¿Debo irme a vivir al pueblo?


Como todos los últimos fines de semana de cada mes, la Bonilista acoge a una firma invitada. En esta ocasión, tenemos el placer de contar con Sofía Rodríguez, fundadora de TheCosmethics, que pretende cambiar el mundo de la cosmética desde Allariz.

Tengo 35 años y llevo casi 10 viviendo en Allariz. En todo este tiempo he analizado mucho la decisión que tomé de dejar Singapur y venir aquí, los pros y los contras. Y desde luego, al contrario de lo que leo y veo publicado mayoritariamente desde que empezó la pandemia, no todo es romanticismo bucólico. He tenido sensaciones diferentes y contradictorias, y a veces me he sentido muy sola.

El 15 de noviembre de 2010, un día antes de mi 25 cumpleaños, amanecía en Phnom Penh con fuertes náuseas y escalofríos. Intentando no despertar a Laura, me escurrí a través de las sábanas y, reptando, conseguí llegar a tiempo de vomitar en el váter del baño de la suite. Mientras, en mi interior, me agitaba el típico diálogo interior: tranquila Sofía, solo es una gastroenteritis, será por la cena de ayer, o esa ensalada de Halong Bay, buf… la ensalada. Me encuentro fatal; por favor que no tenga fiebre -tener fiebre en España no asusta como tenerla en Camboya, al menos hasta que llegó el covid-19, pero esa es otra historia-. En la penumbra, y sin hacer ruido, encontré el termómetro. Casi 39 grados. También encontré paracetamol, pero no me sirvió prácticamente de nada.

Cuatro o cinco paracetamoles después, botaba en un tuk-tuk embriagada por todo tipo de sensaciones, rezando a no sé qué o a no sé quién para poder atravesar las cámaras termográficas del aeropuerto y llegar hasta Singapur. No me acuerdo del viaje, pero sí de que, al ver la cámara, me volví a tomar con urgencia un paracetamol más.

Conseguí llegar a Singapur, y después de una fiebre tifoidea, combinada con unas cuantas historias y carambolas más, mi vida giró 180 grados y acabé en Allariz. Reconozco que no fue una decisión completamente consciente y meditada. Yo me había criado en un entorno muy rural, pero me fui con la idea clara de no volver (con 17 años no veía absolutamente ninguna virtud al campo), por lo que, en ese momento, fue más una coincidencia que una clarividencia. A los 25 tomaba decisiones sin calcular cuánta repercusión tendrían en mi vida futura, y pensando en que todas esas decisiones -excepto reproducirme- serían completamente reversibles. Pero no lo son. Siempre retornas a un punto muy diferente, además, vas acumulando experiencias que, en vez de generar certezas, empiezan a cuestionar las decisiones que un día parecían claras.

En todos estos años he dado muchas vueltas a aquella decisión, he deshecho mi vida y la he vuelto a tejer, como si fuese un hilo que puedes volver a enrollar en un ovillo y confeccionar algo distinto.

Como mi decisión de instalarme en Allariz no partió de un deseo visceral e irrefrenable, me otorgó la capacidad de presentar un análisis, poco científico pero meditado, acerca de lo que te espera:

Ausencia de personas, en general. Y ausencia de personas que tengan inquietudes parecidas a las tuyas, en particular. Esto tarda un cierto tiempo en importarte de verdad. A lo mejor es lo que estás buscando, querer sentir soledad, aislarte; no hablar con nadie -o con casi nadie- puede parecerte necesario. Si la desesperación es fuerte, incluso puede parecértelo romper con todo, como se lo pareció a Christopher Johnson McCandless.

Pero cuando te des cuenta de que Happiness only real when shared tal vez ya estés viviendo las consecuencias y sea un poco tarde, como para Christopher. Hay una soledad más solitaria que la ausencia de personas. La escasez de personas que te acepten como eres y con las ganas que tienes de progresar (o incluso, con las que te entiendas, compartas y crezcas). Sin querer cambiarte por alguien que se parezca más a lo habitual, para así obviar otras maneras de vivir, de pensar o de percibir; porque lo diferente a veces molesta, incordia la paz de quién se instala en la comodidad de su «normalidad». 

