«Juego de Tronos»: ¿Está Jon Snow realmente muerto?

Hipótesis y conjeturas que explican el pasado y se aventuran a pronósticar lo que les sucederá a los personajes de la saga 

Juego de Tronos

Se baja el telón. Cinco temporadas, cincuenta capítulos y una enmarañada madeja de personajes, lazos familiares, vínculos sentimentales y sed insaciable de poder que, en lugar de desenredarse, se aleja cada vez más de cualquier tipo de desenlace. En pleno meollo, en el nudo más congestionado de la historia, hay quienes, sin embargo, son capaces de ver la luz al final del túnel. Por delante, al menos dos entregas más de la adaptación audiovisual de Canción de hielo y fuego, un universo fantástico que George R.R. Martin empezó a dibujar en su cabeza en 1991. Veinticuatro años después todavía no tiene final. Mientras tanto y para hacer más llevadera la espera, repasamos las teorías más coherentes, las mejor armadas y argumentadas, sobre las tramas que vertebran la saga. Todas, sin spoilers confirmados -meras especulaciones- y sin información de los libros que no se haya mostrado al espectador.

¿Está Jon Snow realmente muerto?

El capítulo final de la quinta temporada se cerró con un golpe maestro: la muerte de uno de los grandes protagonistas de Juego de TronosUno de los favoritos. Uno de los héroes de la saga. A Jon Snow se lo cargan al grito de «Por la Guardia!», después de que el bastardo Stark se empeñase en arrastrar a sus colegas de la Guardia de la Noche a las tierras inhóspitas de más allá del Muro. Lo hizo con buena intención, pero le salió mal. Regresó con más salvajes, pero con menos cuervos. Y los más contrarios a su mandato aprovecharon la ocasión para asestarle un golpe mortal. Engañado por su pupilo Olly, Snow acaba siendo acuchillado por sus hermanos de juramento. ¿Se esfuma aquí el prometedor futuro del chico nieve? ¿Realmente está muerto Jon Snow?

Está muerto y bien muerto. Pero una sólida teoría le otorga a Melisandre -¿casualmente? de nuevo en el Muro- el poder de hacer regresar a Jon del más allá. En varias ocasiones, la Bruja Roja ha mostrado un sospechoso interés por Snow. Sabemos también que en Juego de Tronos algunos muertos, y no solamente los Caminantes Blancos, vuelven a la vida. Hablamos de un universo fantástico, en el que el uso de la magia está a la orden del día, en el que la gente puede encarnarse en otros rostros -como Jaqen H'ghar y Arya- y en el que las brujas son capaces de engendrar sombras con el poder de matar a humanos.

En la tercera temporada, Beric Dondarrion cuenta cómo ha resucitado varias veces después de convertirse a la religión del Señor de la Luz. En las novelas, además, hay otros personajes, que en su día fueron principales, que regresan como humanos al mundo de los vivos. Lo hacen, sin embargo, despojados de gran parte de su humanidad. Con menos sensibilidad, con menos compasión, con menos consideración. ¿Sería descabellado pensar que la sacerdotisa va a resucitar a Jon?

Aunque Melisandre todavía no ha resucitado a nadie hay otro factor a tener en cuenta: la conexión con los lobos huargos. Bran es un cambiapieles, capaz de trasladar su mente al cuerpo del lobo. ¿Y si todos los hermanos Stark lo son? ¿Y si Jon Snow hubiese escapado a Fantasma antes de pasar a mejor vida? A diferencia de la serie, los libros arrojan más luz sobre esta posibilidad. Inciden en las últimas palabras que dice Jon Snow antes de morir: «'Fantasma',susurró. El dolor lo invadió». En el caso de que, en el último minuto, Snow se hubiese mudado a la piel de su lobo, hay quienes defienden que su «resurrección» no será como la del resto de muertos que vuelven a la vida. Que Jon no habría perdido nunca su conciencia. Que Melisandre lo traerá de vuelta, pero no desde el más allá, sino desde el lobo. Es más, hay un momento en el que la bruja mira a las llamas y escucha el nombre de Jon Snow. Lo ve en el fuego. «Era un hombre; luego, un lobo; luego, un hombre otra vez», describe la novela.

