La locura por los pokémon inunda Galicia

Parques y zonas de ocio se llenan de jugadores de todas las edades que responden a un fenómeno mundial cuyo desarrollo está, según los expertos, solo a un diez por ciento

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redacción / la voz

A estas alturas, solo aquellos que han estado fuera del planeta desconocen que hay un juego para el móvil que se llama Pokémon Go y que tiene interesados a millones de personas. En Galicia, la fiebre pokémon ha subido al mismo ritmo que en el resto del mundo. Es un fenómeno que parece imparable y que puede constatarse en cualquier punto del país: desde los parques de Vigo a las playas de A Mariña. De repente, todo el mundo parece interesado en los pequeños monstruitos inventados por Nintendo, el gigante de los videojuegos. ¿Qué está pasando? «El juego no es ninguna virguería», analiza Brais Moure, un desarrollador gallego de aplicaciones: «La virguería es que saca a la gente a la calle. Hay que moverse para conseguir los objetivos del juego. Probablemente se trata de un punto de inflexión que cambiará la filosofía de estas aplicaciones».

Por primera vez un videojuego exige al jugador que salga de la cueva de su habitación y se haga visible; el campo de juego es la calle: «Hay un salto de lo privado a lo público -apunta el psicólogo Manuel Fernández Blanco-. Lo llamativo aquí es como esa realidad virtual se superpone a la real. No solo se superpone sino que la hace empalidecer, porque un chaval entra en un parque y no se asombra de la belleza de un olmo o de cualquier árbol sino que solo se preocupa en capturar el bicho».

A la vez que la mancha de jugadores se extiende por todo el país, lo hace también el debate sobre el juego. La denuncia de un conductor de autobús que guiaba el vehículo mientras jugaba con el móvil entre Pontevedra y Vilagarcía calentó la cuestión que hoy forma parte de las conversaciones en miles de hogares gallegos.

La mayoría de expertos vinculan la explosión del videojuego al hecho de que toda una generación mantuvo un estrecho contacto con el universo de los personajes de Nintendo: «Hay una generación de niños pokémon -opina Fernández Blanco- que se han criado con ellos y que los siguen usando como marco de satisfacción, porque los niños que fuimos tienen mucho que ver con nuestras satisfacciones cuando nos convertimos en adultos».

Empezando

Lo que parece claro es que el fenómeno Pokémon Go no ha hecho más que empezar: «Lo que se especula es que el desarrollo del juego está solo al diez por ciento», explica Brais Moure. Queda pues juego para rato. Las primeras estadísticas tomadas en Estados Unidos daban cuenta de un hecho poco común: la incorporación masiva al juego del género femenino, más proclive habitualmente a aplicaciones vinculadas con la conversación. Sin embargo, el nivel de uso según estas primeras tomas de temperatura apuntaban a que alrededor del 60% de los jugadores eran mujeres. En Galicia se puede constatar como el uso del juego es mayoritario por parte de los más jóvenes pero también que ninguna edad queda fuera del fenómeno.

Jugar a Pokémon Go genera también algunos problemas. El primero y más evidente es que el juego requiere el uso de los componentes del móvil que más tiran de la batería. Es imprescindible la geolocalización y tener la pantalla siempre activa. Así que en algo más de dos horas, el teléfono puede estar ya pidiendo oxígeno. La única solución por el momento es salir a la calle con baterías de repuesto que es lo que hacen la mayor parte de los jugadores.

El otro conflicto reside en el uso de datos. No es posible jugar con la única cobertura del wifi. Así que el uso de datos se está también multiplicando. Al inicio del juego, el cálculo era que su consumo se movía entre los 20 y los 25 megas a la hora. Es decir, con cincuenta horas de juego se habría agotado una tarifa de un giga. Sin embargo, la empresa desarrolladora está trabajando para mejorar esos datos de consumo. Hasta la fecha las operadoras de móvil no han constatado un aumento en la demanda de datos: «Es demasiado pronto -explica un portavoz de Telefónica-. Habrá que esperar más para ver la incidencia. Pero estamos en un contexto de un gran aumento en la demanda de datos, que se ha multiplicado por diez en el último año».

