Odio a Jira

No deberíamos confundir la complejidad de uso de una herramienta, con la relativa complejidad de la configuración necesaria para que funcione como queremos


En el sector informático está de moda odiar todo lo que hace la compañía Atlassian en general y su herramienta de gestión de proyectos -Jira- en particular. Porque es complejo, porque es lento, porque es feo, porque no es usable y -por supuesto- porque es una herramienta diabólica, forjada por Sauron en el Monte del Destino, para encontrar a todos los programadores y atarlos en las tinieblas.

Podrían criticar los esquemas de permisos, el sistema de notificaciones o los incrementos de precio de los últimos años, pero la mayoría de las críticas a Jira son puro odio y no merecen especial atención. Lo que sí es interesante es lo que subyace bajo las mismas: que la industria informática tiene tantos sesgos como cualquier otra.

Cada vez que oigo a alguien decir que Jira es «complicado» siempre pregunto lo mismo -complicado ¿comparado con qué?- porque las respuestas suelen ser Trello, Basecamp, Notion o herramientas similares. Pero comparar Trello con Jira es como comparar una calculadora con un ordenador. La primera es mucho más sencilla de usar que el segundo, pero también tiene una funcionalidad mucho más reducida.

Pero lo que más perplejo me deja de esa afirmación es que, si queremos, una instancia de Jira puede tener el mismo sencillo interfaz de Trello y su flujo de trabajo. De hecho, en los mas 10 años que llevo trabajando con Jira no he encontrado ningún equipo con un flujo de trabajo que no pudiera mapearse en Jira, solo hace falta saber configurarla. Y no deberíamos confundir la complejidad de uso de una herramienta con la relativa complejidad de la configuración necesaria para que funcione como queremos. La gestión de la rica panoplia de funcionalidades que ofrece Jira y su infinita capacidad de personalización requieren una mínima formación que casi nadie recibe.

Quizás es una cuestión de expectativas. La gente piensa que es un software out-of-the-box -para usar tal como nos lo encontramos- y, sin embargo, se puede -y se debe- adaptar a nuestras necesidades. Quizás tendríamos que revisar la extendida y errónea concepción del SaaS como software que apenas hay que configurar. Cualquier programador pondría el grito en el cielo si le obligaran a usar -tal cual- Jenkins, Postgres o Nginx. Entonces ¿por qué pretende hacer lo mismo con Salesforce, Hubspot o Jira?

Otra letanía que suele escucharse a menudo es que Jira impide o pervierte el uso de metodologías ágiles, pero son las personas -no las herramientas- las que promueven o frenan la adopción de determinadas dinámicas de trabajo. Ni Jira va a impedir que hagamos nada ni el uso de cualquier otra herramienta va a conseguir que cambiemos la forma de trabajar de un equipo de la noche a la mañana. Otra cosa es que se imponga el uso de la herramienta de una determinada manera, pero el software ni se configura ni se impone por sí solo.

Aceptar nuestros sesgos en vez de negarlos puede ayudarnos a crecer y a conocernos a nosotros mismos. Nadie odia una herramienta, lo que odiamos es que nos obliguen a trabajar con una herramienta que no es útil para hacer nuestro trabajo. Cuando veo a alguien expresar su odio público a Jira, no puedo evitar pensar que -sobre todo- está expresando su frustración por tener que trabajar con una herramienta para la que no ha recibido una formación adecuada, que le han impuesto sin tener en cuenta sus necesidades... o en un trabajo donde no se siente a gusto.

En cualquier caso, el culpable no es Jira, pero supongo que es mucho más fácil criticar un pedazo de software que exigir una rectificación a los verdaderos responsables. A lo mejor deberíamos hacerlo. A lo mejor, deberíamos preguntarnos a nosotros mismos por qué no lo hacemos. 

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