LA NOTICIA está en la guerra, hecho dramático con toda la relevancia para focalizar sobre ella las cámaras, los informativos, y hasta la casi totalidad de las parrillas si fuera necesario. Comprensible, tampoco es para darle la espalda. Pero en apenas 48 horas es imposible sacarse de encima una cierta sensación de tele sobresaturada. Idénticas (y muy limitadas) imágenes, una y otra vez, ante las que no puedes evitar pensar si alguien no te la estará pegando. Recuérdese la guerra del Golfo y lo que después supimos: testimonios manipulados, cifras falseadas sobre muertos, secuelas terribles.Nos contaron una sarta de mentiras porque la opinión pública es muy incómoda, como mosca cojonera, cuando su cauce discurre por donde no conviene a los intereses de quien promueve el conflicto. Desde la caída del primer tomahawk sobre Bagdad, millones de ciudadanos del mundo tomaron las calles para mostrar su unánime sentimiento en favor de la paz. Manifestaciones espontáneas que apenas encontraron reflejo en algunas televisiones, y casi el silencio en otras. En esas calles no estaba la noticia, o quizá no convenía que las cámaras mostrasen esa repulsa porque actuaría de revulsivo para que otros ciudadanos se sumasen. Analistas y entrevistadores procurando explicar lo que es inexplicable porque las bombas son lenguaje de intolerancia y opacidad. Pero se regatea la palabra paz. Sabemos que el Pentágono hará lo imposible para que se vean a sus muertos, y si Al Yazira lo hace, pocas teles las emitirán. Se quiere vender la idea de un paseo triunfal, silenciando el clamor de la paz. Levante la mano quien no esté harto de esto...