Si ir por la calle mirando la pantalla del móvil a la caza del pokémon puede considerarse una alienación más o menos severa, lo que espera a la vuelta de la esquina son los dispositivos que nos colocarán el móvil a unos centímetros de los ojos. «Probablemente eso también llegará», opina Brais Moure.

Los delitos que se pueden cometer sin saberlo

No son exclusivos de Pokemon Go, pero hay una serie de actividades prohibidas con las que el videojuego parece tentar a sus usuarios. Las más evidentes son las relacionadas con el tráfico. No se puede conducir y jugar. Es evidente, pero muchos parecen no entenderlo. Tampoco se puede vulnerar la propiedad privada por muchos pokémons que haya dentro. Entrar sin permiso en un jardín particular puede ser denunciado como un allanamiento de morada, que es un delito castigado con una pena de seis meses a dos años. O más si se realiza con violencia.

También hay que tener cuidado con las fotos que se hacen por la calle a la gente. Especialmente si se suben a las redes sociales y mucho más si incluyen la imagen de menores. Cuidado también con cruzar la calle de cualquier manera. No solo porque puede ser víctima de un atropello, sino también objeto de multa. Cruzar en rojo, según donde se haga, puede llevar aparejada una multa de hasta mil euros.

Tampoco se puede anunciar en un negocio que hay pokémons dentro. Para empezar porque podría tratarse de una publicidad engañosa e incluso de la utilización de una marca de forma no autorizada. Lo que sí es posible y algunos negocios ya lo están haciendo, es utilizar cebos para conseguir que dentro de sus negocios sí vayan los pequeños monstruos y que sean los usuarios los que los detecten y entren a consumir para poder cazarlos. Eso sí es estrategia.

Lo que queda por llegar del juego más exitoso

Pokémon Go es una aplicación que bebe directamente de Ingress, el juego inicial de Niantic, que es la empresa desarrolladora de ambos. Así que los jugadores de Ingress tienen ya mucho ganado porque conocen de primera mano la dinámica y pueden intuir lo que va a suceder. Una pregunta común entre los jugadores es quién ha elegido las pokeparadas y gimnasios; es decir, los lugares donde se recogen los elementos necesarios para jugar y que normalmente se corresponden con monumentos o lugares emblemáticos en las villas y ciudades. Prácticamente todas eran portales en Ingress. Así que fueron sus jugadores quienes las eligieron.

Otro aspecto al que ya estaban acostumbrados los jugadores es a los fallos habituales de los servidores, un defecto desesperante que no ha mejorado con Pokémon Go y que, de momento, no tiene solución.

Limitaciones

También es más que probable que la aplicación desarrolle limitaciones para quienes juegan mientras viajan en un coche, una costumbre muy peligrosa que ya tiene con la mosca tras la oreja a Tráfico. En Ingress, ir a más de 50 por hora limita el juego de forma casi absoluta. Es más que probable que ocurra algo parecido con Pokémon Go. Asimismo, los jugadores tendrán que acostumbrarse a actualizaciones constantes, que es la política que Niantic desarrolló con su juego anterior.

Los patrocinios es algo que los jugadores irán viendo en los próximos meses. Pokeballs con logos de grandes multinacionales, por ejemplo, podría ser una de las vías para mejorar los ya fascinantes beneficios de un negocio al que algunas consultoras calculan potencialmente unos ingresos de entre cuatro y cinco millones de dólares al día. En cualquier caso, lo que sí se prevé es que los próximos pasos estimulen las partes más cooperativas del juego, desde el intercambio de pokémons a las batallas más allá de los gimnasios. Se trata en cualquier caso de meras especulaciones. Habrá que esperar acontecimientos los próximos meses.

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