Socorristas a cámara lenta


Mentiríamos si dijéramos que conocíamos el salvavidas tipo torpedo antes de ver Los vigilantes de la playa. Hasta entonces, recién empezados los noventa, los referentes en hinchables playeros se acababan en el flotador formato donuts o en el más elaborado modelo con cabeza de pato. La serie ambientada en Malibú le descubrió al espectador la existencia de ese proyectil naranja que hoy prolifera por los puestos de socorro y, de paso, le abrió los ojos a otras realidades neumáticas que animaban a muchos las tardes de verano.

La historia de Mitch y su equipo, de la que todos se acuerdan ahora que ha hecho el tránsito de la televisión al cine, era simple: socorristas que, más que ocuparse de ahogamientos y torceduras, combatían el crimen y la delincuencia en la pose perfecta. Nadie hizo de ella una sinopsis más atinada que Joey y Chandler en Friends. Chandler preguntaba a su compañero de piso de qué trataba su serie favorita y este respondía con un preciso: «Socorristas». «¡Mira cómo corren!», exclamaba el novato al descubrir el trote a cámara lenta de sus protagonistas. «Sí, lo hacen mucho», zanjaba el amigo. La serie de David Hasselhoff acabó por convertirse uno de los vínculos más estrechos en aquel piso de solteros, donde la alarma del reloj de la cocina estaba programada a la hora en que empezaban las aventuras del arenal con más ajetreo de todo el Pacífico.

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