No es lo mismo


Al ser humano le cuesta un mundo adaptarse al cambio. En cuanto lo sacan de casa, enseguida saliva recordando la tortilla hogareña y añora recostar la cabeza en su propia almohada. Al espectador de televisión, como humano que es, le sucede lo mismo. Si le mueven su programa favorito se desubica, se extravía, se dispersa. Solo así se entiende que títulos que fueron bombazos de audiencia en La Primera pasen sin hacer ruido por las privadas que los adoptaron.

Amar es para siempre sigue amando, pero de forma discreta, por las sobremesas de Antena 3 y La noche de José Mota despidió esta semana su primera temporada en Telecinco como víctima de estos vicios adquiridos. O quizá no. Hay quien asegura que en TVE se juega con ventaja por ser la primera en el mando y quien atribuye la mala suerte de Mota a que no competía en su supuesto hábitat natural, la noche del viernes. Pero resulta difícil de creer que un fichaje millonario, como es el caso, solo pueda funcionar un día.

La causa por la que el exhumorista de Cruz y Raya no ha logrado cuajar en una cadena que suele triunfar con el humor sigue siendo a estas horas un complejo enigma para los expertos televisivos. Para muchos, sin embargo, el verdadero misterio que está aún por aclarar es su exorbitante éxito anterior.

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