria para que no se rompa España, ¡coño, en Galicia nos están arruinando!», alegó la presentadora. 

Una interpretación que en ese momento no fue entendida por Antonio. «OK Diario decía que Paula Vázquez se estaba riendo de los incendios de Galicia... Lo interpreté como un insulto a todo aquel que se siente español», se justificó el hater que, a pesar de que defiende que «la persona que quiere a los animales no puede ser malo», no dudó en escribir este tuit: «¿Y qué tal si te echamos un poco de gasolina en el coño y te metemos fuego?».

Un comentario que él mismo reconoce que «si hubiera sido más suave no lo hubiera leído nadie. Por desgracia, funciona el lenguaje agresivo», aclara. 

Paula Vázquez, tras reconocer su sorpresa porque alguien haya dado pábulo a esta interpretación, niega el enfoque: «¿Cómo me voy a reír yo de los gallegos? Si soy gallega y ayudo a mi tierra siempre que quiero!».

Tras el tuit de Antonio, la ferrolana no dudó en compartirlo en su cuenta para que todos sus seguidores pudieran verlo, una práctica que anoche se analizó en el programa de Évole y que la gallega reconoce que seguirá haciendo. «Con ello busco concienciar sobre el acoso que sufrimos los conocidos, y supongo que también los que no lo son tanto, y, por otro lado, avergonzarle (al autor)», explica la presentadora, que reconoce sentir «rabia, no miedo» cuando lee este tipo de insultos. «Me gustaría pegarles, no lo puedo evitar, un guantazo con la mano abierta», explicó ante Évole. «Les pegaría un cabezazo y les rompería la nariz, pero al final no lo hago y denuncio», puntualizó a continuación la gallega. 

La ferrolana, que asegura que «cada mañana digo que no volveré a opinar, y cada día cuelgo algo y me vuelvo a arrepentir», explica que cuando recibe estos mensajes de odio «la mayor parte de veces los bloqueo o últimamente me pongo a hablar por privado o les llamo directamente para ver por qué, con qué argumento me insultan. La mayoría reculan y además te echan piropos».

Paula Vázquez, que reconoce «haberse metido en muchos jardines», niega, eso sí, que los insultos sean algo que los famosos deban padecer: «¿En qué contrato pone que aguantarlas es el precio de la fama?». En el caso de Antonio, además de compartir el tuit, lo denunció, algo que, tras escuchar su testimonio, se está ahora pensando.

Ante las preguntas de Évole, y para tratar de poner algo de luz sobre el creciente ciberacoso, Paula Vázquez sostiene que «no sé qué parte de culpa tiene el anonimato, si ha descubierto lo que éramos y no lo sabíamos, o que realmente están poniendo tanta gasolina que huele a quemado».  

En cualquier caso, la gallega reconoce que en la calle nunca recibió el mismo tipo de insultos que puede leer en las redes, algo unánime a todos los entrevistados en el Salvados de anoche, titulado Compartiendo odio. Su hater Antonio fue claro cuando Évole le preguntó si le hubiera dicho lo mismo si se la encontrase en persona:  «Una cosa es que un tuit te haga daño y otra cosa es verla físicamente, no le diría nada». 

Habla el primer condenado por injurias en redes a un cargo público

Otra de las famosas a las que Jordi Évole contrapuso con su agresor digital fue Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, impulsora de una sentencia pionera en España por insultos en la Red. El autor de los mensajes de odio fue Ximi, un catalán de 30 años, dibujante y dueño de una tienda de cómics, que en el 2012 organizó una campaña para insultar a la política, entonces delegada del gobierno de la Comunidad de Madrid, bajo el lema «cállate, puta, tu no tienes dignidad», en respuesta a la «represión policial» que él defiende que hubo durante las protestas por el primer aniversario del 15M.

Una iniciativa por la que Cifuentes lo denunció y lo convirtió en el primer condenado en España por injurias a un cargo público a través de las redes. «Quería que se sentara algún tipo de precedente, simplemente para decir no vale todo y si algo en la vida real es delito también tiene que serlo en la vida virtual» explicó ante Évole la política popular que entiende, eso sí, que la petición de cuatro años de cárcel para el joven, como su abogado reclamó inicialmente, le parecía «desproporcionada». «¿Cómo es posible que le pidan cárcel por llamarme puta cuando hay otros que me amenazan con pegarme un tiro?» explica Cifuentes quien aportó datos sobre el acoso masivo que sufrió: «Recibí una amenaza de violación contra mi hija»

La condena a Ximi se quedó finalmente en una multa y una indemnización: «Me dio un poco de pena, porque era un chaval muy joven, de la edad de mis hijos, y el castigo que estaba teniendo por haberme insultado iba a tener unas consecuencias graves. Lo que había cometido era básicamente un error», cree ahora la actual presidenta madrileña.

«Fue una acción política muy mal ejecutada», contesta Ximi que cree que «si en la cárcel hay sitio para alguien, no es para quien escribe en Internet». El catalán, que asegura que le gusta «provocar» y que «el odio es intrínseco y útil y hay cosas que merece la pena odiar, pero hay que controlarlo», aclara que «hay que odiar hacia arriba, el de abajo no merece tu odio, de ahí nace el machismo y la homofobia».

Cristina Cifuentes, a diferencia de Paula Vázquez, admite que retuitear a los que la insultan es un error. «Es alimentar el ego de esos trolls de manera desproporcionada».

Una idea en la que insistieron Juan Soto Ivars, experto en redes sociales, al hilo de otro de los tuits de odio más famosos de los últimos meses y mediante el que se le deseó a Inés Arrimadas una «violación grupal». El también escritor y periodista defiende que la líder de Ciudadanos en Cataluña «no midió la fuerza con la que estaba respondiendo al golpe que había recibido».

«Inés Arrimadas no tiene por qué lanzar a esta persona a un lugar donde esas mismas barbaridades se las van a decir a la autora de ese mensaje», justificó Soto Ivars. «Activó un sistema implacable de justicia paralela», concluyó.

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