R+L=J

Juego de Tronos

Hay en el mapa de Poniente un buen puñado de personajes dignos de admiración, algunos de naturaleza indiscutiblemente carismática y otros tan bien dibujados que, aún encarnando valores indignos, se cuentan entre los favoritos del devoto de Juego de Tronos. Jon Snow pertenece a este grupo privilegiado, junto a otras personalidades abrumadoras como la de Tyrion, Cersei o Daenerys. Su magnetismo es particularmente potente para el espectador porque su fachada noble, su conducta siempre intachable, su integridad y su recta moralidad no terminan de concordar con sus orígenes. El engaño. La traición. Una cana al aire de Ned Stark en algún sucio burdel. La única grieta de la relación más pura de todo Poniente, la de Eddard Stark y Catelyn Tully. La más transparente. Quebrada cuando el cabeza de familia volvió a casa con un bebé bajo el brazo, asegurando que era su bastardo, dispuesto a criarlo con el resto de su descendencia. Nadie, a este lado de las pantallas, se lo creyó. 

Nació entonces la siguiente teoría: Ned no es padre de Jon Snow. Es su tío. Su hermana, Lyanna Stark, esa de la que Robert Baratheon estaba tan locamente enamorado, esa que está representada como una estatua en una cripta bajo Invernalia, habría mantenido una relación con un Targaryen, el hermano mayor de Daenerys, un encuentro del que habría nacido el chico nieve. Pero la historia no es sencilla. Atentos:

Rhaegar Targayren y Lyanna Stark se vieron por primera vez en el Torneo de Harrenhal. Ella estaba prometida con Robert y él, heredero a la corona, casado con la princesa Elia Martell. El flechazo fue instantáneo. Rhaegar, ganador de la competición, se acercó a Lyanna para, ignorando a su esposa, coronarla como reina del amor y la belleza. Un año después, la joven Stark desapareció. La versión oficial dice que el príncipe Targayren la secuestró. La no oficial, que ambos se fugaron juntos. Después llegó la guerra. Y tras ella, Ned Stark encontró a su hermana pequeña dentro de una torre, sola y agonizando sobre una cama llena de sangre.

Lyanna le arrancó una promesa a Ned. «Prométemelo Ned», atormentaría al más honrado de los Stark durante el resto de sus días. ¿Qué fue lo que le prometió? ¿Por qué Ned nunca le ha desvelado a nadie, ni siquiera a su mejor amigo, la identidad de la prostituta, madre de Jon? ¿Qué hay detrás del trato protector de Ned con Snow? Y, ¿por qué Robert Baratheon sentía ese odio tan visceral hacia la casa Targayren? Sumamos, uno, más uno, más uno, más uno, y el resultado es que el nuevo Lord Comandante de la Guardia de la Noche no solo es un Stark, sino también un Targayren. Sobrino de la Khaleesi. Ojo al dato.

¿Es Tyrion de verdad un Lannister?

Los Targayren, que parecían pocos ellos, una especie en extinción con Daenerys como última superviviente, aparecen ahora hasta debajo de las piedras. Dando ya por sentado el linaje de Jon Snow, parece que, además, el bastardo Stark podría ser pariente lejano del Lannister enano. Expliquémonos.