Escasez de opiniones muy divergentes. Un poco más de lo anterior. En un ambiente menos cosmopolita acabas por no decir lo que piensas. O no todo lo que piensas (para vivir en sociedad hay que moderarse, y por supuesto evitar siempre el «sincericidio», pero no me refiero a la falta de educación y tacto). Si deseas divergir en serio, amárrate y ponte fuerte, porque pronto notarás el murmullo. Y recuerda: si ofendes a alguien, seguro que vas a volver a verle. Si quieres evitar alguna de las situaciones anteriores, tarde o temprano, inevitablemente, acabarás por decir mucho menos de lo que piensas.

Hace pocos días hablaba con mis dos amigos de la infancia. Uno de ellos explicaba con frustración, que le dolía reconocer que desde que estaba de nuevo en Galicia, encontraba incomodidad a ser, simplemente, él mismo, o a hablar de sí mismo sin notar los chascarrillos. Así que, con mucha pena, había optado por callarse más.

Al final, el ambiente urbano tiene tantos puntos de vista y tantas formas de vivir la vida, que siempre vas a encontrar almas similares. O personas a quién no le parezcas demasiado radical por cosas tan descabelladas como no reproducirte a tiempo o querer levantar un negocio on-line. O viajar al Nepal. Aquí los roles suelen estar aún más marcados, las estructuras sociales son tradicionales, y si eres mujer, aprietan aún más.

Escasez sentimental. Si tu pareja o parejas no viene/n contigo, es ciertamente difícil que encuentres una, sobretodo si -por lo que sea- quieres olvidarla al día siguiente. Desde 2011 hasta 2021, según datos del INE, Allariz incorporó (saldo neto) 260 personas -contándome a mí- a su censo, y Madrid, 69.692 (más los millones que no llegarás a conocer, y los que vienen y van). Usa la estadística; luego haz combinatoria. Escasez. Pero tal vez sea eso lo que quieres o necesitas. Si no lo es, haz cuentas; es una herramienta mejor que idealizar historias románticas (que yo también reconozco ver, pero no creer) de personas que van solas a un lugar recóndito y justo allí, en ese lugarcito, las está esperando su alma gemela. Son 20 personas en el municipio, y una te está esperando a ti […]. Parece obvio, pero el cine, a veces, despista.

Relaciones persoprofesionales. Las relaciones estrictamente profesionales con tus colegas del trabajo son una entelequia. No habrá pasado un mes hasta que necesites compartir cualquier intimidad. Las relaciones más rurales se basan en generar una red de ayuda y apoyo mutuo. Si además intentas crear una empresa, con poca gente y miles de horas compartidas, acabarán conociendo el nombre de tu píldora, cuando estás ovulando y hasta cuando has discutido con tu pareja. Pero cuando estés pasando cualquier virus, dejarán comida en la puerta de tu casa y te acercarán las medicinas de la farmacia de Raquel, que ya sabe -la farmacéutica- lo que tiene que darte.

Silencio. O sonidos que parecen silencio; de los que te pones en una de esas Apps del móvil que simulan una hoguera, una noche de lluvia, los pajaritos, o un arroyo, y que … aunque puedan servir para tu objetivo… no se comparan al sonido real de la naturaleza masajeando tu cerebro. No todo el mundo necesita este silencio, a mucha gente le incomoda, pero si quieres escuchar tus ideas y obtener tus propias respuestas sobre preguntas etéreas -o más terrenales-, es un catalizador. Y también si quieres desarrollarlas, escribirlas o pintarlas.

Tranquilidad. Si sabes adaptarte a biorritmos más naturales. Y si comprendes que a veces la naturaleza marca los tiempos, lo asumes, y te adaptas. Incluso puedes llegar a disfrutarlo (increíble, ¿verdad?), a veces una gran nevada te explica en qué lugar están tus vehementes deseos y necesidades respecto al orden cósmico. También puedes optar por el camino de maldecir día y noche, al tiempo, a tu suerte, a la persona del parte meteorológico; si te irrita que las cosas no salgan según tu previsión, que te recuerden constantemente que al orden natural de las cosas tus planes le importan poco, busca un entorno más previsible (y no viajes nunca a Cuba).

Ahorro. No sólo en la vivienda, sino también en tus horas libres envueltas en planes gratuitos y en tus paseos con menos impactos publicitarios por minuto. Si piensas en desarrollar un proyecto con muy pocos recursos, podrás sobrevivir más meses sin claudicar involuntariamente.

Kilos. Y si el pueblo está en Galicia, irremediablemente.

Salud. Pero esto seguro que ya lo sabes.

La verdad es que sueño con un rural más urbanizado y una ciudad más ruralizada. Y mientras eso ocurre -o no-, intentaré seguir por Allariz, sin idealizar situaciones o lugares.

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