¿Un iPhone hecho en EE. UU.? No es tan simple

Un dispositivo fabricado en Norteamérica podría llegar a costar cerca de 100 euros más


san francisco / afp

Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, que puso de moda el made in USA, ¿podrá una de las empresas más emblemáticas de Estados Unidos, Apple, seguir fabricando sus dispositivos en China? El nuevo presidente prometió que obligaría a la marca de la manzana a repatriar su producción. Sin embargo, mientras muchos de los grandes grupos optaron por prometer puestos de trabajo o inversiones en Estados Unidos, Apple se ha mantenido con un perfil más bajo. Foxconn, una de sus principales subcontratistas, sin embargo, tiene previsto invertir cerca de 7.000 millones de euros en una planta en Estados Unidos. Oficialmente, para hacer pantallas planas.

Para Trip Chowdhry, analista de Global Equities Research, la empresa terminará fabricando dispositivos en Estados Unidos, y no únicamente como «gesto político». «La tendencia es que hay que fabricar productos locales para mercados locales», para que la cadena de suministro sea más adaptable y se puedan proponer dispositivos «a medida para cada mercado», argumenta.

Sea o no por motivos políticos, Apple no está en la misma situación que los fabricantes de automóviles que han deslocalizado fábricas en el extranjero para reducir costes, dice Dan Panzica, experto en subcontratación manufacturera en la firma IHS. «Los puestos de trabajo de Apple nunca han estado aquí -dice-. Toda la cadena de suministro se construyó en China».

Apple dispone en Asia de un complejo sistema de fabricación que va más allá de los subcontratados que ensamblan sus dispositivos. Se apoya en un enorme sistema de fabricantes de componentes y piezas de repuesto, suministro de materias primas y mano de obra barata, flexible y muy abundante.

La MIT Technology Review estimó el coste adicional de un iPhone 6S Plus hecho en Estados Unidos entre 28 y 93 euros, todo ello en el contexto de desaceleración de las ventas.

En las últimas horas, las compañías tecnológicas se posicionaron en contra de la orden ejecutiva de deportaciones tomada por el presidente estadounidense. El CEO de Apple, Tim Cook, fue el que dejó más clara su postura al asegurar que Apple «no existiría sin la inmigración».

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