La conciliación son los abuelos

Marta Sánchez

RED

02 jun 2021 . Actualizado a las 00:24 h.

Como siempre a finales de mes, la Bonilista acoge a una firma invitada. En esta ocasión, tenemos el placer de contar con Marta Sanchez, «sospechosa habitual» del ecosistema estartapil con amplia experiencia a ambos lados del atlántico.

La brecha de género que la pandemia convirtió en un cráter

Barcelona, 2014. Las semanas posteriores a la venta de Ducksboard a New Relic, pasaba mis días formando al nuevo equipo de soporte que se haría cargo de la herramienta, y mis noches intentando explicar a dos incrédulas ejecutivas de San Francisco las leyes laborales de nuestro país. Y porqué la empresa tenía contratados dos seguros de salud por empleado (léase, la cuota de la seguridad social y el seguro privado de salud). Súmale un IPO, el último trimestre de mi segundo embarazo y un niño de dos años, y si te quedan dedos en la mano esas son las horas que quedaban para organizar la mudanza a Portland. Unas semanas antes del vuelo, google maps en mano, escribí a varias escuelas infantiles cercanas a las oficinas de New Relic para programar visitas. 

Las pocas (muy pocas) que me respondieron, lo hicieron para facilitarme su lista de espera, acompañada de comentarios tan esperanzadores como «Currently, we are operating off of a pretty extensive wait list. I don’t for see any openings for about 16 months from now, and that is my best guess». Una de las escuelas incluso nos ofreció apuntarnos a una lista de espera para entrar en la lista de espera. Otra nos emplazó a contratar los servicios de una empresa, una suerte de bróker de guarderías que cuál oráculo de Delfos, sabe qué centros tienen plazas disponibles y por un módico precio, están dispuestos a compartir esa información contigo. 

En ese momento plantarnos en Portland y abrir una guardería nos parecía la idea del milenio. No sabíamos entonces lo roto que estaba el mercado, capaz de fallar por igual a familias, niños y cuidadores. En 33 de los 50 estados el coste de la escuela infantil es mayor que el de la universidad y muchas grandes ciudades son child care deserts, con un ratio de tres o más niños para cada plaza de educación infantil disponible. La mayoría de las familias no pueden asumir este coste, los profesores cobran unos sueldos que apenas les permiten vivir, y los centros no están exactamente amasando dinero.

De hecho, la situación financiera de muchos era tan precaria, que no han podido soportar los cierres en la pandemia y han desaparecido del mapa, constriñendo aún más una oferta ya escasa. Sin opciones asequibles, las familias tienen que elegir entre gastar una fortuna en cuidado infantil o reducir sus horas de trabajo, una situación que termina expulsando a muchas madres del mercado laboral. 

El porcentaje de mujeres trabajando en Estados Unidos es hoy el más bajo desde 1988. Las madres han renunciado a promociones, registrado niveles más altos de estrés y menos flexibilidad laboral y en última instancia han dejado sus trabajos para cuidar de sus hijos. 

La situación es tan extrema que hasta se habla ya de un «Plan Marshall» para las madres, una iniciativa promovida por Girls Who Code y anunciada a página completa en el NY Times con una carta abierta al presidente Biden, firmada por un grupo de 50 mujeres de diferentes perfiles: escritoras, actrices, empresarias, activistas… seguida de una carta abierta al congreso, publicada en el Washington Post

Esta situación no es ajena en España, y es que aquí ya se ha calculado que fruto de la pandemia, una de cada cuatro mujeres ha renunciado su trabajo, en parte o todo, para dedicarse al cuidado de los hijos.