2020

No se trata de trabajar más o menos horas, sino de trabajar mejor, centrándose en las cosas donde uno aporta más valor y dando los pasos necesarios para poder delegar el resto


Cada año escribo un texto repasando mis objetivos para los próximos 365 días. Los que critican este tipo de votos alegan que no hace falta esperar a una fecha determinada para hacerlo. También, que el seguimiento del cumplimiento de esos objetivos debería ser constante. Tienen razón, pero ninguno de esos argumentos es incompatible con obsequiarnos a nosotros mismos con el tiempo necesario para confeccionar una lista como esta cada Navidad e intentar contestar una pregunta complicada: ¿qué tal nos fue el último año?

En España tenemos bastante aversión a reconocer que nos va bien. Puede que sea por miedo a la envidia, a parecer vanidoso y prepotente o, simplemente, a tener que plegar velas públicamente cuando el viento no sople a favor. Ni idea, pero, después de compartir todo lo que he hecho, cómo lo he hecho y cómo ha resultado -hasta la cuenta de resultados de mi empresa- sería idiota no reconocer que 2019 ha sido un gran año para mí.

Manfred va como un tiro, la Tarugo4 fue todo un éxito, la Bonilista ha alcanzado los 11.316 suscriptores -1.951 más que el año pasado- y se publica en La Voz de Galicia. Soy un hombre que lo tiene todo, un triunfador, un crack, un figura, un winner... o no. 

Al repasar mis propósitos para 2019, mi particular memento mori, he podido comprobar que he alcanzado todos los objetivos que me marqué menos uno, el más importante: disfrutar de mi familia, amigos y compañeros; y hacer que ellos disfruten de mí.

No sé vosotros, pero yo siempre que oigo a alguien decir una cosa así tiendo a pensar que es una carallada propia de alguien que no tiene verdaderos problemas en la vida y tiene que inventárselos. Puede que sea así, pero también es posible que aún nos cueste tomarnos en serio la adicción al trabajo, que nos incomode hablar de la misma o nos neguemos a reconocernos en según qué conductas. Por eso solemos quedarnos con salidas fáciles como «trabajo el de mi abuelo, que estaba 14 horas en la mina». También por eso creo que es importante aterrizar lo máximo posible qué significa eso de no saber o poder «disfrutar de familia y amigos», más allá de magufadas y chacras tántricos.

Significa llevar casi tres meses intentando encontrar un jueves libre para quedar a cenar con mis amigos Raúl y Alberto en un restaurante que está a 50 metros de mi casa, no tener ninguna oportunidad en seis meses para disfrutar de la «escapada de fin de semana» que me regalaron por mi cumpleaños, no haber hallado un solo momento desde que me saqué el carnet de conducir para ir a visitar a mi antiguo jefe y mentor -el hombre que me convirtió en el profesional que soy hoy- que trabaja a 10 minutos en coche de mi casa, olvidar el cumpleaños de mi hermana -y de tantos otros- y olvidarme también de llamar para disculparme, trabajar frente a Yeray y no regalarnos ni una sola comida que durara más de media hora durante todo un año, no visitar ni una sola vez a la familia que tenemos en Aranjuez, Santander o Cáceres, hacer que Gonzalo se pierda todos los estrenos de Star Wars por esperarme e intentar ir conmigo, quedarme dormido de puro agotamiento en la boda de Belén y Marcos, no ver a alguien tan importante para mí como Jero durante meses, que tus hijos te pregunten durante el fin de semana «papá, ¿tienes que escribir la Bonilista o ya puedes jugar con nosotros?» y -sobre todo- ver a la persona que amas llorar de pura impotencia por verse atrapada en ese sinsentido.

Puede que para muchos todas esas situaciones no sean más que dramas de todo a cien. Puede que otros los vean como sacrificios aceptables en el altar del éxito profesional. A mí, simplemente, no me acaba de gustar el ser humano que dibujan. Quizás por eso no me siento un triunfador, ni un crack, ni un figura, ni tampoco un winner, sino alguien que tiene la suerte de que los que le rodean le perdonen sus torpezas y a quien le queda mucho por aprender.

Porque, sobre todo, cierro el año con el convencimiento de que ninguno de esos sacrificios era necesario para lograr los objetivos alcanzados. No se trata de trabajar más o menos horas, sino de trabajar mejor, centrándose en las cosas donde uno aporta más valor y dando los pasos necesarios para poder delegar el resto.

Podría justificarme con la evidencia de que los errores son mucho más fáciles de ver a toro pasado que en medio del encierro, pero si soy sincero conmigo mismo debo reconocer que la mayoría de las decisiones equivocadas que he tomado en el último año no han sido motivadas por la falta de perspectiva sino por el miedo.

La adicción al trabajo solo es un síntoma, mi verdadero problema es el miedo. Miedo a no poder proveer de techo y alimento a mi familia. Miedo a no poder pagar las nóminas de mis empleados. Miedo a no encontrar un trabajo si todo salía mal. Y, sí, sé que soy un privilegiado que no debería preocuparse por nada, que todos esos miedos son irracionales. Siempre lo son.

El miedo es otro tema del que no se suele hablar en público y, cuando se hace, se hace desde la perspectiva del crack, el figura, el winner, el triunfador de pacotilla. Vivimos en una Sociedad que glorifica el emprendimiento -especialmente el tecnológico- y que anima a la gente a tomar riesgos ignorando sus miedos, pero eso no es valor sino pura inconsciencia.

Aristóteles dijo que el miedo siempre permanece. El hombre puede acabar con todo lo que tiene dentro de sí mismo -el amor y el odio y las creencias, incluso la duda- pero mientras se apegue a la vida no puede destruir el miedo. Es nuestra emoción más primaria. No deberíamos ignorarla ni ocultarla, sino reconocerla y abrazarla para ser conscientes de cómo afecta a nuestras decisiones.

Quizás por eso mis propósitos para 2020 no son más que una guía para dejar de ignorar mis miedos, ayudarme a convivir con ellos e intentar que nunca más me condicionen. Si todo esto es solo una carallada de alguien que no tiene verdaderos problemas en la vida y tiene que inventárselos, lo dejo a vuestro criterio. 

Esta bonilista fue posible gracias al apoyo de BV

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Este texto se publicó originalmente en la Bonilista, la lista de correo de noticias tecnológicas relevantes para personas importantes. Si desea suscribirse y leerlo antes que nadie, puede hacerlo aquí ¡es bastante gratis!

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