El futuro ha llegado a Río: tecnología de película en los Juegos Olímpicos

De la realidad virtual a los contadores de vueltas digitales sumergidos, así transforma las innovaciones la experiencia del atleta y del espectador en los Juegos Olímpicos


De los Juegos Olímpicos que se celebran estos días en Brasil se ha llegado a decir que son los peores de la historia. El país, prometedor y emergente cuando fue elegido, no ha sabido atajar a tiempo, ni siquiera disimular para la ocasión, la acusada crisis política, económica y social que le ha arrastrado a recibir a los mejores deportistas del mundo en apartamentos precarios, sin luz, con cortes de agua y fugas de gas. Se quejan de problemas en el transporte, de que los ríos en los que compiten están contaminados. La amenaza del zika y el fantasma del dopaje tampoco ayudan. Pero hay algo en lo que Río es, de momento, el mejor. Han pasado cuatro años desde Londres 2012. Toda una vida en términos de progreso tecnológico.

Ya entonces la apuesta por la innovación fue importante. La organización se volcó para mejorar la experiencia audiovisual del espectador, que, desde el sofá, asistió por primera vez a detallados y espectaculares planos llenos de matices. Piruetas sincronizadas bajo el agua. Primeros planos de talones impactando contra el suelo tras un salto. El sonido hueco del golpe. También el móvil, en plena efervescencia, tuvo una alta cuota de protagonismo. Hoy, sin embargo, con 7.000 millones de dispositivos en todo el mundo a los que atender y tecnologías de última generación oliendo a nuevo, los Juegos son mucho más que el mayor evento deportivo internacional. Son más que nunca puro espectáculo.

Río 2016 cuenta con 70.000 puntos wifi, 12.000 equipos informáticos, 250 servidores, 15.000 teléfonos fijos y 20.000 móviles y 15.000 radios. Cuatro globos con trece cámaras de alta resolución cada uno velan por la seguridad de atletas y público. 4.000 terminales NFC permiten pagos a través del móvil, como también los brazaletes recargables puestos a disposición del público por Visa, que funcionan como tarjetas de crédito. Más de cuatro millones de metros cuadrados -lo que equivale a más de mil campos de fútbol- se iluminan estos días con luces LED, panorámicas de 360 grados permiten recorrer los 25 recintos olímpicos y, por primera vez, las favelas aparecen en los mapas de Google. Pero lo más espectacular del tema tiene que ver con la mejora del rendimiento de los atletas y la experiencia del espectador.

Por primera vez, las disciplinas de voleibol (también en su modalidad playera) permiten, de la misma manera que ocurre en el tenis con el ojo de halcón, revisar jugadas a través de una pantalla gigante y comprobar si la decisión del árbitro ha sido correcta. Las piscinas cuentan con monitores bajo el agua que computan las vueltas, de forma que cada vez que un nadador toca la pared, un panel táctil le muestra, para que no se pierda, la distancia que lleva recorrida. Y el tiro tiene a su disposición en esta ocasión un eficaz sistema de sensores que informa con precisión milimétrica del lugar exacto en el que impacta una flecha. Mucho más exacto que el ojo humano, identifica el punto concreto con un margen de error de apenas 0,2 milímetros. Las embarcaciones están equipadas con dispositivos GPS para que los aficionados dispongan a cada instante de datos sobre la velocidad, cambios de ritmo y estrategias. Tampoco hay dudas ya en las líneas de meta. Una nueva cámara de alta velocidad es capaz de tomar 10.000 imágenes por segundo.

Y luego está la realidad virtual: más de 85 horas de contenidos, que incluyen ceremonias y destacadas competiciones, están a disposición de todos aquellos que se hayan hecho con las gafas Gear VR de Samsung. ¿Qué significa esto? Que vivirán los Juegos como si estuviesen allí mismo, en pleno invierno brasileño, disfrutando en primera fila de la función.

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