Pontificando desde las redes


Política, sucesos, cuore, fútbol... Los sanedrines que pueblan esas inmensas barras de bar que en muchos momentos son Twitter, Facebook o, terror, los grupos de Whatsapp no dan abasto estos días. Y transmutan las redes en templos consagrados a dos dioses menores, pero cada vez más omnipresentes: el cuñadismo y el gregarismo. 

La primera deidad recibe culto todos los días. Si se hubiera hecho caso a sus fieles, la humanidad se hubiera librado hace mucho tiempo de todos sus males. España tendría un gobierno estable, justo e incorrupto; la policía habría encontrado a Diana Quer en cero coma; y los problemas de la globalización y el yihadismo serían historia. Y solo usando soluciones de la mejor de las universidades, la de la vida.

Los pontificadores de la Red tienen un problema frente a sus antecesores del bar. Sus comentarios acerados, sus juicios sumarísimos y sus sentencias inapelables dejan huella. Y pueden provocar un efecto bumerán. El último ejemplo es el del tuitero que puso una foto de un viaducto coruñés y, lleno de razón, quiso sacarle los colores a Fomento por no haber acabado la obra. Tuvo su rato de gloria. Y una respuesta tan contundente que acabó sufriendo un escarnio. Le llamaron de todo en Twitter. Y lo más bonito fue «hinjeniero» y «cuñado».

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