En una de las profecías que ve la madre de los dragones aparece su hermano mayor Rhaegar -ese posible padre de Jon Snow- asegurando que «el dragón tiene tres cabezas». Tres dragones. ¿No son mucho para la reina del pelo platino? ¿Es posible que en lugar de un jinete haya tres? El primero sería ella; el segundo, el protagonista de las dos anteriores teorías -en caso de que la andadura de Snow no haya terminado aquí-. Y nos falta un Targayren. Todos los rumores apuntan aquí a Tyrion. Los que los defienden relatan que el rey Aerys Targayren -apodado el Rey Loco, padre de Daenerys y último Targayren en sentarse en el Trono de Hierro, antes de Robert- habría abusado de la esposa de Tywin Lannister, Joanna Lannister, convencido de su derecho de pernada. De esta violación habría nacido el enano. 

Esta nueva estirpe de Tyrion explicaría el evidente rechazo que sentía Tywin Lannister por él. Siempre decía que no era hijo suyo. ¿Y si lo decía de verdad? De la misma manera, justificaría la falta de escrúpulos del raquítico rubio a la hora de acabar, en plena letrina, con el cabeza de la Casa Lannister, Señor de Roca Casterly. De ser así, Tyrion saltaría directamente al árbol genealógico de los Targayren como hermanastro de Daenerys. Mismo padre y diferente madre. ¿Qué pasará, de ser así, cuando se encuentren los tres únicos Targayren que quedan vivos?

¿Quién es el Rey de la Noche?

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La primera vez que este escalofriante personaje apareció en escena fue en el episodio Guardajuramentos de la cuarta temporada. Aparecía entonces con un bebé humano entre los brazos. La segunda ocasión fue hace dos semanas, en el capítulo ocho de la temporada que acaba de expirar, cuando el ejército de los Otros irrumpió en plena asamblea de los cuervos y los salvajes. Discutían ellos sobre la conveniencia de mantenerse unidos cuando una densa niebla, acompañada de un abismal silencio, llamó a la puerta. Ahí empezó el espectáculo. Una tropa de espectros, capitaneados por el todopoderoso Caminante, masacró a cuanto bárbaro se le puso en el camino. La escena concluyó con este misterioso personaje desafiando, con su gélida mirada y en el más absoluto mutismo, a Jon Snow, mientras, al gesto de sus manos, los muertos se iban despertando uno a uno, levantándose a su alrededor, llenos de azul sus ojos. Vaticinando el peor de los inviernos.

Atando cabos, los seguidores más atentos de Juego de Tronos dieron con la identidad del capitán de los Caminantes. Con la supuesta identidad. Una de las historias que la vieja tata le contaba a Bran antes de dormir hablaba de un Stark, habitante de Invernalia, también llamado Brandom. Este decimotercer comandante de la Guardia de la Noche, al que la anciana nodriza describe como un temerario guerrero, se enamoró de una mujer de piel blanca como la luna, fría como el hielo y ojos como estrellas azules. ¿Era esa mujer una de los Otros?

Tras llevarla al Fuerte de la Noche -continuaba la historia-, Brandom la proclamó reina. Juntos gobernaron durante trece años, hasta que el comandante Stark fue derrotado -no dice asesinado, sino «derrotado»- por su propio hermano, el Rey del Norte, y el rey de Más Allá del Muro, rey del pueblo libre. Que el personaje que lidera a los Otros, ese que recibe a los bebés para convertirlos en engendros de ojos como turquesas, sea en realidad un Stark -o un descendiente- le da una nueva dimensión al lema de esta casa, Winter is Coming. Ellos saben, en el fondo, lo que viene. Como también lo ha sabido siempre, en el fondo -y aunque Ygritte insistiese en su ignorancia-, Jon Snow.

¿Quién es la «reina bella» que le arrebatará todo a Cersei?

La quinta temporada de Juego de Tronos arranca con un revelador salto al pasado. Una Cersei niña, con trazas ya de la fiera que algún día llegaría a ser, acude a la bruja Maggy la Rana para conocer su futuro. «Reina serás, hasta que llegue otra, más joven y bella, que te derribará y te arrebatará todo aquello que más quieres...». Primero desconfió Cersei de Sansa Stark. Movió unos hilos aquí, otros allá, y enseguida se quitó a la pelirroja de en medio. Por el cariz que han ido tomando ultimamente los acontecimientos en Desembarco del Rey, parece que ahora la gemela de Jamie considera que la reina de la que hablaba la profecía, tan joven y tan bella, no es otra que Margaery Tyrell. Pero, ¿y si tampoco fuera ella?

