O cambio de hora o de horario


El 16 de agosto se cierra la encuesta que la Comisión Europea ha convocado para pulsar la opinión de sus ciudadanos sobre el cambio de hora estacional, el que realizamos en primavera y otoño. Dicho cambio nació hace un siglo, para intentar racionalizar algo de lo que no tenemos escapatoria: fuera de las zonas tropicales, la duración del día a lo largo del año cambia mucho, porque la orientación relativa de la tierra con respecto al sol cambia 47 grados cada seis meses.

Las sociedades del pasado ya se adaptaban como podían: en vez de cambiar la hora, cambiaban los horarios. Es de lo más revelador comprobar cómo en muchos trabajos del siglo XIX se marcaba un horario de entrada para el período de abril a octubre y otro, con una hora de diferencia, para el resto del año. Hasta las Cortes de Cádiz marcaban el inicio de sus sesiones con una hora de diferencia entre esos mismos períodos del año.

Si finalmente la UE suprimiese el cambio estacional de hora, en muchas situaciones habría que volver al pasado y modificar los horarios, porque en caso contrario nuestra entrada al trabajo se alejaría más del nacimiento del día en verano y perderíamos luz por la tarde (la desperdiciaríamos por la mañana). Además, en una sociedad coordinada como la nuestra se crearía un cierto caos (¿se imaginan padres con cambio de horario y colegios sin él?). El planeta tierra cambia su iluminación (sin pedir permiso a la UE) y tenemos que adaptarnos a ello. Podemos hacerlo racionalmente o volver al pasado. ¿Quiere usted cambio de hora o de horario?

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