Jordi Évole expone el fraude que se esconde tras los cursos de formación en España

«Si en un curso había inscritas 15 personas, asistían cinco y a la Administración se le ocultaba que faltaban 10», relata una de las entrevistadas


Jordi Évole y su «Salvados» han vuelto a conquistar las audiencias españolas. Después del éxito conseguido la semana pasada, en el que cinco millones de espectadores se sentaron frente al televisor para ver la entrevista al líder de Podemos, Pablo Iglesias; las cifras de este domingo han vuelto a demostrar que esta temporada «el follonero» promete hacer mucho ruido.

Un 13,7 % de los espectadores se decantaron por el espacio de investigación de La Sexta, en el que se hizo un repaso sobre algunos de los más llamativos casos de corrupción en España, centrándose en el fraude en los cursos de formación.

«Parados y defraudados» ha investigado los cerca de 2.100 millones de euros que se invierten en los cursos de formación españoles. «Los cursos se evalúan por cuántas personas están trabajando, no por cuántos trabajan con algo relacionado al curso. Se gastan unos 2.100 millones, y el control solo se hace en cuanto a que el dinero realmente se gasta, no en cuanto a la eficacia de ese gasto», comenzaba relatando Beatriz, una de las responsables de los cursos del Inem, quien además añadía: «Esos 2.100 millones se pagan, la mayor parte, a través de una cotización en nuestra nómina, y las empresas además pagan una parte adicionalmente. Solo 300 millones los pone el Estado a través del fondo social europeo».

Las declaraciones de Paco, uno de los formadores que imparte cursos para parados desde el año 1988, iban en la misma línea. Y es que este profesor aseguraba haber visto impartir cursos de fontanería con fotocopias. Preguntado por Évole si creía que había dinero que se perdía antes de llegar a los cursos de formación, las palabras de Paco fueron todavía más alarmantes: «Todo lo que peleamos aquí, la gente se lo lleva crudo. No hay papel higiénico para limpiarlo». Ramón, exformador de parados, fue sin duda uno de los que destaparon de forma más escandalosa el fraude que se esconde detrás de esta formación: «El curso en sí no se puede decir que sea fraudulento, pero sí que había ciertas irregularidades para conseguir más dinero que luego no se empleaba en lo que tocaba. Se facturaban 50 y se negociaban 20; eso quiere decir que se pagaban 20 al formador y los 30 restantes se los quedaba la empresa».

Lucía, una de las profesoras de Extremadura que prefiere permanecer en el anonimato denunciaba que el director del centro la acompañaba al banco a cobrar mi nómina y se quedaba una parte, mientras que Sonia, formadora madrileña, aseguraba que si en un curso había inscritas 15 personas, asistían cinco y a la Administración se le ocultaba que faltaban 10. «Se sabía cuándo iba a venir el inspector y se llamaba a familiares, amigos...para que se hiciesen pasar por las personas. No se pedía el DNI para comprobar las irregularidades», añadía esta mujer.

Dinamarca ha sido el espejo en el que Jordi Évole ha querido comparar nuestro sistema, uno de los países que menos corrupción registra en el mundo. Iván S. Pasarín, que actualmente está en paro, explicaba a Salvados cómo funciona el Inem de allí: «Si no haces dos o tres solicitudes de empleo a la semana, te quitan el subsidio por desempleo. Es así de sencillo». Por su parte, Reyes Sánchez, consultora que lleva un año y un mes trabajando en una empresa danesa, cuenta su experiencia en el país: «Me cogieron en un trabajo en el que no estaba del todo formada. Me pagaron un curso de tres meses de formación en la universidad, ¡y en horario laboral! Otra persona realizaba mi trabajo mientras tanto».

La entrevista estrella del programa, la de Mogens Lykketoft, presidente del Parlamento de Dinamarca, aseguraba a Évole sentirse extrañado con la tendencia de dar ruedas de prensa sin preguntas: «La finalidad de las ruedas de prensa es que te hagan preguntas, ¿no?». Otra de las llamativas respuestas del político danés es la que ofreció a Évole al ser preguntado sobre si colocaría a algún familiar suyo como asesor. «No claro que no. Pocos políticos han aprovechado su cargo para enriquecerse en Dinamarca».

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