Galicia gestiona la emisora majorera

Onda Fuerteventura, con 37.000 oyentes, nació hace cuatro años con tres socios gallegos y un cuarto portugués

Alberto Veiga dirige la emisora Onda Fuerteventura y también presenta todo tipo de actos
Alberto Veiga dirige la emisora Onda Fuerteventura y también presenta todo tipo de actos

Las cosas pintaban negras. Así que Álvaro Veiga se fue a Canarias buscando un poco de luz. Alquiló una villa en Fuerteventura y entonces pasó. Bendita coincidencia. El propietario era un gallego. Un gallego que quería montar una radio en la isla. Hace cuatro años nacía Onda Fuerteventura, la que hoy es la emisora referencia de la isla y emite para Lanzarote y Fuerteventura. Según su último estudio, han llegado a tener 37.000 oyentes al mes. La mitad de los habitantes de Fuerteventura escogen su emisora. La otra mitad se reparte entre el resto de cadenas disponibles.

Así que aquellas vacaciones buscando un poquito de luz en un momento oscuro -terminaba una etapa de 15 años como locutor y en el horizonte no había perspectiva alguna- no pudieron ser más productivas. «No me lo esperaba para nada», reconoce el que hoy es el director de Onda Fuerteventura, una emisora que se caracteriza sobre todo por estar en la calle. Cerca de la gente. «Patrocinamos el deporte, los eventos culturales...» y los vecinos de Fuerteventura los tienen en la cabeza. «Cualquier cosa que sucede en la isla lo cuentan en el WhatsApp de la radio, te lo mandan por Facebook...».

A Álvaro Veiga le brilla la voz cuando habla de este gran proyecto que ha creado junto a otros tres socios. Su pareja, Ángela, también harta de encadenar contratos de pocas horas y salarios bajos, decidió seguirlo hacia la luz canaria. Hoy es la administradora de una emisora que, entre plantilla y colaboradores, cuenta con unas 25 personas. Además está Tony, el responsable del ámbito técnico. No es gallego, pero casi. Natural de Portugal, vive en Fuerteventura desde hace cinco años. Veinticuatro horas de programación propia. Un despertador, un magacín matutino, boletines horarios, un informativo y los deportes...

Empezaron, como hacen casi todos los que se van lejos, marcándose una fecha: «Probamos un añito», dijeron Álvaro y Ángela. De eso hizo cuatro el mes pasado. Y los que quedan. «Es que en este proyecto está toda la ilusión del mundo», contesta a la pregunta de si tiene en perspectiva volver. «Llevamos con él desde el día uno, casi desde el menos cinco, es algo que sientes como tuyo». Y ya ha traspasado las fronteras radiofónicas. Porque también organizan una gala de premios, y Álvaro presenta todo tipo de eventos, «desde los más serios a los más cañeros, de moda, más protocolarios...».

Y la verdad es que no ha dejado de trabajar en Galicia. Ha colaborado con emisoras enviando su programa y ha grabado publicidad para cadenas radiofónicas gallegas. «Al final no estás de cuerpo pero estás de voz. Está profesión te deja trabajar y te deja estar allí», reconoce.

Dos horas, no 2.000 kilómetros

Tampoco es que esté a mucha distancia de Galicia. Al menos, temporal. Porque no se plantea los viajes en términos kilométricos -hay más de 2.000 kilómetros entre el norte de la Península y el archipiélago canario- si no en horas. Y Canarias está a apenas dos horas y media de viaje de avión. «Ir de Santiago a Oviedo ya te lleva tres horas», ilustra.

«Los idiomas son básicos: castellano, alemán, inglés e italiano si me apuras»

Así que sí, vuelve de vez en cuando. Y nota que algo ha cambiado. «La Galicia que dejas parece que se queda ahí, que no pasa el tiempo, y quieres recuperarla tal y como la dejaste». Pero ay, el tiempo. Pasa igual en todos los sitios. «Es que los cuatro años también avanzan ahí».

¿No ha sido duro el cambio? «Creo que era más riesgo quedarse allí que venir», reconoce Veiga. Y aunque «dejas todo, dejas todo absolutamente de lado» y a uno siempre le gustaría trabajar en su tierra, «sinceramente aquí se está muy a gusto», dice con una sonrisa. Eso sí, hace una recomendación. «Los idiomas son básicos». Al menos castellano, inglés y alemán. «E italiano si me apuras». Porque son necesarios para tener cualquier trabajo, «desde poner copas a cualquier otra cosa». Y si uno no domina los idiomas -que acabará haciéndolo por fuerza- lo mejor es hacerse cuanto antes con el argot básico, en especial el de la hostelería.

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