INTERFERENCIAS | O |

10 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

CUANDO DICES que muchos de esos hombres y mujeres que asoman a los informativos de televisión ejercen de bustos parlantes, de rostros inexpresivos, cibernéticos, como envidiosos de los papagayos, son los primeros en mosquearse. Pero es que poner a otro tipo de gente, al parecer incomoda. Sobre todo a quienes ocupan los despachos. Culpan de esas presencias a la propia audiencia. Se curan en salud argumentando que una chica mona o un señor atractivo, «vende» más y mejor. O sea, culpable la parroquia, por rara... Como el tema es espinoso y encubre asuntos de mayor calado, vamos con él. Rosa María Mateo, veterana, quizá la periodista con mayor carisma icónico de cuantas conforman el panorama televisivo español, se va de Antena 3. Perdón, la echan. Cosas de lo mal que anda la cadena y la tele en general. Cuando Rosa informaba, su rostro se convertía en apéndice de la información. Un cambio en el tono de voz, una pausa, un movimiento de cejas, cualquier gesto invitaba a la complicidad con el espectador. Pero además, detrás de su persona hay una trayectoria, una experiencia vivida que hace creíble la información. Sobran «perchas» emparentados con la ornitología, y faltan comunicadores fiables. Quedan muy pocos. A la señora Mateo le sobrará a donde ir. Quien lleva las de perder es Antena 3. Eso seguro.