La aplicación de Philip

David Bonilla

RED

Hugo Tobio

Cuando por fin encontré la «aplicación definitiva» para mejorar mi productividad, descubrí que la historia de su desarrollador era mucho más interesante

19 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Uso la Técnica Pomodoro para mejorar mi productividad desde hace casi 15 años y suelo probar todas las aplicaciones que caen mis manos -tanto gratuitas como de pago- para ayudarme a practicarla.

El 99 % es mierda pura, temporizadores glorificados, con más o menos gracia, pero hace unos meses descubrí una aplicación en la que todo parecía tener sentido. Así que, después de usarla unas cuantas semanas, me pasé a la versión de pago y aun sigo usándola todos los días.

Cada dos semanas, un tal Philip enviaba un correo anunciando las mejoras y nuevas funcionalidades. Nunca se me ocurrió pensar quién estaría detrás, pero la aplicación estaba tan currada -y el ritmo de actualizaciones era tan frecuente y consistente- que siempre pensé que contaba con un equipo completo.

Por eso, cuando el 7 de diciembre del año pasado, Philip anunció el lanzamiento de la versión 1.7 y, también, que había decidido dar un salto de fe, dejar su trabajo a tiempo parcial para centrarse durante tres o cuatro meses en su aplicación -con la esperanza de que esta acabara de generar suficientes ingresos como para dedicarse únicamente a desarrollarla- aluciflipé y lo escribí.

El chico estaba rozando con los dedos el sueño húmedo de casi todo programador: crear un side project relacionado con algo que te guste y que acabe reportándote beneficios suficientes como para poder dejar de trabajar y dedicarte en exclusiva a mantenerlo.

Philip no solo me contestó, sino que me dio datos e información de todo tipo sobre el desarrollo Session, del que se pueden extraer valiosas lecciones. Esta es su historia.

Philip siempre había quería estudiar Diseño, pero su padre no creía que con eso pudiera ganarse la vida en Yakarta, así que, se matriculó en Marketing porque creía que era lo más cercano que podría encontrar dentro del mundo de los negocios.

En 2016, cuando acabó la carrera, un amigo le propuso que se fuera a trabajar con él a la startup que había fundado. Philip se encargaba del diseño, pero el desarrollo se externalizó a una consultora. Le frustraba de tal manera que la implementación de sus ideas fuese tan lenta que acabó aprendiendo desarrollo frontend de forma autodidacta para intentar incrementar la velocidad de ejecución.

En cuanto se dio cuenta de que la programación le había dado el superpoder de hacer realidad prácticamente cualquier cosa que se le ocurriera, empezó a darle vueltas a un side project basado en la metodología GTD, que tanto le había ayudado en la universidad. En 2017 lanza Contextual, pero finalmente abandona el proyecto porque aun no tenía los conocimientos técnicos necesarios para llevar a cabo su visión: no sabía cómo hacer que la aplicación web funcionara en modo offline, ni que se sincronizara en tiempo real, ni tampoco que fuera lo suficientemente rápida.

Después de ese primer intento, Philip se pasó tres años trabajando como freelance para clientes de todo el mundo hasta que consiguió ahorrar 100.000 dólares, una suma considerable en España y un auténtico fortunón en Indonesia. Alcanzado ese hito, en 2020 decide arrancar otro side project «antes de que el tiempo sea un problema» y adquirir nuevas responsabilidades como, por ejemplo, convertirse en padre.

Dedicó cuatro horas al día al proyecto mientras seguía trabajando a tiempo parcial como freelance. Tardó tres meses simplemente en tener una primera versión usable. Fue frustrante, pero mereció la pena porque durante ese tiempo aprendió a programar aplicaciones nativas para iOS -que funcionaban aunque no tuvieran conexión a Internet- y código de backend que permitía la sincronización en tiempo real entre múltiples dispositivos. Tendría más o menos éxito, pero al menos se sacaría la espinita técnica que le atormentaba desde su anterior proyecto.

Tardó otros tres meses más en lanzar la primera versión pública -que, básicamente, empleó en pulir la aplicación y batallar con la cuenta de desarrollador de Apple para conseguir publicarla en las diferentes stores- y en agosto de 2020 lanza Session.

Recibe la repercusión esperable para el proyecto personal de un joven desarrollador indonesio que nadie conoce -es decir, ninguna— pero se le ocurre publicar la aplicación en Product Hunt para darla a conocer y eso provoca un giro de los acontecimientos. Al día siguiente, recibe una oferta de SetApp -una colección de aplicaciones que se pueden usar, pagando una suscripción mensual, por un precio mucho más bajo que el tendrías que pagar si las adquirieras todas una a una- que le proporciona alrededor de 2.000 dólares al mes.

Pero Philip es joven, no tonto. Sabe que mientras dependa de SetApp no tendrá auténtica libertad financiera y se fija principalmente en las ventas directas que realiza en la AppStore, donde apenas saca entre 20 y 250 dólares al mes, una cantidad insuficiente para poder vivir incluso en Indonesia, donde el coste de vida es bajo.

