Pablo Iglesias y Albert Rivera, cara a cara con más forma que fondo en el «Salvados» de Jordi Évole

El debate atrajo poderosamente a la audiencia: 5.214.000 espectadores y un 25 % de cuota. Supuso un récord para el programa de La Sexta


Sin las presiones de un reloj, con la confianza de un bar de los de toda la vida y con Jordi Évole como gran maestro de ceremonias. Así se produjo el esperado encuentro entre los dos líderes de los partidos destinados a cambiar la escena política española en los próximos meses. Pablo Iglesias y Albert Rivera bajaron al ruedo de La Sexta para debatir sobre los apuros de España y el panorama que pretenden cambiar si llegan a la Moncloa. 

En el Bar Tio Cuco, situado en el barrio de Nou Barris (donde Podemos se alzó con el poder en las elecciones municipales y Ciudadanos venció en las autonómicas), se convierte en el escenario de un cara a cara muy alejado de la tradición. Sin los corsés impuestos por la indumentaria, al abrigo de un café con leche y sin ningún tipo de pacto previo comienza una charla entre dos adversarios que se atreven con todos los temas candentes de la actualidad española.

A pesar de la novedad en la puesta en escena, poco o nada sorprendió el trasfondo de la charla. Los reproches y los temas tratados siguen siendo los mismos que rodearon al nacimiento y posterior auge de las dos formaciones. Los contactos de uno y otro con la banca o con los poderes de Venezuela, la polémica renta básica o la nacionalización de empresas que han ocupado los programas de Podemos; y la creación del contrato único o el complemento salarial que llenaron los papeles de la formación de Rivera son las materias sobre las que giraron una hora larga de charla. Alguna anécdota quedó, como por ejemplo la sinceridad mostrada por ambos al ser preguntados si alguna vez habían pagado en negro: «Seguro que sí. En España es imposible no haber pagado algo en negro», coinciden.

Las relaciones con la banca fueron, quizás, uno de los mayores puntos de desencuentro entre ambos dirigentes. Y es que los halagos hacia Rivera profesados por el presidente de una de las grandes entidades bancarias del país supuso un foco de críticas por parte del líder de la formación morada. «Albert, ¿cómo es eso que te llame el presidente del BBVA?», era la pregunta que lanzaba el presentador, para la que rápidamente encontraba la respuesta de Rivera: «Yo no criminalizo a la gente en función de lo rica o pobre que es, tengo la suerte de poder reunirme con todo el mundo aunque discrepe en algunas cosas. A mí lo que me deja tranquilo es que somos el único partido de España que ha devuelto todos los créditos íntegramente a tipo de interés de mercado. A mí no me condonan los bancos como al PSOE y al PP, la deuda». Pablo Iglesias recoge el testigo dejado por Évole para lanzar una de sus críticas hacia el partido de Rivera: «Yo simplemente digo lo que dicen otros. Cuando el presidente del Banc Sabadell dijo 'hace falta un Podemos de derechas' yo no añado nada más. Que los espectadores juzguen'. Lo único que quiero decir es que nosotros tenemos muy claro a quién vamos a defender». «Yo también lo tengo muy claro. El problema es que tú criminalizas a parte de la población y yo no», sentenció Rivera.

Nacionalizar, o no nacionalizar, esa es la cuestión

Pocas sorpresas dejó el discurso de ambos cuando lo que se trata es la nacionalización de las empresas españolas. Rivera, en su línea, defendió en la mesa del Bar Tío Cuco la libre competición: «Nosotros no somos partidarios de fijar precios públicos en servicios, sino de que compitan y bajen».La postura de Iglesias, al otro lado de la balanza: «Yo digo depende. Si esas empresas asumen que hay competitividad, enconces no. Pero si usted lo que pretende es forrarse de dinero a costa de que haya gente que no tenga calefacción, yo les digo: 'hay una cosa que se dice Constitución española del 78 que dice: los poderes públicos, en aras del interés general, podrán asumir que ciertos sectores estratégicos de la economía podrán tener propiedad pública'».

Y frente a la opción de nacionalización de Podemos, Rivera ofreció otra postura: Si una empresa no garantiza el servicio básico, «multa del tribunal de la competencia, lo que hacen los estados modernos. No tiene sentido expropiar y hacer pública, como en Venezuela, una compañía».

Cataluña, un punto de encuentro, en algunas opciones

La negativa de una Cataluña independiente es un objetivo que, sorprendentemente, ambos han compartido. Nada que ver con la fórmula para conseguirlo. Muy alejados se mostraron en los caminos que tomar hasta llegar al punto de unión. Y es que mientras que Rivera ha abogado por reformar España y no romperla «reenganchando a los catalanes al proyecto común español» -y negándose a celebrar la consulta-; Iglesias saca pecho para afirmar que no tiene «ningún miedo a la democracia» y afirma que el no quiere que Cataluña se vaya de España, pero sí quiere un referéndum: «Nosotros nos comprometemos no solo a permitirlo, sino a promocionarlo. Y pediremos el sí a construir un proyecto juntos.  Los problemas políticos se resuelven democráticamente, no con imposiciones. Cuando el 80% de los ciudadanos catalanes han dicho que quieren decidir, seducirles no es prohibirles nada y decirles que van a romper España. Seducirles es decir 'votad, votad'. Y todo referéndum es vinculante; luego ya veremos cómo se puede articular eso constitucionalmente».

El mercado laboral, un reto

«Tenemos a un 30 % de gente trabajando y pobre. Proponemos que no haya diferencia entre contratos temporales e indefinidos, que desde el primer día se sea indefinido», son las palabras con las que resumió Rivera el calamitoso mercado laboral español, un problema sobre el que no solo el Gobierno tiene responsabilidad: «La patronal y los sindicatos sacan parte de los propios despidos». El resumen del discurso de Rivera fue claro. Él abogó por la creación del contrato único, una figura ante la que el líder de Podemos mostró reticencias: «Estoy de acuerdo en que el problema fundamental en España es la precariedad. Pero mucho cuidado, porque no conviene disminuir la capacidad de los trabajadores para tener condiciones mejores, que es lo que ocurriría con el contrato único». 

Frente a la propuesta de subir el salario mínimo -en torno a 750 o 800 euros- de Iglesias, Rivera propuso subir el salario digno con un complemento salarial, un plus que el líder de Podemos calificó como «limosnita» del Estado.

Jubilarse antes o después

La edad de jubilación sigue siendo uno de los temas candentes en ambas campañas. Mientras que Iglesias se mostró claro en su postura de bajarla «hasta los 63», Rivera se muestra cauteloso y aseguró que no se atreve a prometer nada: «La gente que sabe como funciona me dice que es prácticamente imposible bajarla tanto  y es mejor no prometerlo porque luego la frustración será mayor».

El Salvados más visto de la historia

Este peculiar «cara a cara» que protagonizaron Rivera e Iglesias fue seguido por 5.214.000 espectadores y batió un récord histórico al convertirse en el programa más visto de toda la historia de Salvados de La Sexta, según informa la agencia EFE. El debate obtuvo un 25,2 por ciento de cuota de pantalla.

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