INTERFERENCIAS

10 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

MEG RYAN releva a Nicole Kidman en El Corte Inglés. Sorprende la elección de una actriz que no pasa por sus mejores momentos profesionales (e incluso personales), y que carece del tirón de hace unos años, sobre todo a raíz de su affaire pasional con Russell Crowe en la olvidable película Prueba de vida, hace un par de años. Meg respondía al arquetipo tan hipócrita en la sociedad norteamericana, de la fidelidad con sonrisa dentrífica, y se la pegó a Dennis Quaid (esposo-de-toda-la-vida), con el tosco australiano que es Crowe, el general romano de Gladiator . Y no se lo perdonaron. Sus películas comenzaron a ser «veneno para la taquilla» y el actual fulgor de su estrella equivale a una bombilla de 60 watios. Como son los paisanos de Bush, qué barbaridad. En los 90 disputó a Julia Roberts la condición de novia de América, esas cosas tan del tío Sam, y que a este lado del océano cuesta horrores entender. Realmente Meg es chica normalita, como Julia otro tanto (el cuerpo que lucía en el cartel de Pretty Woman, era Cindy Crawford...). Ocurre que el cine tiene estas cosas, configura rostros y vende perchas como parte de su parafernalia orientada a invitar al público a soñar a base de ilusiones ópticas. Con Algo para recordar , la ex de Quaid cargó las pilas a millones de espectadores complacientes por su aire de vecinita guay y enrrollada, de ojos encandilantes y bonitas pestañas, pero poco más. Ahora regresa para invitar a renovar el vestuario de primavera. Suena injusto que su caída de popularidad se deba a algo tan libre como la elección de pareja. Equivocó las maneras. Con todo ¿A que Nicole soporta mejor un primer plano?