Session tiene una tasa de retención bastante baja -alrededor del 30 % de usuarios deja de pagar después del primer mes, trabajar a golpe de Pomodoro es muy duro- que Philip intenta combatir sacando nuevas funcionalidades con un ritmo frenético. Sigue trabajando mientras desarrolla el producto, pero pronto se da cuenta de que después de trabajar para otro, apenas le queda energía para hacerlo en su propio proyecto. Así que, en diciembre, decide dar ese salto de fe y dedicarse a tiempo completo a Session durante tres o cuatro meses. Philip aun no lo sabía, pero iba a tener un segundo golpe de suerte.

En enero de 2021, Session supera las 100 reviews y entra en la selección «Apps que nos encantan» de la AppStore. Eso le lleva a cuadriplicar sus ingresos. Obtiene 1.000 dólares ese mismo mes y cierra febrero con 1.600. Cuando deja de estar destacada, el tráfico baja dramáticamente, pero los ingresos provenientes de la AppStore se estabilizan alrededor de los 1.000 dólares mensuales.

Con apenas 28 años, Philip está viviendo un sueño. Con los 3.000 jeroclos que ingresa al mes entre SetApp y la AppStore, gana casi 10 veces el salario medio indonesio y 30 veces el salario mínimo que, en 2019, era de apenas 95 euros. En comparación es como si en España -donde el salario mediano ronda los 20.000 euros brutos anuales- ganara 200.000 euros. Los únicos gastos fijos que tiene son los 10 dólares al mes que paga por su servidor y los 30 céntimos que le cuesta mandar 3.000 mails vía Amazon SES. Probablemente, su padre ya no piense que con el diseño uno no puede ganarse bien la vida.

A pesar del éxito, Philip sigue siendo absolutamente abierto con todos los pasos que va dando y no duda en compartir la evolución de las suscripciones de Session en la AppStore, las dificultades para motivarse y volver a trabajar después de tomarse todo un mes de vacaciones y -sobre todo- tener sus gastos cubiertos; o la tentación de doblar el precio de su aplicación, solo porque cree que sus usuarios podrían pagarlo... algo que yo le he recomendado que no haga a las bravas, sino usando técnicas como el grandfathering, si no quiere pegarse una hostia como una catedral.

La historia de Philip podría ser una más, pero si vamos más allá de la anécdota, podemos aprender un puñado de lecciones o confirmar otras que ya conocíamos:

  • Su viaje no ha sido una linea recta, sino que se ha equivocado varias veces hasta encontrar su camino. Por cada iluminado que tiene una «visión» hay miles de currantes que tienen perseverancia.
  • Tuvo dudas durante todo el proceso y, en más de una ocasión, se planteó dejarlo. Tener miedo es lo normal. En vez de negarlo, lo mejor que podemos hacer es asumirlo y buscar la forma de derrotarlo.
  • Philip no se puso a desarrollar hasta que tuvo un colchón financiero para aguantar varios años sin ingresos. Una cosa es arriesgar nuestros ahorros y otra tener que saltar sin red. Ni es necesario ni recomendable.
  • Para sacar el proyecto adelante, echó cuatro horas diarias durante seis meses, compaginándolo con otro trabajo a tiempo parcial. Dedicar a algo el 100%  de nuestro tiempo y buscar financiación externa para poder hacerlo es un camino perfectamente válido, pero no el único.
  • Philip solo da el paso de dedicarse a tiempo completo a su side project cuando ha comprobado que tiene una mínima tracción y tiene unos ingresos mínimos garantizados gracias a SetApp. Cada uno debemos marcar nuestro propio ritmo, teniendo en cuenta nuestra tolerancia a la incertidumbre y nuestras propias circunstancias personales.
  • Aun está lejos de ganar el dinero que conseguía como freelance. Para él, la satisfacción personal que supone poder hacer lo que te gusta como te gusta, compensa esa bajada de ingresos, pero no será así para todos.
  • Está claro que Philip es un currante y, también, que no habría llegado donde está hoy sin dos golpes de suerte. No podemos saber cuando nos llegará esa pizca de suerte necesaria para tener éxito, así que es mejor que nos pille trabajando... pero no debemos olvidar nunca que puedes pasarte toda la vida trabajando sin que llegue nunca.

Cuando le conté a Philip que iba a escribir una Bonilista contando su historia y le pedí que me diera algún consejo para la gente que esté pensando en crear un side project, simplemente me contestó esto:

«La construcción de productos es un juego a largo plazo. La mayoría de los fracasos ocurren debido al suicidio (no seguir trabajando en ello, duda, miedo) más que al fracaso. Así que tienes que quedarte y seguir. Además, la vida es corta. Si tienes el privilegio y quieres hacer lo tuyo: hazlo. Los correos electrónicos reflexivos de sus usuarios sobre cómo cambió su vida no se pueden comprar con dinero. Es un sentimiento completamente diferente».

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