Los «chicos de oro» de la televisión

«El método Kominsky», candidata al Globo de Oro, refuerza la tendencia de las plataformas de «streaming» de dar visibilidad a las grandes estrellas de mayor edad

Arkin y Douglas exploran la amistad enal tercera edad en «El método Kominsky»
Arkin y Douglas exploran la amistad enal tercera edad en «El método Kominsky» Netflix

redacción / la voz

Las chicas de oro descubrieron en los ochenta que el culto a la juventud no era una condición imprescindible para entretener y crear una serie de referencia en la historia de la televisión. Las plataformas de streaming están recuperando el espíritu de aquellas cuatro compañeras de casa, mayores y sin pareja, que rompieron con todos los clichés de la abuela tradicional y demostraron que las mujeres mayores también pueden divertirse y ser irreverentes.  

Las nuevas series están brindando de nuevo una oportunidad a los actores a los que el cine parece haber descartado por cuestiones de edad con personajes que se atreven a explorar más allá de los clichés asociados al proceso de cumplir años y quedarse reducidos a un decorado para lucimiento de los intérpretes más jóvenes.

Si en el drama Ray Donovan, el octogenario John Voight en su papel de padre del protagonista se reveló como un personaje central de la serie, la tragicomedia Transparent marcó un hito al situar a Jeffrey Tambor en el terreno de la transexualidad en la tercera edad. Del mismo modo, Maggie Smith hizo de su condesa Violet en Downton Abbey uno de sus papeles más memorables.   

Netflix rescató el discurso de Las chicas de oro con Grace y Frankie, la serie que puso de nuevo de moda a Jane Fonda a sus 80 años y que ya ha alcanzado su cuarta temporada en la plataforma. Su relato es el de dos divertidas mujeres, encarnadas por Fonda y Lily Tomlin, que deben reinventar sus vidas en solitario cuando sus respectivos maridos anuncian que son gays y son pareja.  

Fonda y Tomlin protagonizan «Grace y Frankie»
Fonda y Tomlin protagonizan «Grace y Frankie» Netflix

Chuck Lorre, creador de comedias como Big Bang Theory y Dos hombres y medio, ha recuperado esta idea para trasladarla al terreno masculino con El método Kominsky, ocho episodios disponibles en Netflix que, poco después de su estreno, acaban de conseguir tres nominaciones al Globo de Oro. Una de ellas corresponde a mejor serie en el apartado de comedia. Las otras dos son sendas candidaturas para sus protagonistas, Michael Douglas y Alan Arkin, que encarnan a dos viejos amigos que afrontan, entre el humor y la melancolía, la realidad propia de hacerse mayor. Una de las bazas de la serie para conquistar a la prensa extranjera de Hollywood, que otorga estos premios, ha sido sin duda el carácter endogámico de sus numerosas referencias al mundo del cine y de lo que supone ir envejeciendo en ese contexto en concreto.  

Michael Douglas encarna a Sandy Kominsky, un actor veterano para el cual su agente de siempre (encarnado por Arkin) ya no consigue ningún papel, por lo que se gana la vida como profesor de interpretación para un grupos de estudiantes jóvenes y desnortados.

La química de ambos antagonistas, y sin embargo amigos, es el eje central de una ficción que aborda con una mirada cómplice y transgresora cuestiones como la muerte, la soledad, las dolencias, las relaciones personales o la dificultad para adaptarse a los rápidos cambios de la tecnología.

En una escena, el arisco agente Norman Newlander (Arkin) vuelve a ver en televisión después de varias décadas el final de la película Cocoon y deja constancia de su nuevo punto de vista ante la vida: «Es algo completamente distinto cuando estás en ese grupo de edad».

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