«Skam», la transgresora serie noruega que juega con los límites de la ficción y la realidad

La ficción involucra al espectador en sus tramas de una forma nunca antes vista: lo que sucede, sucede «en tiempo real», y sus protagonistas tienen perfiles sociales desde los que interectúan como si el personaje existiese en realidad


¿Y si las tramas de las series fuesen reales? ¿Y si sus personajes existiesen realmente y, tras terminar cada capítulo, pudiésemos continuar sabiendo de ellos, de sus relaciones, de lo que les pasa entre episodio y episodio, seguirles en Instagram, colarnos en sus conversaciones de Whatsapp? Se ejecuta sobre esta idea la original serie noruega Skam, todo un éxito entre los espectadores escandinavos que incluso ven alteradas sus rutinas diarias por asistir a los acontecimientos que trenzan la ficción. Porque la serie, emitida por la NKR, es ficción. No es real. No ficciona una realidad, no es un documental y nada tiene que ver con un espacio de telerrealidad tipo Gandía Shore, a pesar de que, como este, pero en un tono completamente distinto, recoge la vida cotidiana de un grupo de jóvenes. Las relaciones de los protagonistas de Skam son mentira, pero su transgresor formato involucra de tal forma al espectador que parecen reales. Que se sitúan en el límite entre lo imaginado y la realidad. 

¿Significa esto que su argumento está tan bien hilado que provoca un adicción casi enfermiza? ¿Que es carne de maratones como en su día lo fue Lost? Más que con el buen hacer de sus diálogos, de los perfiles de sus personajes o de las conexiones en sus tramas, su éxito se localiza en el hecho de formar parte, de implicarse. La televisión noruega emite cada viernes un capítulo nuevo de Skam, pero el resto de la semana sus protagonistas «siguen viviendo». La cadena publica vídeos entre episodio y episodio, fragmentos de acontecimiento relevantes en la intriga, conversaciones de Whatsapp entre sus personajes. Una vida que no existe, situaciones que ya están grabadas, pero que se van dosificando y emitiendo en tiempo real. Por ejemplo, si en el capítulo del viernes, Noora hace planes para el miércoles por la noche, ese día, a esa hora, se comparte un clip con lo que le sucede a este personaje.

Aclamada por la crítica noruega y con más de un millón de espectadores ya, la ficción afecta de tal forma a sus seguidores, especialmente a los adolescentes, que no son pocos los que ven justificado alterar sus hábitos diarios para no perderse ninguno de los momentos de las vidas de sus protagonistas. Hay quien incluso deja de ir a clase determinados días o pasa la noche en vela. Se sienten identificados con ellos, con un elenco de jóvenes que además ni siquiera son actores, sino chicos reales escogidos especialmente por esto, por ser capaces de expresarse tal y como lo haría un chaval noruego, sin que nada resulte forzado ni exagerado.

Sus tramas abordan temas como la relación de los jóvenes con las drogas, el sexo, la homosexualidad, la religión, los desórdenes alimenticios o las enfermedades mentales, rompiendo continuamente estereotipos. Y cada una de sus temporadas está protagonizada por un personaje distinto: la primera por Eva, la segunda por Noora y la tercera por Isak.

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