Pesadilla en la cocina: Chicote reconcilia a dos hermanas en el Nou Set de Premiá

El chef ejerce de psicólogo en un restaurante de un club de tenis mal gobernado y lleno de tensión


La Voz / Redacción

El último Pesadilla en la Cocina fue todo un reto para Alberto Chicote. Y no porque hiciera falta desparasitar el local -como ocurrió en el madrileño La Zapatería la semana pasada- o porque alguien intentara agredirlo o insultarlo -al menos un par de veces la primera temporada-, sino porque tuvo que ejercer de psicólogo para reconciliar a dos hermanas -Mª Ángeles «la pija» y Dámaris «la choni»- que se llevaban fatal dentro y fuera del restaurante.

Chicote desembarcó en el club de tenis de Premiá de Mar para descubrir el Nou Set, un local sin alma y sin gobierno. Tenía ante sí un reto extra. Había que reflotar el restaurante. Y había que encauzar en tiempo récord la sucesión de la jefa. Mª Ángeles estaba embarazada. A punto de salir de cuentas. Y no tenía claro quién podía dirigir los destinos del restaurante en su ausencia.

Chicote descubrió que el personal del Nou Set era familiar, pero mal avenido. Además de las dos hermanas estaban César, pareja de Mª Ángeles; Marta, una amiga de Dámaris, y la cocinera Gloria, que le tiró los tejos al chef desde el minuto uno. «Tiene unos ojos muy bonitos», dijo del televisivo cocinero, al que invitó «a venir a mi casa». Este no correspondió a sus amores y se puso manos a la obra: organizar el local y mejorar el terrible ambiente laboral que se respiraba en el restaurante.

Chicote averiguó que en el Nou Set las croquetas caseras solo lo eran de nombre, porque lo «ponían en el envase». Y que las mesas no estaban numeradas, las comandas se identificaban poniendo apodos a los clientes. Logró que limpiaran la máquina de cortar, pero no consiguió que le explicaran lo que eran algunos conceptos del menú. Ante el caos típico de una nueva Pesadilla en la cocina, tiro de un experto en gestión de sala, Paco Patón, para que les diera una «masterclass» en atención al cliente.

Hacía falta más. Mucho más. Una nueva bronca en un caótico servicio vigilado por Patón en sala y por Chicote en cocina lo demostró. Había que reconciliar a Mª Ángeles y Dámaris. El cocinero tuvo que quitarse su traje de faena de Agatha Ruiz de la Prada y ponerse el de psicólogo. Lo hizo bien. Llevó a las dos hermanas a un paraje natural, las arengó e hizo que se hablaran y se escucharan. Funcionó. Lloraron. Se abrazaron. Y fueron trending topic.

Restaurada la confianza entre las dos hermanas y designada sucesora Dámaris, tocaba reflotar el local. Chicote tiró del recetario habitual en Pesadilla en la cocina: remodelación estética del local y nuevo menú. El personal del Nou Set quedó encantado, pero cuando llegó la hora de relanzar el restaurante surgieron los problemas.

Gloria se bloqueó en la cocina. No daba pie con bola y Chicote le tumbó varios platos mal ejecutados. Dámaris -en su recién estrenada responsabilidad de jefa- intentó animarla, pero el chef le dijo que no les diera «mimitos», sino que fuera exigente. El consejo fue acertado. Se rompió el bloqueo. Y el servicio salió adelante.

Poco más hay que contar del programa. Chicote se marchó contento. Hasta se permitió hacer un guiño al ochentero Equipo A con un «me encanta que los planes salgan bien» y un extracto de la banda sonora de la serie. Salieron bien. Al menos en cuanto a audiencia. Pesadilla en la cocina obtuvo ayer 2.455.000 espectadores y fue el tercer espacio más visto del día con una cuota de pantalla del 12.8 %.

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