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14 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.ERA previsible que las teles de ayer abrieran sus informativos con el esqueleto calcinado del edificio Windsor que en la madrugada del sábado al domingo rememoró el fantasma de las Torres Gemelas, con la diferencia de que el incendio fue fortuito, no se vino abajo como aquéllas y tampoco causó desgracias personales. El tremendo accidente no fue inmediato en buena parte de las televisiones. Lógico, era fin de semana y suelen quedar en servicios mínimos por una simple cuestión laboral. De hecho, TVE todavía tardó en tomarse en serio lo que al principio se creía un incendio en uno o dos pisos, aunque después fue que más tiempo le dedicó el domingo. Una vez más, las imágenes de primera hora y por eso las más frescas, se debieron a videoaficionados colados muy cerca de la «zona cero» cuando todavía no se montara el dispositivo de seguridad. Acordonada la zona, las teles se limitaron a largar tiro sobre las llamas a considerable distancia o bien a mostrar el gentío expectante en las calles próximas. Un espectáculo en vivo y en directo que no se da todos los días, claro. Con todo, lo que son las cosas, la ficción audiovisual todavía gana a la realidad ya que con ayuda de los efectos especiales, nos metemos en las llamas, sentimos el calor... Informar sobre el incendio real de un edificio puede ser la cosa más aburrida. Da para unos minutos, después se hace rutina. Como ayer lunes.