La Bonilista y La Voz


Esta es la primera Bonilista que se publicará en La Voz de Galicia y, también, una de las más complicadas que jamás haya escrito, porque tengo que conseguir explicar algo que le resultará tan marciano al lector habitual del periódico como obvio al suscriptor veterano de la lista, intentando aportar valor a unos y a otros. 

Para los que no me conozcan, permítanme presentarme: solo soy un tipo normal que hace cosas. Mi único logro destacable ha sido llegar a los 42 años siendo libre para hacer lo que me gusta, como me gusta y con quien me gusta. Y lo que realmente me gusta es la Informática -mi profesión, mi vocación y mi pasión- no como un fin en sí misma, sino como fuerza transformadora que puede cambiar, a mejor, nuestra sociedad. La Bonilista es el artículo semanal sobre tecnología que resulta de mezclar esa pasión y libertad con una pizca de inconsciencia y un optimismo militante y combativo. Sí, con 42 años, no tengo reparo alguno en reconocer que aún sigo creyendo que todo es posible. Manda carallo. 

Puede que fuera esa pasión la que animara a miles de personas interesadas en la tecnología a suscribirse a mi lista de correo en primera instancia, pero quiero pensar que si siguen ahí después de más de 7 años es porque la libertad con la que escribo me permite no solo celebrar mis aciertos sino también asumir mis cagadas -en vez de tratar de ocultarlas- y compartir las lecciones aprendidas con total transparencia. Es esa autenticidad el único compromiso innegociable que tengo con los suscriptores de la Bonilista y, también, el principal activo que puedo ofrecer a los lectores de La Voz. Ni más ni menos. 

Es esa autenticidad, diametralmente opuesta a la infalibilidad impostada y falsa omnisciencia que tiñen muchas columnas de opinión, lo que ha definido y esculpido la audiencia de la Bonilista. Una audiencia que no me sigue sino que me acompaña, a la que no predico sino con la que converso. Una pequeña Comunidad -crítica, exigente e iconoclasta- que participa de forma activa en la definición de contenidos de la lista de correo, en vez de limitarse a consumirlos, y ha influido de forma decisiva en el rumbo que ha seguido la misma. Es esa Comunidad la que me empujó a organizar un evento alrededor de la Bonilista que ha acabado convirtiéndose en una conferencia técnica con 700 asistentes. Y es esa Comunidad -no yo- la que la ha llevado a La Voz de Galicia, literalmente. Permítanme explicarles cómo. 

Si había alguna cabecera en el mundo en la que me hiciera especial ilusión publicar era esta y nunca lo he ocultado. No solo porque en el pasado encontraran cabida en sus páginas intelectuales como Manuel Murguía, Castelao o Cunqueiro, sino porque, en el presente, me permite seguir la peculiaridad gallega sin dejar de estar abierto al mundo. Porque sus contenidos alimentan mi galleguismo sin complejos pero nunca autocomplaciente. Un localismo orgulloso, pero ni soberbio, ni prepotente, ni mucho menos excluyente. Al fin y al cabo, yo soy un gallego nacido en Madrid. Un gallego que eligió serlo. 

Pero, sobre todo, me hacía ilusión porque es el periódico que lee mi suegro Benito, y el único al que le otorga una mínima credibilidad. Por una razón o por otra, en alguna ocasión había aparecido en prensa nacional: El Mundo, El País, El Confidencial… daba igual. Como si fuera el New York Times o Le Monde; todo lo que no salga en La Voz no existe para mi suegro y la única manera de ganarme su respeto era hacer algo que mereciera ser reseñado por esa cabecera. 

Pedir en redes sociales a La Voz que publicara la Bonilista se convirtió en una especie de broma interna de la lista de correo que el periódico ignoró con elegancia, pero no contaban con la tozudez de los tarugos, el apelativo cariñoso con el que denomino a los suscriptores. 

En junio, Alberto Sánchez Bardanca -un tarugo al que aún no conozco en persona- me escribió ofreciéndose a «mover los hilos» para intentar que la Bonilista se publicara en La Voz. Alberto no tenía ninguna vinculación con el periódico, pero quería tirar de conocidos, vecinos y «amigos de amigos» para intentar llegar lo más lejos que pudiera. Las posibilidades de éxito eran ridículamente bajas, pero ¿qué legitimidad tenía un tipo como yo -cuyo lema es «todo es posible»- para hacerle desistir de su empeño? 

Durante el verano Alberto me tuvo al día de todos sus esfuerzos y maniobras, todas infructuosas hasta que, el 6 de septiembre, me escribió para decirme que -a través de su colega Rubén Vara- había conseguido el correo electrónico de Rubén Santamarta, responsable de la sección de Galicia en La Voz, y me animaba a escribirle. Los dos Rubenes eran vecinos y, en uno de esos momentos de hermandad que se generan en un parque al compartir paseos con perros o niños, el primero intentó transmitir al segundo toda la pasión con la que Alberto le hablaba de la Bonilista. 

