«Gran Hermano 18»: La razón por la que la novia de Cristian F. fue este jueves a Guadalix

Miriam, la concursante gallega, se convierte en la tercera expulsada de esta edición en una gala marcada por dos tensos encuentros


Hugo creía que su comentario en última gala de Gran Hermano se había malinterpretado. Que la audiencia no había comprendido sus razones porque el público no llegó a escuchar todo lo que Cristian dijo de su novia, quien este jueves se desplazó hasta Guadalix para ajustar cuentas pendientes. ¿Qué fue lo que realmente dijo de su pareja el de Barcelona? ¿Fue tan grave como para que el uruguayo lo sacase a colación durante las nominaciones? ¿Tan fuerte como para recibir tres puntos? ¿Mostró el concurso la conversación completa a los espectadores o se guardó un as en la manga para echar más leña al fuego?

Lo que sucedió en Gran Hermano fue lo siguiente: un buen día Hugo, sentado en el jardín, escuchó a Cristian alardear ante media casa de sus relaciones sexuales: «Mi churri aguanta el tipo ahí... No veas si le mola. Yo acabo con toda la espalda arañada. Se engancha ahí y me encanta. A veces me hace sangre», relató orgulloso el catalán en una secuencia que, tras el jaleo, el programa mostró sin reparo alguno a los telespectadores, más perdidos que un pulpo en un garaje al escuchar al uruguayo nominar. Porque este, aprovechando el directo, argumentó los tres puntos que le clavó a Cristian de esta forma: «Voy a nominar sin estrategia, por principios, a nominar a Cristian F. aunque sé que no va a subir. El motivo es que hizo un comentario que es muy bajo como hombre para mí, y como no tengo contacto con él no tengo por qué decírselo en ese momento». A continuación, pasó a detallar las palabras concretas que oyó al vuelo. Y se lió parda.

Gran Hermano vivió entonces su primera gran bronca, con Cristian fuera de sí, increpando a Hugo por oportunista y cobarde: «¿Y aprovechas para decírmelo ahora? Sé un hombre y dímelo en el momento, a la cara, ¡eres un cagón!». La casa no vaciló en su respuesta. La mayoría -los más allegados al uruguayo prefirieron guardar silencio- condenaron la desafortunada valoración de Hugo y, especialmente, el momento escogido para hacerla: en pleno directo, con los ojos de millones de personas puestos en sus televisores y, por tanto, en su turno de palabra. 

Si todo fue una maniobra de Hugo o realmente supuso una declaración de intenciones para dejar claro qué tipo de persona es solo el afincado en Palma de Mallorca lo sabe. Lo que está claro es que su agarrada con Cristian instaló el mal rollo en Guadalix y supuso un antes y un después en la casa. Pero le salió bien. Expuesto al veredicto del público, salió airoso de las nominaciones, acaparando un porcentaje mínimo de votos que le devolvió pronto con sus compañeros y, sobre todo, confirmó que los espectadores respaldan su manera de hacer las cosas

Y Gran Hermano, por supuesto, no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de exprimir el conflicto. Debe levantar el vuelo, algo que le está costando no pocos esfuerzos en esta edición. Y qué mejor manera de hacerlo que derramando sal en la herida y hacerlo por partida doble.

Tras un tibio mensaje de Cristian a su chica que el programa emitió en el debate del domingo, y una más sosa que tímida reacción por su parte, Gran Hermano decidió mandar a Laura a la sierra madrileña para estrenar su sala de encuentros, un espacio de la casa hasta ahora inexistente y totalmente desconocido para los concursantes, concebido para poder reunirse entre ellos y mantener allí conversaciones en la intimidad, alejados de las cámaras.

Pero resulta que, saliéndose del guion, el programa inauguró este jueves su estancia estrella con alguien de fuera. El primero en encontrarse con Laura en la nueva sala fue Hugo, que tuvo que bajar las orejas y escuchar el rapapolvo que le echó la novia de Cristian en dos rápidos minutos. Él, en sus trece, se mantuvo en su postura. Y ella, muy digna, le explicó que hace lo que quiere y cuando quiere con su pareja, que él no es nadie para censurar las palabras de su chico cuando él mismo ha deslizado comentarios reprobables sobre otras mujeres de la casa.

El domingo, Gran Hermano explicó que se habían eliminado las partes «más subidas de todo» del vídeo de Cristian contándole a sus compañeros sus preferencias sexuales. La audiencia esperaban verlas este jueves o, al menos, asistir a la reacción de Laura, en directo, escuchando a su novio hablar de ella en el jardín. Pero no. El programa prefirió orquestar un segundo encuentro, entre la novia del guapo de esta edición y la tercera en discordia, Petra.

Era una opción barajada que Gran Hermano enfrentase a Laura y a Petra, a quien su marido dejó en directo por la especial relación que mantiene desde el primer día con Cristian y, especialmente, por su confesión. La de Mallorca no tuvo ningún inconveniente en reconocer delante de las cámaras que se sentía atraída por el de Barcelona. Desde ese mismo momento, su esposo dio por finalizado su matrimonio

Este jueves, Petra tuvo que pasar por el mal trago de entrar en el confesionario y toparse, de frente, con Laura. Descompuesta, mantuvo como pudo el tipo mientras la novia de Cristian, muy educadamente, le explicó la situación, le pidió que se mantuviese tranquila y le instó a entender que la pareja tenía una consolidada relación. Que lo mejor para ella era mantenerse al margen.

Al final de la noche llegó la sorpresa con un desacarado sorpasso en los votos, consecuencia de la actitud de Miriam durante estos últimos días con la concursante china. La gallega era el domingo la menos votada. Este jueves, cuando parecía que YangYang pasaría a la historia como la tercera expulsada de Gran Hermano 18, el público decidió darle una lección a la Ribeira. Y la echó de Guadalix. 

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