El juego de Alexey

El Tetris ha vendido casi 200 millones de copias en sus diferentes versiones, lo que le convierte en la séptima franquicia más vendida de la historia. La historia de cómo se creó sigue dando mucho que hablar


Puede que para un mundo que acaba de conocer el primer Macintosh y el CD-ROM, el ordenador Electronika 60 fuera una antigualla, pero en la Unión Soviética de 1984 era tecnología puntera y un recurso muy escaso. De esos a los que solo puedes acceder si perteneces a la Academia de Ciencias Soviética.

Alexey Pajitnov llevaba cinco años allí empleado como investigador en un programa de reconocimiento de voz, pero solía quedarse varias horas después de terminar su jornada laboral, trabajando en su verdadera pasión: el desarrollo de videojuegos.

Desarrolló varios juegos, y ese 1984 se le ocurrió que sería divertido uno que consistiera en encajar pentaminós -uno de los puzzles favoritos de su infancia- para ir formando filas. Alexey enseguida se dio cuenta de que gestionar los 12 pentaminós era muy complicado y en su lugar decidió utilizar tetrominós -compuestos por cuatro cuadrados en vez de cinco, con los que podía conformar 7 piezas diferentes- e ir borrando las líneas que se iban formando para que no se llenara tan rápido la pantalla. Acababa de nacer el 'Tetris', una composición de tetrominó y tenis, su deporte favorito.

Alexey sabía que había creado algo grande porque no podía dejar de jugar, así que decidió enseñar su creación a sus colegas de la Academia de Ciencias. En pocas semanas, disquete a disquete, copia a copia, Tetris se jugaba en todas las instituciones públicas de Moscú que disponían de un ordenador.

En 1986 el juego se había extendido por toda la Unión Soviética y otros países detrás del Telón de Acero como Hungría. Precisamente allí, en el Instituto de Ciencias de la Computación de Budapest, Robert Stein -un hombre de negocios británico de origen húngaro- vio a un estudiante jugando al Tetris y se dio cuenta de que había encontrado una mina de oro y movió cielo y tierra para contactar con Pajitnov, hacerse con los derechos del juego y distribuirlo por todo el mundo. Parecía un final de cuento para el Tetris que, sin embargo, acabó convirtiéndose en una pesadilla...

Primero, porque Alexey no tenía derecho ni a negociar ni a recibir ninguna compensación por una obra que pertenecía al estado soviético. Segundo, porque la negociación y posterior comercialización de los derechos por parte de Stein fue, cuanto menos, «irregular» y, antes de tener nada firmado, vendió los derechos para Europa y Estados Unidos a Mirrorsoft y Spectrum Holobyte respectivamente -compañías de software del conglomerado mediático Mirror Group, propiedad del magnate Robert Maxwell, que jugaría un inesperado papel en toda esta historía- por 3.000 libras y el 15% de las ventas.

Go West

Phil Adam, presidente de Spectrum Holobyte por aquel entonces, era un férreo defensor del título, pero advirtió que iba a ser el primer videojuego ruso distribuido en un Estados Unidos gobernado por Ronald Reagan y en plena Guerra Fría y temía que este fuera rechazado por sus orígenes. En vez de intentar ocultarlo, decidió utilizarlo como una herramienta de marketing, rodeando a Tetris de un halo de misterio y llenando el juego de la imaginería soviética -desde la catedral de San Basilio a los desfiles en la Plaza Roja- que ahora todos asociamos con el juego.

El 29 de enero de 1988, Spectrum Holobyte puso a la venta el juego por 35 dólares y en un año vendió 100.000 unidades. En el CES de ese año, Henk Rogers -un desarrollador de software que se había especializado en publicar títulos extranjeros en el mercado japonés y que será CRUCIAL en toda esta historia- vio Tetris y consiguió adquirir de la compañía americana los derechos para comercializar una versión para la NES en el mercado japonés... solo para descubrir que, debido a la nebulosa gestión de licencias llevada a cabo por Stein, sus homólogos británicos -Mirrorsoft- ya habían vendido los derechos para consolas y recreativas en el mercado japonés a Atari.

Big in Japan

Ni corto ni perezoso, Rogers se plantó en la sede de Atari en Estados Unidos, abordó a su presidente -Hideyuki Nakajima- en el parking y, después de una amistosa cena a base de sushi, consiguió que le vendiera los derechos para consolas domesticas -los derechos para recreativas ya los había adquirido SEGA- por 300.000 dólares. Al fin y al cabo, Nakajima le confesó a Rogers que no estaban interesados en el mercado japonés y querían centrarse en Estados Unidos. El 22 de diciembre, Bullet-Proof Software -la compañía de Rogers- lanza Tetris en Japón y logra vender 2 MILLONES de unidades. El juego de Alexey se convierte en un fenómeno de masas.

Ese mismo mes, Rogers se reúne con Minoru Harakawa -presidente de Nintendo of America- que estaba preparando el lanzamiento de la Game Boy y le convence para que la venda en pack con Tetris en vez de con un juego de Mario, porque mientras el segundo aún se percibía como "un juego para niños", el primero gustaba a todos los públicos.

