INTERFERENCIAS
31 mar 2003 . Actualizado a las 07:00 h.ES EVIDENTE que la guerra que nos televisan desprende un fuerte olor a sospecha. Generalistas, privadas, digitales o canales internacionales, no acaban de limpiarse la sensación de una censura, impuesta o asumida, pero está claro que prensa y radio van por delante pese a los esfuerzos de sus corresponsales, que la mayor parte de las veces han de entrar telefónicamente. Nos hurtan los muertos con uniforme. Por supuesto que no es un espectáculo a echar de menos, pero birlar a la opinión pública esas imágenes (salvo excepciones muy aisladas), incrementa lo que casi todo el mundo sabe: que esta guerra es una metedura de pata por muy túzaro que sea el dictador Sadam, al que Alá confunda... El Pentágono prioriza las imágenes de su sofisticada maquinaria militar, porque cada cadáver de marine merma la popularidad de Bush. Irak oculta a sus muertos uniformados para evitar la desmoralización, priorizando a las víctimas de los bombardeos, con lo cual el papel del canal Al Yazira queda en entredicho en cuanto a objetividad. Hubo un atentado contra un puesto norteamericano con cuatro muertos y apenas vimos la chatarra ocasionada por la explosión. Al parecer, cientos de soldados regulares iraquíes fallecieron en una de las primeras ciudades conquistadas (o liberadas , depende), pero no hay imágenes de la tragedia. Tal como están las cosas, con un paseo triunfal que ya no lo es y los suicidas al acecho, en poco tiempo las teles habrán de recurrir al archivo. Al final se confirma lo sabido, que la televisión es otra arma a la que todos quieren controlar. Y en medio, los espectadores.