Eso era todo lo que habíamos conseguido: un correo y un poco de contexto. La verdad, estuve tentado de no escribir, pero me obligué a hacerlo no solo por ser consistente con mis propias ideas -todo es posible- sino por honrar todo el esfuerzo de Alberto. Se lo debía. Sorprendentemente, Rubén no solo contestó mi correo sino que se lo reenvió a Tomás García Morán -responsable de estrategia digital de La Voz- que, aún más sorprendentemente, me escribió ese mismo día explicándome por qué entendía perfectamente mis motivaciones y se identificaba con mis circunstancias. 

Aunque La Voz es la vida de Tomás -que lleva más de 20 años viviendo en Perillo y trabajando para el periódico- me reconoció que se dejaría cortar medio dedo meñique por publicar una pieza en El Comercio de Gijón, porque es el único medio impreso que -como buena gijonesa de toda la vida- su madre lee. No sabía si algún día podría resolver su propio drama personal, pero al menos intentaría acabar con el mío y ayudándome a ganar el respeto de mi suegro. El resto es historia. 

Pero, más allá de ayudar a un yerno a conseguir la aprobación de su suegro, ¿qué aportará la Bonilista a los lectores de La Voz? Creo que la clave la tiene el principal responsable de que todo esto sea una realidad -Alberto Sánchez Bardanca- que me explicaba así qué le había impulsado a hacerlo: «aunque muchas veces no estoy de acuerdo con lo que escribes, siempre merece la pena leerlo. Así, la gente que no tiene ni idea de hasta qué punto la tecnología modela su día a día y define su futuro, también podrá hacerlo». Cada día estoy más convencido de que tan importante es la información como el contexto para poder entenderla. La parte de la información se la dejo a La Voz y el resto de medios; la Bonilista intentará proporcionar contexto sobre la importancia y la influencia de la Informática. 

Por último, ¿qué aportará todo esto a los suscriptores de la Bonilista? De forma inmediata, una plataforma donde poder consultar y referenciar los textos más allá de la bandeja de entrada y -también- comentar y enriquecer los mismos. A largo plazo, no tengo ni idea, pero ¿quién sabe? Todo es posible. 

Muchas gracias a todos los que me habéis acompañado hasta aquí. Moitas grazas a todos aos que decidades empezar a acompañarme desde aquí. No sé hasta dónde llegaremos, pero será un placer y un honor seguir recorriendo el camino, paso a paso, a vuestro lado. 

Este artículo y los siguientes se publicarán en La Voz de Galicia el miércoles, tres días después de su publicación original en la Bonilista. 

OFERTA DE EMPLEO QUE PATROCINÓ ESTA BONILISTA

Cloud Apps Developer (hasta 40.000€) para Comalatech (Bilbao) 

Comalatech  es una compañía canadiense que desarrolla algunos de los plugins más vendidos para la familia de productos de Atlassian (Jira, Confluence) y que conozco perfectamente -porque trabajé allí antes de fundar Manfred-, quiere ampliar el equipo de la oficina de Bilbao que yo mismo ayudé a abrir :) 

Siguen ampliando sin parar su base de clientes que en vez de instalar los plugins en sus propias instancias, los usan como SaaS a través del marketplace de Atlassian. Por eso quieren ampliar el equipo con un/a desarrollador/a con al menos 2 años de experiencia en React/Redux y Node.  

Básicamente, buscan buenos programadores que sean capaces de comunicarse en inglés, porque es el idioma de trabajo de la compañía. Si encima tienes experiencia con productos de Atlassian, mejor que mejor. Te doy una ventaja a la hora de afrontar la entrevista/prueba técnica: echa un vistazo a la documentación para desarrolladores de Atlassian. Si haces un ‘Hello World’ en modo de plugin para cloud, ya tendrás MUCHO ganado ;) 

La oficina está en plena Gran Vía de Bilbao y la verdad es que mis ex-compis la han dejado de capricho. De la empresa ¿qué os puedo decir? Es uno de los sitios más divertidos donde he trabajado y cuenta con algunos de los mejores técnicos que he conocido en toda mi carrera profesional. Es una buena oportunidad para técnicos que quieran trabajar en una compañía de producto. 

Si os interesa o conocéis a alguien a quien pueda interesarle, podéis encontrar toda la info sobre el puesto en la página de la oferta que hemos creado en Manfred porque llevamos nosotros mismos el proceso. ¡Suerte! 

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Este texto se publicó originalmente en la Bonilista, la lista de correo de noticias tecnológicas relevantes para personas importantes. Si desea suscribirse y leerlo antes que nadie, puede hacerlo aquí ¡es bastante gratis!

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