El Efecto Lotería

Con la Lotería del Niño y el sorteo del Gordo de Navidad, equipos e incluso plantillas enteras participan con un mismo número. En muchas ocasiones, esta tradición es promovida y facilitada por las propias empresas, pero ¿cuántas sobrevivirían si a todos sus empleados les tocara la lotería?


En Ingeniería Informática es común hablar del Factor Autobús o el número mínimo de empleados de una empresa que debería atropellar un autobús para impedir la continuidad de un proyecto de software y sirve para determinar la resiliencia de una organización y su metodología de trabajo.

El Factor Autobús aparece en la bibliografía sobre Gestión de Proyectos con distintas denominaciones, aunque todas dibujan un escenario en el que un suceso inesperado afecta a un número determinado de personas, pero ¿qué ocurriría si algo le sucediera a toda la plantilla de una empresa? Algo como, por ejemplo, que a todos los empleados les toque el Gordo de la Lotería.

¿Cuántos se marcharían en cuanto cobraran el premio? Y los que permanecieran en sus puestos ¿tendrían la misma motivación y productividad? Pocas empresas han considerado siquiera cómo les afectaría «el Efecto Lotería».

El uso de la lotería como ejemplo no es casual. Un décimo premiado con el Gordo de Navidad proporciona 400.000€ a su afortunado poseedor, 328.000€ después de impuestos. Una cantidad que ni es tan elevada como para poder retirarse y vivir de las rentas ni tan pequeña como para no poder considerarla un colchón suficiente para dar un impulso a tu carrera profesional o vida personal. Una auténtica zona gris que es donde, normalmente, se encuentran las cosas más interesantes.

Con 328.000€, el común de los mortales cancelaríamos hipotecas, taparíamos agujeros, ayudaríamos a la familia y nos daríamos algún capricho, poco más. Y si el premio no nos sacaría de pobres y mucho menos nos permitiría dejar de trabajar, ¿qué porcentaje de empleados dejarían su puesto y, sobre todo, por qué?

La pregunta es especialmente relevante en un sector, como el informático, que se vanagloria de tener pleno empleo y permitir a sus profesionales elegir dónde quieren trabajar. Al menos, en teoría. ¿Y si jugáramos a intentar responderla?

Parece irremediable que al menos un 10% de empleados se marchara para perseguir sus sueños profesionales u objetivos vitales -como montar su propio negocio, dar la vuelta al mundo o estudiar y formarse a tiempo completo- pero, a partir de ahí, ¿cuántas bajas previsibles podríamos evitar?

¿Cuántas personas se marcharían a otro trabajo -aunque estuviera peor remunerado y compensaran sus menores ingresos con el dinero del premio- solo porque este les permitiera conciliar mejor su vida personal?

¿Cuántas se marcharían por estar descontentas con sus responsables o la falta de oportunidades para crecer profesionalmente y el premio solo fuera el trampolín que les impulsara fuera de su zona de confort?

Y, finalmente ¿cuántas se marcharían por simple aburrimiento? Porque su empresa no tuviera otra visión que completar proyecto tras proyecto ni más misión que ganar dinero. ¿Cuántos preferirían hacer algo más ambicioso, aunque ganaran menos dinero o tuvieran menos estabilidad, si tuvieran un colchón económico?

Evidentemente, los anteriores argumentos pueden motivar la marcha de un empleado en cualquier momento, le toque la lotería o no, pero -aunque en informática estemos acostumbrados a trabajar con magnitudes binarias- a la hora de gestionar personas existen infinitos matices, claroscuros y sentimientos adormecidos que un premio de lotería puede despertar. Y, en un sector como en el de las TIC, con una rotación anual media no forzada del 25%el Efecto Lotería podría suponer la marcha de más de la mitad de la plantilla, un golpe del que pocas empresas podrían recuperarse.

¿Cuánta gente crees que se marcharía de tu empresa si os tocara a todos la lotería? Si crees que no lo haría nadie, eres una ingenua y, si no te lo has planteado nunca, un temerario. La probabilidad de que toque el Gordo es tan pequeña -apenas un 0,001%- que no parece necesario anticiparse y tener un plan de contingencia contra el Efecto Lotería, pero más que revelar la robustez de nuestros procesos, puede ayudarnos a determinar el nivel de compromiso de nuestra plantilla, reflexionar sobre el porqué del mismo y tomar acción antes de que aparezca un potencial problema. Vuelvo a preguntarte: ¿cuánta gente crees que se marcharía de tu empresa si os tocara a todos la lotería? Si crees que el Efecto Lotería podría llevarse por delante a más de un 20% de tu equipo, deberías preocuparte.

¿Te atreverías a hacer una estimación pública y sincera en Twitter con el hashtag #EfectoLoteria? Yo ya lo he hecho.

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