Once directores reúnen en un filme una mirada polémica sobre el 11-S

Íñigo Domínguez VENECIA | COLPISA ENVIADO ESPECIAL

TELEVISIÓN

Ken Loach, Sean Penn y Claude Lelouch brillan en Venecia con la película colectiva «11-09-01» Dos productores franceses hacen en un año la primera cinta sobre el atentado

06 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Un tema tan descomunal y aún cercano como los atentados del 11 de septiembre tiene tal potencial dramático y político que es asombroso cómo no ha amilanado a dos productores franceses que han reaccionado con agilidad e inteligencia y, en menos de un año, han completado un encomiable filme colectivo. 11-09-01 es la fecha, el título y la duración de once cortometrajes encargados por Jacques Perrin y Nicolas Mauvernay a otros tantos directores de distintos países y que constituyen una valiente y sentida reflexión sobre la tragedia. Once puntos de vista, desde Irán, India y Burkina Faso a Francia, Israel o Bosnia-Herzegovina que hacen comprender con nitidez cómo lo que ocurrió aquel día se sintió en todo el mundo, pero no de la misma manera. La cinta se estrenó en la Mostra de Venecia y la atmósfera que quedó en la sala fue de una intensa carga emotiva universal, de solidaridad humana, pero también de un debate. Ken Loach, con un alegato crítico, y Claude Lelouch, que condensa la tragedia en la vivencia personal de una sordomuda, brillan por encima de la media junto al único norteamericano, Sean Penn. El actor y director firma una pieza hermosa y conmovedora protagonizada por el legendario Ernest Borghine. Políticamente incorrecto Sean Penn, con la responsabilidad de ser la voz de EE UU desde el sufrimiento, construye diez minutos poéticos sobre la muerte y la esperanza en un cuartucho de Manhattan. Será interesante comprobar el efecto de la película en su país, si encuentra distribuidor, ante la incorrección de algunos puntos de vista, porque son voces nuevas y no habituales tras un año de saturación informativa. El filme, por ejemplo, comienza con unos refugiados afganos de Irán que construyen un refugio para los bombardeos. Todas las visiones comparten el dolor, pero la mayoría van más allá de la emoción y el homenaje a las víctimas, y entran en el terreno de la opinión. Este simple paso, superar la condolencia, ya puede sembrar perplejidad en EE. UU. y más aún si luego comienza a oír cosas que le pueden sonar a un ajuste de cuentas. El jueves seguramente fue difícil ser un norteamericano sentado en la oscuridad de la sala de cine del Lido al comprobar cómo el mensaje más duro, el de Ken Loach, fue el más aplaudido. El británico deja hablar a un chileno que escribe una carta a las víctimas de las Torres Gemelas. El protagonista comparte su dolor porque recuerda el suyo. Loach acusa a EE. UU. de acabar con la libertad de Chile al organizar el golpe de Pinochet y llega a superponer las palabras de George W. Bush en televisión cuando tras el 11-S anunció una guerra en defensa de la libertad. Esa especie de «bienvenidos al club», decir al pueblo estadounidense que no existe sólo su dolor, es la nota común en varios episodios.