La Tarugo5 se celebrará en octubre

Con el brote de coronavirus de por medio tal vez sea el peor momento para anunciar una conferencia técnica

Tarugoconf 2019
Tarugoconf 2019

El próximo 23 de octubre se celebrará la #tarugo5, la quinta edición de la conferencia anual sobre negocios y tecnología que se organiza para los tarugos, los suscriptores de esta lista de correo.

En medio de la histeria colectiva por el brote de coronavirus y cuando se están cancelando eventos por todo el mundo, probablemente sea el peor momento de la historia para anunciar una conferencia técnica, pero la Tarugoconf no es solo una conferencia aunque -a veces- se nos olvide. A mí el primero.

Desde la última edición, 1.064 nuevos tarugos y tarugas se han sumado a esta pequeña-gran comunidad. La mejor manera que se me ha ocurrido para explicarles a todos ellos qué será la #tarugo5 -y, sobre todo, por qué será así- ha sido explicarles cómo fue la #tarugo4. Por eso me he dejado la piel escribiendo un postmortem de 3.227 palabras -como referencia, el artículo en el que expliqué la historia de mi empresa y su proceso de venta, «solo» tenía 3.068- con todas las cifras, lo que nos salió bien y no tan bien del evento.

Y, por eso, en esta Bonilista quiero dejarme un trocito de mi alma desvelando la intrahistoria del evento -todo eso que ocurre entre bambalinas y que el público no suele ver- para que entendáis por qué hacemos lo que hacemos y, también, recordármelo a mí mismo, porque la #tarugo4 nunca tuvo que ocurrir. Fue una locura. Una estupidez.

Después de años escuchando que la Tarugoconf era un evento «elitista» porque solo se ponían a la venta 150 entradas -el aforo máximo del auditorio del Google Campus, donde se celebraba- me comprometí a triplicar el número de asistentes, aunque eso significara tener que dejar la que había sido nuestra casa hasta ese momento y nuestra zona de confort.

En La Nave podíamos llegar hasta los 700 asistentes, así que, sin pensarlo mucho más, dimos el paso de ampliar el evento. Esta decisión llegó en el peor momento, dedicando cada minuto de nuestro tiempo libre para intentar convertir a Manfred en una empresa rentable. Hasta marzo de 2019, apenas seis meses antes de la celebración del evento, no pudimos empezar a organizarlo. La Nave tuvo un problema con nuestra reserva y nos retrasó la fecha un mes. Más que un problema fue una bendición, pero a pesar de haber ganado algo de tiempo seguíamos teniendo el mismo problema: nunca habíamos organizado un evento para 700 personas y no sabíamos ni por dónde empezar.

Cuando las sacamos a la venta en junio aún teníamos la esperanza de que no existiera tanta demanda y poder volver al Campus, pero las entradas se agotaron en menos de 48 horas. Candela no pudo dormir esa noche y, al día siguiente, me planteó dejar su trabajo para dedicarse a tiempo completo a organizar la Tarugoconf con una mínima garantía de éxito.

Empezamos a temer que el evento no ya no saliera bien, sino que saliera tan mal que perjudicara nuestra imagen y la de Manfred, nuestra propia empresa. Creíamos que había grandes posibilidades de que esta fuera la última edición de la Tarugoconf y, por eso, me marqué un Final Fantasy. Si había que despedirse de algo que nos había dado tantas alegrías como la Tarugo, al menos lo haríamos a lo grande, dándonos un gustazo como -por ejemplo- contratar a mi grupo favorito, OBK. Y lo hicimos.

Aquel año recibimos otra terrible noticia, nuestro querido Felipe tenía cáncer. Recuerdo que cuando me lo contó por teléfono estaba solo en una sala de reuniones del coworking y en cuanto colgué lloré de pura impotencia durante más de diez minutos. No volví a hacerlo nunca jamás. Felipe estaba dispuesto a luchar y, pasara lo que pasara, disfrutar de cada día que la vida le plantara por delante, así que decidí ayudarle y no volver a lamentarme -ni a compadecerle- nunca más. Le planteé a Felipe y al resto de amigos con los que salimos a correr todos los fines de semana que arrancáramos la Tarugo cantando y bailando. Era una idiotez y lo más probable es que hiciéramos un ridículo espantoso, pero también una fantástica excusa para quedar entre semana «para ensayar» y reírnos de la vida y de nosotros mismos. Sorprendentemente, aceptaron. Estuvimos practicando durante meses y si hubo alguien que jamás se perdió un ensayo, ese fue Felipe. Si cuento todo esto es porque él mismo cree que hacer pública su enfermedad le ayuda a normalizarla y puede animar a otros en su misma situación; y yo le apoyo.

Así, con más corazón que cabeza, se organizó la #tarugo4 y la peor parte se la llevó Candela. Estuvo trabajando inagotablemente durante meses. Intentaba ayudarla todo lo que podía, pero apenas tenía tiempo para dedicarle entre Manfred y la coordinación de las charlas del evento. Muchos días me quedaba dormido en el salón a su lado, mientras ella seguía trabajando y contestando correos hasta bien entrada la madrugada. El esfuerzo la agotó física y mentalmente. Después del evento le salió un herpes zóster. El médico dijo que, probablemente, era consecuencia del puro estrés. En 2019 he tenido que ver a mi mujer llorar por la Tarugoconf. En 2020, espero verla solo sonreír.

Así que, cuando alguien me pregunta qué representa la Bonilista o la Tarugoconf para mí solo acierto a decir que es parte de mi vida. Y tengo claro cómo quiero vivir. Mejor o peor, para bien o para mal, la #tarugo4 ha sido una experiencia de la que hemos aprendido y nos ha cambiado para siempre. Espero que toda esa experiencia nos sirva para hacer de la #tarugo5 la mejor de la historia y que, un año más, nos acompañéis para disfrutarla juntos.

Ilustración original: Hugo Tobio.

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