Buenafuente, codificado


Cuando se despertó, Buenafuente todavía estaba allí. El espectador ha dicho adiós ya muchas veces al presentador catalán para volver a saludarlo, poco tiempo después, en una nueva cadena y haciendo lo mismo de siempre. Buenafuente transmite la pasión de alguien que cree firmemente en un formato televisivo, el late night, y pelea por hacerlo funcionar en España tan bien como lo hace en EE. UU. En su última etapa en La Sexta, el peculiar prime time hispano y el yugo de la audiencia lo fueron relegando más allá de la madrugada, pero la televisión de pago de Movistar+ lo ha rescatado y le ha concedido sus deseos contantes y sonantes, incluido un horario fijo y europeo: un espacio de 50 minutos, que empieza a las once, con banda de música, «cortinas de las caras y suelo negro piano».

En un clásico plató art-déco, abrió su primer Late Motiv como si nunca se hubiera ido, con un monólogo hilarante sobre su presunto parecido con el president Puigdemont. Su primer invitado fue Almodóvar y marcó el listón del nivel que espera para sus invitados. Su mudanza de Barcelona a Madrid responde, entre otras cosas, a la intención de sentar en su sofá a grandes celebridades. El showman posee algo tan fácil y tan difícil como humor inteligente y sentido del espectáculo, contenidos poco cotizados que huyen de la dictadura del share y se reservan para quien los paga.

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Buenafuente, codificado