Los expertos cuestionan las medidas europeas para atajar las «fake news»

Relativizan la influencia de Facebook, el Big Data o los algoritmos en las elecciones


redacción / la voz

Las noticias falsas o fake news han provocado un efecto colateral en forma de intervencionismo de los gobiernos en la información. Alemania ya tiene una regulación en vigor que afecta a las grandes redes sociales (exige un responsable último de todo lo que se publica y la posibilidad de censurar mensajes); Macron ha propuesto aplicar algo similar en Francia en los períodos electorales, y en España se baraja seguir el mismo camino. De momento son sanciones administrativas o multas, sin penas de prisión como ya ocurre en Malasia, pero a los expertos les plantean muchas dudas. Este fue uno de los ejes del debate Comunicación y Democracia, celebrado este viernes en la Facultad de Informática de A Coruña, en el marco de la Mobile Week.

El catedrático de Derecho Constitucional y ex ministro de Justicia Francisco Caamaño reconoció que «las fake news son altamente peligrosas para las democracias liberales», pero cuestionó «quién determina qué es verdadero o falso, los medios, los gobiernos...», y puso un ejemplo palmario: «Casi todo lo que dicen los programas de los partidos electorales son fake news». Caamaño recordó que la Comisión Europea aprobó el pasado 28 de julio un código de conducta que insta a las compañías tecnológicas y de comunicación a autorregularse y establece una noción de ‘desinformación’ que no incluye la publicidad engañosa, la sátira, la parodia o los comentarios partidistas.

Amparo Alonso, catedrática de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la UDC, coincidió en que «definir qué es falso es complicado: las medias verdades también son fake news, igual que los artículos que en realidad son opinión». Explicó que con la Inteligencia Artificial los bulos se pueden propagar a una velocidad mayor, pero desmitificó escándalos como el de Cambridge Analytica y su encuesta en Facebook para predecir la tendencia política de la gente de cara a las elecciones estadounidenses: «Pensar que los algoritmos son omnipotentes y pueden hacer cualquier cosa no es verdad», señaló, y recordó que «las fake news ya las inventó Orson Welles con La Guerra de los Mundos».

Kiko Llaneras, fundador del grupo de debate académico Politikon, también rebajó la influencia del Big Data usado por Trump y Obama. «No sabemos cuántos votos cambiaron realmente, solo tenemos hipótesis», aseguró. Pidió cautela y más escepticismo por parte de la opinión pública: «Los efectos de la publicidad personalizada en Facebook son menores de lo que pensamos. Tendemos a pensar que los demás son muy influenciables y nosotros no», declaró.

Guillermo López Taboada, confundador y director de Torusware (una spin-off de la facultad coruñesa que utiliza el análisis de datos para detectar noticias falsas, entre otros fines), denunció que «somos capaces de pagar por cualquier campaña de crowfunding, pero no por periodismo de calidad». También incidió en esta idea la reportera de El Mundo Paula Guisado, quien puso como ejemplo la cada vez mayor colaboración entre redacciones internacionales y la puesta en marcha de proyectos de investigación globales. «Pero esto -dijo- cuesta dinero». Julio Montes, de la web Maldita.es, que destapa bulos, afirmó que «quien hace contenido falso no es periodista», y planteó una disyuntiva: «¿Somos los que más consumimos desinformación o los que más conscientes somos de que leemos fake news?». Montes calificó a WhatsApp de «agujero negro de la desinformación» y animó a verificar los mensajes. «Siempre le decimos a la gente: comprueba. Hay que educar, alfabetizar y crear esa duda, no todo lo que llega es cierto».

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