Costumbrismo «typical» gallego


El pueblo de Serramoura, aunque ficticio, podría existir en cualquier parte del interior de Galicia. Es una de esas villas orgullosas de vivir de cara a la naturaleza y de espaldas al ritmo acelerado de las ciudades, donde todo el mundo se conoce y las noticias vuelan como la pólvora. Pero, detrás de cada puerta nadie sabe realmente lo que pasa. Los guiños a ese imaginario rural, en el que se reconocen la mayoría de los gallegos, consiguieron arrancar las primeras carcajadas en el preestreno y acelerar la empatía hacia los personajes de la historia. Y, como en toda pequeña localidad, no falta un cacique y enfrentamientos entre familias. En este caso, los Soutelo y los Fiuza luchan por el control del negocio maderero. Estos últimos son dueños de toda la villa salvo del aserradero, en manos de los otros, que luchan por mantener una empresa a pique.

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