El desapego

David Bonilla

RED

Hugo Tobio

Trabajar en remoto no implica tener que trabajar separados, sino poder hacerlo donde y cuando queramos

13 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace un par de semanas, un tarugo me envió un texto que le había mandado «un amigo» por si quería publicarlo. El autor prefería que se publicara de forma anónima, porque trabaja en una gran corporación -curiosamente, igual que el tarugo que me envió- y no quería que una situación «inventada» pudiera herir sensibilidades. 

He decidido publicarlo porque refleja una situación que va a ser muy común en muchas empresas en la Nueva Normalidad post-pandemia y, también, porque saca a la palestra los sentimientos y sensaciones del trabajador-medio. Sentimientos y sensaciones que suelen ser ignorados. Para identificar mis aportaciones del texto original, el mismo irá escrito en cursiva. 

Marzo 2020. Todos a casa. Los que desempeñamos una actividad laboral que pueda realizarse desde casa comenzamos a teletrabajar (que no trabajar en remoto) aprovechando la conexión casera, la silla de la cocina y la relativa tranquilidad (si no tenías criaturas que atender). Piensas: «Bueno, esto será cosa de dos o tres semanas, no parece que vaya a ser difícil gestionarlo».

Junio 2020. Parece que el confinamiento empieza a aflojar. Han sido más semanas de lo esperado, finalmente acabaste comprando la famosa silla de IKEA que todo el mundo recomienda en Twitter y aprovechas para preparar un poco más tu zona de trabajo en casa por lo que pueda pasar ya que no te fías de cómo pueda venir el resto del año. Estás hasta el gorro de intentar conciliar el soporte en clases online del colegio de tus hijos con tu trabajo. En el equipo se va notando el desgaste de no vernos más allá de la pantalla. Compruebas sin demasiada sorpresa que algunos jefes sin la presencialidad no saben liderar ni coordinar tareas. Hablan sin parar en las reuniones online, pero escuchan poco y sospechas que la carga de trabajo está «ligeramente descompensada» en el equipo, lo cuál te irrita puntualmente. 

Diciembre 2020. ¡Que acabe este puñetero año de una vez! Estás saturado de tantas reuniones por Zoom, mails con peticiones para hacer cosas sin conocer el motivo, explicaciones de un minuto por teléfono porque te tienes que unir a otra reunión en la que no sabes el motivo de tu asistencia ni el tema a tratar, ¡como pollos sin cabeza!. Alucinas con que tu dirección no haya tenido ni una reunión de equipo más informal - aunque sea virtual - como hacías en años anteriores para socializar. Tus compañeros cada vez te parecen gente más lejana y notas cierta sensación de soledad, como si fueras una pieza más en una cadena de producción que no conoce el sentido de su labor. Lo preocupante es que no eres el único que lo siente así, por lo que has oído. 

En algún momento del 2021. La empresa te indica que volveremos a la nueva normalidad gradualmente, haciendo turnos para respetar distancias y combinando el trabajo en la oficina con el trabajo en remoto. Sinceramente ya tienes ganas de poder tener trato presencial con tus compañeros, hay ciertas tareas que en presencial funcionan bastante mejor aunque piensas que el modelo mixto es el ideal, independientemente del motivo por el que arrancó esto. Aprovecharás para volver a estar con el equipo y limar asperezas con los roces naturales originados al no poder hablar las cosas con un café. Estás deseando saber qué medidas habrán estado planteando en la empresa para recuperar esa conexión entre todos y sentir de nuevo la famosa cultura de empresa. 

En algún momento del 2021 + 3 meses. Ves compañeros que miden su hora de entrada y salida con cronómetro, revisando al detalle los días que pueden trabajar en casa. Se percibe más individualismo y notas una escasa implicación sobre un objetivo de grupo, actuando como meros autómatas ante las tareas asignadas. Poco a poco vas viendo como la nada lo va engullendo todo hasta que empiezas a olvidar la ilusión con la que entraste en esta empresa hace ya unos cuantos años. ¿Será hora de actualizar tu perfil en LinkedIn?  

Quizá esta pequeña historia se parezca mucho, poco o nada a lo que has podido vivir en los últimos 18 meses. Sin embargo, creo que muchos (probablemente si trabajas en una gran empresa) pueden sentirse bastante representados cuando ven que esta nueva situación laboral no ha traído aparejada una revisión sincera sobre qué hay que hacer para mantener la cultura y los valores de empresa y lograr que el famoso engagement del empleado vuelva a sus niveles o incluso se aproveche la coyuntura para incrementarlo.

