Un plano del hogar de dominio público

La polémica del aspirador que hace mapas de los hogares y se plantea vender los datos registrados reaviva el debate sobre la privacidad del Internet de las Cosas


madrid / colpisa

Es uno de los avances de la domótica que más se ha popularizado en los últimos años. Los robots de limpieza. Pequeños dispositivos que recorren la casa barriéndola y, más recientemente, haciendo de fregona. Las primeras generaciones de estos aparatos se topaban con obstáculos, se quedaban atrapados y necesitaban ayuda humana para superar algunos incidentes. Pero la innovación los equipó de sensores y tecnología suficiente para ser más eficientes, controlarlos remotamente desde el móvil e, incluso, hacer un mapa de la casa con los datos que van recogiendo en sus incursiones.

La polémica por este sistema surgió hace unos días. iRobot, el fabricante responsable del robot aspirador Roomba, planteaba vender estos planos a otras empresas tecnológicas como Apple, Google o Amazon. «Creemos que, próximamente, esta información puede aportar incluso más valor a nuestros clientes al permitir que la casa y los dispositivos inteligentes trabajen mejor de una forma conjunta, pero siempre con el consentimiento explícito del usuario», afirma Colin Angle, vicepresidente de la compañía en una entrevista con Reuters. Matiza que hoy no ejecutan ninguna de estas prácticas y que el cliente puede desactivar la opción de compartir datos.

Los robots básicamente mapean las estancias para optimizar el tiempo y batería. Aunque no necesitan conocer al detalle la habitación para esquivar objetos, la información recolectada en sus paseos permite alcanzar un completo grado de detalle. Según la firma, la utilización de estos datos mejoraría, por ejemplo, los altavoces inteligentes que orienten el sonido de una manera u otra dependiendo de la habitación. Esta declaración de intenciones alertó a muchas personas y organizaciones encargadas de velar por la información más sensible de los usuarios.

El revuelo ha hecho que iRobot aparque estos planes momentáneamente, aunque seguirá recolectando datos. La polémica ha vuelto a poner el llamado Internet de las Cosas en el centro de la polémica. Un artículo de la revista Wired alertaba de que esto «iba camino de convertirse en una granja de datos» y que el caso de Roomba sería el primero de muchos más. Se espera que haya más de 8.400 millones de dispositivos conectados a Internet a finales de este año, según Gartner. Y son muchas las empresas que sueñan con aprovechar sus datos, bien para otras de sus divisiones, bien para hacer negocio con terceros. En los últimos años más empresas han entrado en el negocio de objetos conectados. 

Aparatos que ayudan a resolver crímenes

Google, cuyo principal negocio es la publicidad contextual, adquirió en el 2014 por 3.200 millones de euros la empresa que fabrica Nest, un termostato inteligente. Su objetivo no era abrir una nueva vía de negocio. Un termostato inteligente permitiría a Google conocer nuevos detalles sobre los usuarios y sus hábitos y costumbres.

Otro gigante que ha entrado en esta batalla es Amazon, con un altavoz inteligente, Echo, basado en su asistente de voz Alexa. El aparato reacciona a órdenes de los usuarios, preguntas y comandos hablados. Pero también tiene escucha pasiva. Echo fue testigo de un asesinato en el 2015 y la policía solicitó acceso a las conversaciones grabadas por uno de estos aparatos para recrear el crimen.

Una pulsera de actividad Fitbit fue hace un mes la principal prueba de cargo en otro juicio por asesinato en Estados Unidos al registrar los movimientos y pulsaciones de la víctima hasta el punto de servir para determinar la identidad del culpable.

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