Prueba: Samsung QLED Q95T, el televisor que pende de un hilo

Un único cable, delgadísimo y translúcido, que incluye la alimentación, sale de la pantalla. Cuenta con resolución 4K, 2.000 nits de brillo y tecnologías de imagen y sonido con inteligencia artificial


La cifra de ventas de televisores QLED tiene un peso cada vez mayor en el mercado español, lo que demuestra que somos uno de los países más consolidados en el segmento audiovisual. La Ultra Alta Resolución ya está plenamente asentada y Samsung ha hecho este año la apuesta más fuerte en el sector 4K con los modelos Q60T, Q75T, Q80T y Q95T, que abarcan desde las 43 hasta las 85 pulgadas. Hemos tenido la posibilidad de probar la serie tope de la gama, la Q95T, en su versión de 65 pulgadas, que tiene en la imagen y el sonido sus pilares fundamentales.

El primero de estos apartados está encomendado a un panel Direct Full Array Plus HDR2000, que mejora la intensidad de los colores y la nitidez en los detalles gracias a la iluminación trasera, mostrando negros profundos y blancos puros. Esto se mantiene independientemente de dónde estemos sentados, ya que el ángulo de visión es muy amplio. Es un panel con 2.000 nits de brillo -la potencia lumínica siempre ha sido uno de los puntos fuertes del QLED frente a otras tecnologías como los diodos orgánicos OLED- y que puede reproducir el 100 % del volumen de color. El resultado es inmejorable siempre que visionemos contenidos en alta definición (Full HD como mínimo) y realmente impactante cuando son en 4K, dada la diagonal de la que disponemos.

Obviamente la pantalla no sirve de nada sin un procesador a la altura y ahí encontramos el Quantum Processor 4K, con un algoritmo que contribuye a ofrecer imágenes más claras, ajustar el brillo de la pantalla y adaptar el sonido al espacio y al contenido en reproducción. Este chip utiliza rutinas de inteligencia artificial y permite un Modo Juego que mejora la latencia de entrada cuando conectamos una consola o disfrutamos de alguna de las plataformas de gaming online.

Los nuevos televisores QLED 2020 de la marca coreana incorporan innovaciones como Adaptive Picture, tecnología que analiza en tiempo real la luminosidad ambiental, de acuerdo con las características del contenido, para ajustar el brillo y otros parámetros del televisor optimizando su calidad de imagen. Además incorporan el Object Tracking Sound+ (OTS+), que mejora sustancialmente el sonido espacial del televisor, consiguiendo una atmósfera envolvente.

La conectividad es otro aspecto que Samsung considera una parte esencial dentro de la experiencia de los usuarios, especialmente la unión con los dispositivos Galaxy. A través de Tap View resulta muy fácil conectar el smartphone al televisor, y con Multi-View aquellos que estén habituados a utilizar otros dispositivos mientras ven la tele podrán clonar su dispositivo móvil, escogiendo entre 14 diseños diferentes de visualización.

Una de las primeras opciones de configuración es elegir cuál de los múltiples asistentes de voz -Amazon Alexa, Bixby o el asistente de Google- queremos utilizar para acceder a servicios como los titulares de las noticias, el clima y el contenido favorito mediante comandos de voz.

Pero si hay un aspecto que nos ha ganado definitivamente es el sistema One Connect: todas las conexiones del televisor están en una caja separada, que se puede llevar adonde queramos, mientras que de la pantalla sale un único cable, delgadísimo y translúcido, que incluye la alimentación. De esta forma podemos situarlo en una pared sin que una maraña de cables salgan de la carcasa trasera.

El diseño es totalmente minimalista, con un finísimo marco metálico que recorre todo el borde de la pantalla, y la peana incluida apenas ocupa espacio (34 x 28,5 centímetros), siendo totalmente estable. El precio oficial son 2.499 euros (1.999 euros la versión de 55 pulgadas), con regalo de 200 euros hasta el 28 de octubre, y con el Servicio Samsung a punto tenemos entrega, instalación en pared y configuración totalmente gratis. De todas formas configurarlo es de lo más sencillo, ya que una vez conectado solamente pide la conexión wifi y con el móvil, y seguimos todos los pasos a través del smartphone, incluyendo la sintonización de canales.

Mención aparte merece el mando a distancia, con un acabado de aluminio cepillado y muy pocos botones, además de un ingenioso sistema deslizante para esconder las pilas.

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