Intentado conseguir los derechos para publicar el título en consolas portátiles para Estados Unidos, Rogers empieza a desmadejar el embrollo de licencias y sub-licencias que le lleva directamente a Stein y le pide a este que le venda los derechos. El británico le da largas mientras intenta concertar una reunión con ELORG -el organismo estatal encargado de comercializar y exportar tecnología soviética- para firmar un acuerdo que finalmente cerrara cualquier problema de licencias.

Trololó

Rogers empieza a sospechar que Stein le oculta algo y, una vez más, decide agarrar el toro por los cuernos y plantarse en Moscú para intentar conseguir los derechos directamente de los soviéticos. Consigue averiguar dónde está la oficina de ELORG y allí descubre el PASTEL: los funcionarios no saben de qué les está hablando cuando empieza a hablar de licencias y sublicencias en diferentes sistemas y territorios. Para ellos, el único poseedor de derechos de publicación es Stein y solo para ordenadores personales.

El problema residía en una linea del contrato original firmado con Stein en el que se le concedían derechos de publicación en «diferentes tipos de ordenadores», para los soviéticos significa justo eso -ordenadores-, pero parece ser que para Stein incluía ordenadores, consolas, máquinas recreativas y hasta cafeteras si alguien estaba dispuesto a pagar por ello. Cuando Rogers les enseña el cartucho del juego para NES publicado en Japón, los directivos de ELORG se enfurecen.

Rogers es convocado a una reunión al día siguiente en una inmensa sala de reuniones. A un lado de la mesa, un montón de personas que desconoce. Al otro, solo él. El holandés explica a todos esos funcionarios cómo funciona el mercado de los videojuegos en los países capitalistas. Estos le piden que les mande una propuesta de acuerdo y, si deciden aceptarla, vuelva a Moscú para firmarla. Rogers les dice que se irá en una semana, con el acuerdo firmado o no, pero que no volverá a Moscú. Es AHORA O NUNCA.

Lo que Rogers no sabía es que una de esas personas que se sentaban en el otro lado de la mesa y le miraban con ojos como platos era el mismo Alexey Pajitnov que, después de la reunión, se acerca a presentarse y se presta a acompañarle a dar una vuelta a la ciudad. Los dos hombres no podían ser más diferentes, pero ambos son desarrolladores y se entienden. Acaban cenando y bebiendo vodka juntos, hablando del juego y sus posibles secuelas.

Al día siguiente, Stein llega a ELORG intentando conseguir los derechos para consolas portátiles que le había pedido Rogers y los de máquinas recreativas. Sobre todo porque Atari ya estaba vendiendo millones de maquinas. Los funcionarios soviéticos le reciben con cajas destempladas, le reprochan que se haya retrasado en el pago de sus royalties. Le dicen que primero negociaran lo de las recreativas y que ya verán después lo de las consolas portátiles, pero le exigen que antes de firmar nada nuevo primero firme un nuevo contrato que corrija en el que se supone que le pone penalizaciones por retrasos en los pagos.

Stein se lleva el contrato consigo y lo repasa en la habitación de su hotel. Aparentemente todo es idéntico al acuerdo anterior excepto unas nuevas penalizaciones en el caso de que haya retrasos en los pagos, así que, firma apurado por cerrar el acuerdo de las recreativas. De lo que Stein no se da cuenta es de que el nuevo acuerdo que acaba de firmar define un ordenador como «una máquina con teclado, monitor, sistema operativo...». Acababa de perder los potenciales derechos del título para consolas.

Ground Theme

Los directivos de ELORG llaman a Rogers y le dicen que aceptan el acuerdo para venderle los derechos del juego para consolas portátiles, pero que también pueden incluir los derechos para consolas domésticas.

El hombre de negocio holandés reconoce inmediatamente la inmensa oportunidad que se le presenta y se da cuenta de que la misma le supera, así que vuelve a Estados Unidos y pide ayuda a Nintendo of America. Cuando regresa a Moscú no lo hace solo sino acompañado de Howard Lincoln -vicepresidente de la compañía-, un abogado con experiencia negociado con las autoridades soviéticas que dominaba el ruso y una oferta bajo el brazo de 5 MILLONES de dólares y 50 centavos por cada cartucho vendido.

Para Nintendo la operación no supone solo la posibilidad de hacerse con los derechos de un gran juego sino también de devolvérsela a Atari, que les había demandado acusándoles de monopolio por su política de licencias y se había atrevido a comercializar juegos para sus plataformas, sin contar con las mismas.

Durante las negociaciones, Lincoln sugiere que se le otorguen royalties a Pajitnov, pero ELORG lo considera «inapropiado»: el juego se había desarrollado por funcionarios con materiales del Estado, así que todos los ingresos deberían ser para el mismo.

