Los clásicos cerraron la edición más ecléctica del Festival Celta

El certamen se clausura con nuevo respaldo histórico de visitantes de toda Europa El desfile de bandas mañanero logró que, pese al cansancio acumulado, las calles se volviesen a llenar


ferrol

Pecando de frivolidad, puede decirse que al Festival Internacional do Mundo Celta de Ortigueira le pasa exactamente lo mismo que a cualquier fiesta de pueblo: el último día, el del broche de oro, es también el que saca a la calle y sube al escenario a esos clásicos que nunca fallan. Sólo así se entiende que, pese al cansancio acumulado por tres días de fiesta ininterrumpida, en la villa ayer volviese a lucirle el pelo a la juerga. Y, a la sazón, que importase poco que una buena porción de los más de 100.000 visitantes que aglutinó la vigesimosegunda edición del certamen folk más potente de España -la policía da esas cifras y habla ya de un nuevo respaldo histórico del público- comenzasen a abandonar la tierra de la aureola folk. El repaso a los clásicos empezó de mañana. Mientras que la carretera se colapsaba con los coches de quienes, apurados por un lunes de trabajo, abandonaban el refugio ortigueirés, en las calles la sonora percusión de las escuelas de gaitas no dejaba lugar a una mañana bajo las sábanas. El tradicional desfile, muy seguido por vecinos de la villa vestidos de fiesta, logró reunir a ocho formaciones. Estuvieron las bandas de Vila de Gijón, la Bagad Beuzeg de Bretaña, la de Ladrido, la Dominic Graham School, la de San Antonio de León, la de Verín, la Annsborough Pipe Band y los locales de la Escola de Gaitas de Ortigueira. Al son de su música, una elocuente nativa del municipio anfitrión del certamen advirtió de que «tocan ben, pero do que máis se falou, como todos os anos, foi deses irlandeses que veñen sempre coas saias... coa calor que vai aquí». Casi imposible resumirlo mejor.Pero el tradicional domingo no quedó ahí y, por la noche, desembarcaron en Ortigueira grupos que, por unas o por otras, no se escapan del calificativo de clásicos. El ritual empezó con uno de los gallegos que mejor conocen los gustos del certamen, Berrogüetto, y siguió con Four Men and a Dog. La guinda la pusieron los consagrados bretones de Gwendal. Así se cerró la más ecléctica e internacional edición del festival. Arriba y abajo. Si no, a ver cómo se explica que ayer, en las despedidas de los amigos íntimos hechos en tres días, el «lo siento pero me voy» de la Venegas le robase el sitio a cualquier buena pandereitada.

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