MIGUEL ANXO FERNÁNDEZ CRÍTICA DE CINE
01 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.DIME QUE NO ES VERDAD EE UU. 2001. Director: J.B.Rogers. Actores: Heather Graham, Chris Klein, Orlando Jones. Comedia. Duración: 95 minutos. EL ASUNTO. Guilly Noble contrata a un detective para que encuentre a su madre. Mientras, se enamora de una chica y descubre que ambos tienen la misma madre... EL DIRECTOR. J.B.Rogers se inició como ayudante de los hermanos Farrelly. «Dime que no es verdad» es su primer filme. Lo peor para un crítico es comprobar cómo, aún poniendo a caldo a una película junto a la unanimidad de sus colegas, el público pasa por caja a dejar sus duros. El cine de los hermanos Farrelly, por ejemplo, que a este paso podrían crear una franquicia. Se la pegaron con el cayo malayo Yo, to mismo & Irene, y ahora regresan como productores. Entra en cuarta semana con muy buenas cifras en España. El éxito de Algo pasa con Mary se les subió a la cabeza y lo que en un primer momento saludamos como aporte de irreverente frescura a un género en declive, víctima de la caótica simpleza teen, que los adolescentes norteamericanos devoran, ahora se destapa como puro fraude, incapaz de renovar nada. Lo que tienen de trasgresores acaba resultando cargante, como una empanada de imposible digestión simplemente porque no logras llevártela a la boca por mucho que aclimates tu estómago. Al basarlo casi todo en la componente escatológica, que siempre da juego si se practica con inteligencia, a poco que se excedan en el gag acaban por chafarla. Le toca el turno a la sacrosanta familia, institución en permanente contradicción en su país, pero a la que se utiliza como banderín de cruzadas varias cuando se considera oportuno. Pues aquí van a por ella sin piedad y con la entusiasta colaboración de la veterana Sally Field. Es una señora con una vida sentimental un tanto azarosa. Se cruza en la vida de un joven cuya obsesión es encontrar a su madre. De la búsqueda viene el follón. Lo mejor, sin duda, es lo relativo a los secundarios. Lo peor es que la historia resulta previsible y que no hay manera de reírse salvo que lo hagas sin ganas. Pero, por fortuna, no dirigen los Farrelly.