«Mad Men», ha nacido una estética

Las pasarelas se rindieron a las tendencias vintage de principios de los 60, las marcas de maquillaje lanzaron ediciones limitadas inspiradas en sus barras de labios y coloretes, los cócteles volvieron a convertirse en nuestra bebida favorita

Betty

Redacción

Consiguió elevar a profesión de culto la publicidad, mostrando su mejor perfil, los brillos, la elegancia, la clase del Nueva York de los años 60. Y con ella volvió la sed de lo retro, las tendencias vintage se instalaron en las pasarelas y de ellas directamente a los armarios. Si durante un tiempo la fuente de inspiración de los figurines de a pie de calle fue la serie Sexo en Nueva York, Mad Men se hizo con las riendas del buen gusto rápidamente en cuanto puso un pie en la pequeña pantalla.

Floreció de golpe la predilección por la estética americana de mediados de siglo, por los colores pastel, los vestidos de vuelo y cintura entallada, la vuelta del hombre como un perfecto caballero. Y a todos, de repente, nos encantó la idea de ser sofisticados.

Ellas comenzaron a querer parecerse a las impecables secretarias de las oficinas de Madison Avenue, con su perfecto carmín en los labios y las ondas inalterables y bien marcadas en sus melenas. Bajó el largo de las faldas -que suavizaron los colores, se asentaron en la cintura y algunas hasta se plisaron-, reaparecieron los cuellos camiseros, las blusas abotonadas hasta la asfixia, menguaron los tacones y los estampados se salpicaron de flores. Ya lo anticiparon Prada, Louis Vuitton y hasta Dries Van Noten en sus desfiles la pasada temporada y lo hicieron oficial iconos como Kirsten Dunst, Elle MacPherson o Laetitia Casta en sus habituales apariciones públicas.

Y ellos -porque el magnetismo Mad Men no es solo cosa de faldas-, aunque nunca lo reconocerán, también empezaron a querer ser como Don Draper y todo su séquito. Tener la capacidad de sonreír a medias, fumar desganadamente con hondas caladas, saber controlar los silencios y, sobre todo, enfundarse en un traje con su innata e intensa elegancia. El hombre Mad Men es un triunfador intachable, enigmático y admirado, un auténtico gentleman. ¿Quién no querría parecerse a él?

Aprovechando el torbellino evocador de aquella mágica época, las marcas comenzaron a lanzar al mercado colecciones especiales, ediciones limitadas y líneas de complementos con guiños retro. La tienda de ropa Banana Republic firmó una colección Mad Men, que además contaba con Jon Hamm -Don Draper en la serie- como protagonista de su campaña publicitaria; Estée Lauder creó, solo para Estados Unidos, una mini línea de maquillaje compuesta por dos piezas al más puro estilo Betty Draper -una barra de labios en color Cherry con un acabado satinado y color cereza y un colorete en el tono Evening Rose-, con su coqueto packaging del momento; Nina Ricci diseñó una colección otoño-invierno 2010-2011 repleta de zapatos, bolsos de mano y gafas de clara inspiración sesentera, al igual que Prada, con sus abrigos tres cuartos, la franela y el cashmere. Incluso Barbie y Ken cambiaron su look en el 2010 y se pusieron en la piel del matrimonio Draper, sin olvidar el boom de los libros de publicidad o las guías sobre cócteles. Para rizar el rizo, la revista Newsweek sacó el lunes un número especial, volviendo a su diseño de hace 50 años, en el que incorporó incluso anuncios publicitarios especialmente adaptados a la estética retro de la época.

Pero, así como en Cuéntame vimos pasar a la familia Alcántara de los vestidos de flores y pantalones de campana a las cazadoras de cuero y el pelo cardado, los años también han pasado para Don, Joan, Betty y Peggy. Tras cinco temporadas los protagonistas de Mad Men se han hecho mayores. El año 66 da los primeros pasos, avanza la segunda mitad de la década, y el tiempo, que no solo dibuja arrugas y cierra heridas, revoluciona el estilo de vida americano, que tiene su reflejo más directo y fiel en la evolución de las modas.

A partir de este domingo las pestañas de las chicas Mad Men serán más espesas y sus faldas más cortas. El color de sus conjuntos se intensificará y puede que incluso juegue con los estampados psicodélicos. La herencia de Jackie Kennedy se traducirá en una predilección por los vestidos de tubo y las blusas más holgadas, que marcarán el pulso estético de la nueva etapa a la que se enfrenta la ficción.

En cuanto a los chicos, es probable que sus trajes de sastre dejen de ser tan rígidos, que el blanco y negro comulguen con otra gama de tonos un poco más amplia y que las corbatas se ensanchen ligeramente. El corte de pelo seguramente también evolucionará, siguiendo la estética Beatles, y se hará más desenfadado dejando atrás los cortes inflexibles por encima de las orejas.

Pero si hay un personaje en el que de verdad se notará lo rápido que cambió el mundo durante aquellos (maravillosos) años, esa será Sally Draper, la hija del protagonista que, convertida en una rebelde estudiante adolescente, reflejará en su estética una dirección completamente opuesta a la que estamos acostumbrados a ver por los pasillos de Sterling, Cooper, Draper & Price.

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