Hipnotizados


Desde que Uri Geller prometió en Directísimo que encorvaría las cuberterías de España con el poder de su mente y, décadas más tarde, insistió en amenazar con detener el reloj de la Puerta del Sol en Nochevieja, la hipnosis como espectáculo televisivo conserva su capacidad de encantamiento en la simple argucia de su nombre. Nadie se siente decepcionado si el mago Dynamo intenta convencerle de que puede caminar sobre las aguas del Támesis en un milagro de proporciones bíblicas. Tampoco se frustra al intuir que las barajas del mago Tamariz no pasarían el control de calidad de un casino. El reto de entrever, o no, el truco forma parte de la diversión.

En el show 1,2,3 Hipnosis, que estrenó Antena 3, muchos dieron por buenas las carcajadas a pesar de la obviedad interpretativa, pero otros se sintieron defraudados al descubrir que en el auditorio había actores, como si los verdaderos protagonistas del programa, famosos en nómina de la cadena, hubiesen prestado sus cuerpos gratuitamente a beneficio de la neurociencia. El presentador prometió, nada más arrancar, un programa «muy interesante, muy divertido y con muchas sorpresas» y eso es lo que ofreció: chistes, cámaras ocultas y famosos jugando a pasárselo bien en un show con un elaborado guion de prime time, como el de El hormiguero o Me resbala. El título sugestionó a algunos para esperar del programa más de lo que podía dar.

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