Sobre esta enigmática presencia que atormenta a Cersei hay dos grandes tesis. La primera apunta al otro personaje femenino al que se refieren los guionistas de la serie como «reina»: Daenerys. A su regreso a Poniente -si es que algún día consigue completar su interminable peregrinación-, la madre de los dragones estará en su pleno derecho de reclamar el Trono de Hierro. La segunda defiende que la gran amenaza de la Lannister es, sorprendentemente, Brienne de Tarth, la mujer caballero apodada Brienne «la bella». Por el momento, ya ha conseguido ganarse el respeto y el cariño de Jamie, una de las personas más cercanas a Cersei. ¿Que más podría arrebatarle?

Todavía hay más. Porque en la ficción la profecía se interrumpe en el momento más interesante. «Y cuando las lágrimas te ahoguen, el 'valonqar' te rodeará el cuello blanco con las manos y te arrebatará la vida», continúa entonando la bruja en las páginas de Canción de hielo y fuego. Ahí es nada. Que alguien va a matar a Cersei. Que lo va a hacer con sus propias manos. ¿Quién demonios es ese «valonqar»?

En el extinto idioma valyrio «valonqar» significa «hermano menor». He aquí la explicación de la paranoia permanente de Cersei con Tyrion. Ella cree constantemente que el enano quiere hacerle daño. Está obsesionada con que mató a su madre al nacer (la matriarca Lannister falleció en el parto), una teoría que se reforzó más tarde cuando Tyrion decide cargarse a su padre. Y, ahora, cree la leona, ella será su siguiente objetivo. Olvida la perversa soberana que hay otros hermanos menores. Que Tommen es también un hermano menor. No suyo, pero, a fin de cuentas, un hermano menor. A esta lista de los pequeños de la familia podemos sumar cientos de nombres, dispuestos a oprimir la yugular de la chica Lannister. Bran o Loras Tyrell, por ejemplo. ¿Y alguien se pregunta todavía el por qué del desquiciamiento de Cersei?

¿Quién es Azor Ahai?

Lo raro de Juego de Tronos es que algo de lo que se diga, como si fuesen palabras vacías, conversaciones de relleno, no guarde un significado oculto. Porque todo, absolutamente todo, tiene importancia. Las leyendas son metáforas; los cuentos para niños, profecías. Ni George R.R. Martin ni los guionistas de la ficción dan puntada sin hilo. De entre todas las predicciones de la historia de Westeros, hay una que vertebra especialmente la saga fantástica: la del Azor Ahai. Empezamos a escuchar hablar de ella en la segunda temporada, cuando un cometa rojo nos anunció la llegada de un héroe, que renacería en medio de humo y sal marina, blandiendo una espada de fuego para defender al mundo den enemigo de R'hllor -el Dios de la Luz-, el Gran Otro. A partir de entonces, esta suerte de mesías se ha convertido en una de las grandes tramas de Juego de Tronos

Melisandre, (aparentemente) obsesionada con que Stannis es el gran Azor Ahai, maneja todo el cotarro desde su privilegiada posición. Después de orquestar el asesinato de Renly Baratheon con una sombra engendrada por el propio Stannis como singular sicario, le convence para sacrificar a su propia hija. Él ni siquiera rechista. Le ciega el poder. Los sensuales susurros de la sacerdotisa. La gratificante sensación de sentirse el elegido. Y ejecuta el dictado que más ampollas ha levantado en esta tanda de episodios. Pero, ¿y si el Baratheon no es el Azor Ahai?

