Por qué a Facebook no le gusta que se hable de Historia

Censura los desnudos, dándole igual que sean pornografía, arte o fotoperiodismo, y ahora también clases educativas sobre conflictos mundiales


Que a Facebook (y por extensión a Instagram) no le gustan los pezones al aire no es novedad, mucho menos los desnudos integrales, a los que les mete la tijera sin vacilar en cuanto alguien se atreve a publicarlos en sus dominios, ya sean pinturas de Rubens, alguna foto icónica -como la de la niña del napalm- o directamente pura y dura pornografía. Su algoritmo es recatado, puritano donde los haya y muy estricto: considera genitales, nalgas y pechos femeninos (que no masculinos) partes del cuerpo «peligrosas»; imágenes explícitas de relaciones sexuales, un atentado contra la moral; descripciones de alto voltaje detalladas, una afrenta sin precedentes. Es intuirlas, y poner el grito en el cielo: publicación automáticamente borrada. Lo inaudito ahora es que tampoco parecen agradarle las clases de Historia. Academia Play, una herramienta de aprendizaje a través del formato vídeo, ha comprobado como en más de una y en más de dos ocasiones la plataforma social le ha impedido monetizar sus piezas audiovisuales. 

Ni sus charlas educativas hacen apología de la violencia, ni fomentan tampoco el odio y la discriminación, razones más que comprensibles, en caso de que así fuese, para que Facebook se pusiese censor. Cumplen, en cambio, todas las condiciones que exige la red para insertar anuncios en los vídeos y así sacar algo de tajada de ellos -tener como mínimo 10.000 seguidores, que el contenido sea original y haber conseguido 30.000 reproducciones de mínimo un minuto en piezas de, al menos, tres minutos de duración- y en cuanto al fondo de lo divulgado, nada hay que contradiga las condiciones: ni lenguaje que incite al odio, ni expresiones que animen a cometer actos agresivos, ni contenido sexualizado. Y, sin embargo, Facebook ha penalizado varias de sus piezas que, casualmente, tienen un denominador común más concreto que la Historia: hablan de conflictos.

Tal y como explican los responsables de Academia Play en Xataka, Zuckerberg no les ha dejado insertar publicidad ni en piezas que tratan sobre la Primera y Segunda Guerra Mundial, ni tampoco en las que abordan la Guerra de Cuba o la Revolución Rusa. Parece que poco le gusta ahondar en las heridas. Sin embargo, inexplicablemente, también ha puesto coto a un tema sobre Miguel Ángel y a otro de Leonardo. 

Bien es cierto que en sus normas de contenido sobre monetización, Facebook especifica que esta puede reducirse o restringirse si el vídeo muestra o aborda asuntos sociales en debate, actividades cuestionales o tragedia o conflicto, que incluso puede llegar a inhabilitar la publicación si se aproxima a «acontecimientos que conllevan sufrimiento, destrucción o angustia», «ya sean reales o de ficción». «El contenido que muestre o aborde estos temas de un modo expresamente motivador o educativo aún puede reunir los requisitos para monetización», aclara a continuación. Sería este, pues, el caso. 

El control de los contenidos para garantizar que se respetan los estándares establecidos se desarrolla, precisa Facebook, de forma automática -a través de un «aprendizaje» que hace la máquina-, pero también humana. Ambas se combinan, requiere la revisión de un ser de carne y hueso. ¿Cómo es posible entonces que la plataforma siga castigando material didáctico y artístico, piezas históricas y periodísticas? ¿Qué es conflicto y qué no lo es para Facebook?

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