Los «millennials» piden perdón, no permiso

Los menores gallegos, que dedican casi un día a la semana a las redes, comparten fotos de otros sin preguntar

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redacción / la voz redacción / la voz

Son las 07.30 horas y suena el despertador -o la alarma del móvil en prácticamente todos los casos-. El primer acto, casi reflejo, es revisar las redes sociales: los likes, los comentarios, las peticiones de amistad y las últimas imágenes de los instagramers de moda. A partir de ahí, el adolescente gallego se dispone a realizar sus rutinas más cotidianas, eso sí, sin despegarse de su teléfono. Lo va consultando con frecuencia y entre semana le dedica entre una y tres horas al día y hasta seis el sábado y el domingo; es decir, casi un día entero a la semana en el que va dando cuenta de sus quehaceres en Facebook, YouTube o Instagram en forma de imágenes o vídeos.

En muchas de estas imágenes el joven sale acompañado de amigos o familiares a los que no les pide permiso para que esos momentos, que quizás para el de al lado pertenecen al ámbito privado, estén en Internet. En otras ocasiones el adolescente va un paso más allá y sube a las redes imágenes de otros sin preguntar. Así el joven perpetúa una barra libre de imágenes que, sin consentimiento, están a la vista de todos, con el perjuicio que en muchos casos esto conlleva. El perfil descrito es, según las conclusiones del programa enREDados, llevado a cabo por la Fundación María José Jove y la asociación Participan, el prototipo de un gallego al uso que tenga en la actualidad entre 13 y 16 años.

Menos horas de sueño

Según el estudio, en el que han participado más de 700 jóvenes de la comunidad, el aumento del uso -o abuso- de las redes sociales ha llevado a normalizar conductas y actitudes que pueden desarrollar síntomas de tecnoadicción, acoso, y maltrato a través de las distintas TICs.

Estos jóvenes millenials también admiten, en un 70 % de los casos, que han reducido sus horas de sueño y que, para ellos, la mayor sanción es ser castigados sin el móvil, lejos de las peleas de antaño sobre la hora de llegada a casa tras una noche de fiesta.

Según este estudio sí se ha incrementado la presión que los progenitores ejercen sobre sus hijos y el uso de Internet, sobre todo, en la revisión de los mensajes y fotos que envían a través de sus dispositivos. No obstante, continúan permitiéndoles tener redes sociales y no se meten en las que utilizan o no; cuestión llamativa si se tiene en cuenta que es en estas plataformas donde más tiempo pasan los menores cuando navegan por la red.

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