Personalmente creo que el desapego o desarraigo en las empresas puede ser uno de los principales problemas a los que éstas van a enfrentarse, después de todo lo que nos ha tocado aguantar durante 2020 (y 2021). A nadie se le escapa que la tristeza, la soledad, el estrés o la depresión son -desgraciadamente- sentimientos comunes en este periodo y, en gran medida, transforman la manera a la que nos enfrentamos a nuestra vida laboral.

Las empresas han dotado de tecnología a sus trabajadores para que puedan hacer su trabajo desde cualquier lugar y en cualquier momento pero, ¿se han preocupado de conocer cómo se encuentran anímicamente? ¿Que sigan sintiéndose parte de un equipo y un proyecto común? ¿Qué pasará si no es así?

Spoiler: la gente más valiosa se largará en cuanto la recuperación económica se asiente.

Quizás leas este texto y pienses «menudas obviedades», pero si por casualidad trabajas en una gran empresa y estás en un área de RR.HH. o gestionas un equipo, quizás encuentres útiles las siguientes propuestas. Cuanto mayor es la compañía en la que se trabaja más probable es que sus valores se difuminen en el día a día como lágrimas en la lluvia: 

  • Fomenta la participación: el desapego está directamente relacionado con la sensación de exclusión del proyecto/empresa en la que está la persona. Con pequeñas acciones que den espacio y tiempo a los empleados en temas en los que tengan interés (desde un grupo en la Intranet en el que se hable de la estrategia a implementar por la compañía; a organizar un concurso de tortillas concebollistas vs. sincebollistas), poco a poco ese desapego irá disminuyendo al sentirse parte de un grupo de nuevo.
  • Refuerza la comunicación: La ausencia de tiempo en la oficina con el resto de compañeros durante muchos meses ha podido hacer mella en la comunicación de los objetivos de una manera global y efectiva para todos, quedándose el empleado simplemente en la parte que “le toca” y sin tener una visión total del proyecto en el que está. Dedica un tiempo a fomentar esa comunicación aunque el proyecto lleve un tiempo arrancado. Conseguirás que los integrantes del equipo se sientan parte del puzzle y no solo una pieza.
  • Más transparencia: Si antes era importante, ahora parece imprescindible si queremos trabajar de manera eficiente. En modelos de trabajo en remoto o semipresencial la información debe ser accesible para que tu desempeño no dependa del lugar en el que estés trabajando.
  • Genera diálogo: Es un must abrir debate para definir la estrategia en cuanto a una nueva línea de trabajo, organización del equipo o simplemente exponer puntos de vista (incluso hasta en la gran empresa). El día a día en estos meses nos ha podido desenfocar. Vuelve a pedir que se active el espíritu crítico (y constructivo), es el mayor valor que puede tener un equipo.
  • Detecta líderes: Si algo ha hecho esta pandemia en el mundo laboral -aparte de poder trabajar en camisa, corbata y calzoncillos- es ayudar a identificar quien tiene cargo de jefe-líder por méritos propios (inspira en el equipo, tiene empatía, comparte visión, delega y empodera al resto, etc.) y quien lo tiene por otros motivos. Es tiempo de líderes, no de jefes. Solo los primeros podrán motivar a los empleados que han perdido el sentimiento de equipo.

El comentario del «pesao» de siempre

No tengo ni idea de en qué compañía trabaja el autor anónimo, pero apostaría por una en concreto. En cualquier caso, los retos que plantea no son exclusivos de empresas grandes. En Manfred apenas somos 23 y tenemos los mismos. 

Me alegra ver que las acciones propuestas son las mismas que hemos adoptado nosotros, pero implementarlas solo es un primer paso, al llevarlas a la práctica surgen otros retos. Por ejemplo, nosotros celebramos unas «cervezas virtuales» todos los viernes, pero es difícil conseguir que la gente se anime a participar y evitar que la conversación sea monopolizada por los mismos de siempre. 

A lo planteado por nuestra «garganta profunda» añadiría una última propuesta: trabajar de forma presencial -aunque sea solo una parte del equipo- todo lo que se pueda. Aunque se haya dicho hasta la saciedad, nunca está de más recordar que trabajar en remoto no implica tener que trabajar separados, sino poder hacerlo donde y cuando queramos. Para luchar contra el desapego como empresa, quizás podríamos empezar por asegurarnos de que nuestros empleados desean trabajar juntos siempre que puedan; y poner todas las facilidades para que puedan hacerlo. 

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