Una rama de la gran familia de seguidores de Juego de Tronos lo tienen clarísimo: o es Daenerys, o es Jon Snow. La primera nació en el exilio, en Rocadragón, en medio de una tormenta y del humo de la guerra. Renació más tarde de la pira funeraria de Khal Drogo. De nuevo, el humo. Su espada en llamas sería uno de sus dragones.

Las conjeturas sobre el segundo tiene que ver con las palabras de Melisandre cuando mira el fuego: «Pido al Señor de la Luz una visión de Azor Ahai y lo único que me muestra es nieve». Muchos han interpretado esta referencia como una revelación. Creen que el enviado será un snow, un bastardo. Lo más coherente es que sea, entonces, Jon. Pero hay quienes miran de reojo hacia Ramsay Bolton, también hijo ilegítimo. El último episodio no hace más que confirmar estas teorías y desinflar la de Stannis. Cuando sus hombres empiezan a desertar y el Baratheon se ve superado por las tropas de los Bolton, Melisandre da media vuelta y regresa al Muro. ¿Habrá cambiado de favorito la bruja?

Daario Naharis, un hombre sin rostro

De toda las suposiciones, esta es la que menos se sostiene, pero también la más curiosa. Hubo un momento en el que, de repente, los responsables de Juego de Tronos hicieron un descarado cambiazo en uno de los actores. Si creyeron que no nos daríamos cuenta cuando el hipermusculado Ed Skrein, más propio de un póster de la Súper Pop que de las intrigas de Westeros, dejó de ser Daario Naharis y, en su lugar, apareció en pantalla Michiel Huisman, con ese atractivo canalla mucho más masculino, estaban equivocados. Pero ¿responde este intercambio a problemas de agenda, producción o cualquier otro altercado personal relacionado con ambos intérpretes o a exigencias del guión? De los más imaginativos surgió una simpática versión: el capitán de la compañía mercenaria Cuervos de Tormenta, convertido en fiel consejero, gran conversador y compañero de cama de Daenerys, es en realidad uno de los hombres sin rostro. Como lo leen. 

Es cierto que a este personaje se le da un especial protagonismo en la serie, por lo que no resultaría extraño que escondiese una personalidad relevante para la trama. Los que barajan esta posibilidad ya le han buscado identidad a Naharis. Los más creen que se trata de Euron Greyjoy, tío de Theon, Rey de las Islas del Hierro. Los menos, que es el hermano de Ned Stark, Benjen Stark. ¿Recuerdan? Aquel tío de Jon Snow que se perdió entre la maleza nevada cuando fue a combatir a los Caminantes Blancos y nunca más volvió. 

Hay además otro vínculo entre Daario Naharis y los hombres sin rostro. En un momento de la serie, el personaje repite la frase que Jaqen H'ghar le dice a Arya Stark cuando le regala la moneda al despedirse. «Valar Morghulis». «Todos los hombres deben morir».

Daenerys, mala malísima

¿Qué pasará al final? ¿Habrá un hielo y un fuego, tal y como sugiere el título de la saga? ¿Quién será entonces el hielo y quién el fuego? Con el cierre todavía sin sellar -es posible que ni siquiera Geoger R.R. Martin sepa aún como resolver cada trama ni cómo consumar su grandiosa obra-, hay teorías para dar y regalar. Una, potente e interesantísima, destaca entre todas ellas. Asegura que no será Khaleesi quien, a lomos de sus dragones, salve Poniente de los Caminantes Blancos, sino que la gran batalla final se librará entre Daenerys (fuego) y una alianza entre los Otros y Jon Snow (el hielo). De ser así, de enfrentarse los dos grandes héroes de Juego de Tronos, ¿quién sería el villano? ¿lucharán el bueno contra el bueno? ¿llegará incluso a surgir el amor entre ambos aunque el destino les obligue a enfrentarse? Ya lo vio la madre de los dragones en sus visiones: el salón del Trono desierto. Cubierto por la nieve.

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