Gracias a las gestiones de Rogers y con el nuevo acuerdo firmado, Nintendo envía una carta de cease and desist a la misma Atari presidida por Nakajima que había accedido de forma amistosa a vender los derechos del juego al holandés. Las dos compañías van a juicio y Nintendo gana. Atari debe comerse la mitad de los 100.000 cartuchos que había producido con su propia versión del juego y aún no había comercializado.

Robert Maxwell, al enterarse del acuerdo que dejaba fuera a Mirrorsoft, entra en cólera y tira de sus contactos en la alta jerarquía del regimen soviético que llegaban hasta a Mijail Gorbachov. Altos cargos se presentan en las oficinas de ELORG y piden todos los papeles de la operación, pero todo está en regla y los funcionarios aguantan la presión, explicando que el acuerdo con la compañía japonesa era mucho más satisfactorio que el que había ofrecido la británica. Nintendo volvía a ganar.

Happy? End

En el verano de 1989 la Game Boy se lanza en Estados Unidos con Tetris como juego en pack y se convierte en todo un éxito. Nintendo vendió 118 millones unidades de la consola y 35 iban acompañadas del Tetris.

Aunque Nintendo es el gran ganador de esta historia, hasta este momento todo el mundo había hecho dinero con el Tetris menos Alexey, su creador, que seguía trabajando en la Academia de Ciencias y sobrevivía a duras penas con su mujer y sus dos hijos en su pequeño apartamento de Moscú.

En 1991, Rogers le ayuda a emigrar junto con su amigo Vladimir Pokhilko -con el que había colaborado en la creación de Tetris- a Seattle, donde los dos fundan Animatek, su propia compañía de videojuegos. Posteriormente, Pajitnov acaba trabajando en Microsoft, donde también se dedica a desarrollar juegos y, en 1995, cuando los derechos sobre el Tetris vencen, Rogers crea con él The Tetris Company y compran el 50% de los derechos del título. Once años después de haberlo desarrollado, Alexey por fin empezaría a recibir royalties por las ventas de su juego.

En 2005, The Tetris Company adquirió el 50% restante, convirtiéndose en la única propietaria de los derechos del juego. Pajitnov -que abandonó Microsoft ese mismo año- y Rogers viven cómodamente gracias a los royalties de un juego que ha vendido casi 200 millones de copias en sus diferentes versiones, lo que le convierte en la 7ª franquicia más vendida de la historia.

Parece un cuento con final feliz, pero normalmente la realidad es algo más complicada que los cuentos...

Epílogo

La anterior es la versión «oficial» de la historia, pero no todo el mundo coincide en que la realidad fuera así. En 1984, Vadim Gerasimov era un adolescente de 16 años y un prodigio de la programación. Fue el responsable de portar el código seminal de Alexey del Electronika 60 al PC, añadiendo un montón de características por el camino que hoy consideramos esenciales en la mecánica del juego. En 2004 publicó su propia versión de los hechos en la que considera que el título, tal como lo conocimos fue desarrollado por Pajitnov, Dmitry Pavlovsky y él mismo.

También explica que, al contrario de lo que afirma Henk Rogers, nunca recibió ni un duro por su contribución al juego ni llegó a acuerdo alguno con Pajitnov. Cuando el desarrollador ruso y Rogers estaban negociando con ELORG la compra de derechos, «Pajitnov vino a mi casa y me pidió que firmara urgentemente un contrato para 'obtener mucho dinero de editoras de videojuegos'. No me dejó una copia del documento. Hasta donde recuerdo, el mismo decía que estaba de acuerdo en que mi contribución se limitaba a portar el Tetris al PC, daba a Alexey el poder de gestionar todos los derechos comerciales sobre el título y rechazaba cualquier recompensa relacionada con los mismos. No estaba completamente de acuerdo con el contenido, pero confié en Alexey y firmé el documento de todos modos».

Robert Stein perdió los derechos de publicación para PCs en 1990 por no pagar los royalties y, en 1992, los de recreativas por el mismo motivo. Stein declaró que «como mucho» ganó 250.000 dólares con Tetris.

Las compañías de Robert Maxwell llegaron a soportar más de 3 billones de dólares de deuda. Se descubrió que había usado el fondo de pensiones de sus empleados para intentar pagar dicha deuda y, en 1991, su cuerpo apareció flotando en el Océano Atlántico. Según el forense, sufrió un ataque al corazón que le llevó a un ahogarse accidentalmente...

Gerasimov se graduó en la Universidad de Moscú en 1992 y en 2003 consiguió un doctorado en el MIT. Actualmente, trabaja para Google.

Vladimir Pokhilko, el amigo de Alexey que le ayudó a crear y refinar el juego para posteriormente emigrar con él a Seattle y fundar Animatek, siguió al frente de la compañía cuando Pajitnov la abandonó para marcharse a trabajar a Microsoft. En 1998, agobiado por las deudas, se suicidó después de asesinar a su mujer y a su hijo de 12 años. Dejó una nota en la que simplemente escribió: «He sido devorado vivo. Vladimir. Simplemente recuerden que existo. El diablo».

Y, a pesar de todo, aún habrá gente que dirá que el Tetris es un simple juego.

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