Una supercalculadora gallega que trabaja para toda Europa

El Centro de Supercomputación de Galicia (Cesga) cuenta en sus instalaciones con el «FinisTerrae II», un supercomputador capaz de realizar las operaciones más complejas y que presta servicio a decenas de empresas y a la comunidad científica de la comunidadEl «Finisterrae II» supuso un desembolso de 3,6 millones de euros en 2015lo que más falla son los discos y los bancos de memoria


La supercomputación es un campo bastante poco conocido para muchos ciudadanos de a pie. Lo que no se imaginan es que gracias a esta labor de importancia capital, hoy en día, podemos conocer las predicciones del tiempo o del estado del mar, así como caminar hacia la creación de nuevos y mejores fármacos o a la implantación de innovadoras tecnologías que nos permitan una vida mucho más cómoda.

Y en Galicia, quien tiene una de las llaves para caminar hacia un futuro más desarrollado de la mano de la computación es el Centro de Supercomputación de Galicia (Cesga), una de las escasas infraestructuras científicas singulares que hoy en día existen en España y que dependen de la Consellería de Economía, Emprego e Industria. En estas instalaciones, situadas en Santiago, enormes calculadoras facilitan el trabajo de empresas y de la comunidad científica. Y entre ellas destaca el FinisTerrae II, un supercomputador capaz de realizar las operaciones más complejas.

¿Qué es el «Finisterrae»?

Es el supercomputador más grande que actualmente hay en el Cesga. Pero no es el único. En este centro gallego, existen un buen puñado de máquinas destinadas cada una de ellas a resolver las necesidades de los diferentes usuarios. El FinisTerrae II, actualizado el año pasado, es el que tiene más capacidad de computación del Cesga. «Los problemas que presentan los investigadores hay que resolverlos de la forma más eficiente posible, por lo que tenemos varias herramientas o tipos de computadores que se adapten a las necesidades de cada uno», explica Javier García Tobío, director gerente de este centro gallego, que además relata que, en concreto, el FinisTerrae II es un computador especialmente bien preparado para resolver grandes problemas.

«Después disponemos de otro tipo de ordenadores que están pensados para resolver muchos problemas a la vez pero son más pequeños; otra clase de computadores que permiten trabajar con un gran volumen de datos o lo que se conoce como big data», resume García Tobío, que aclara que las diferencias entre unos y otros son realmente considerables: «Técnicamente, el FinisTerrae es una máquina especialmente cara debido a su sistema de interconexión. Tenemos otro ordenador, el SVG (Superordenador Virtual Gallego), que está preparado para resolver millones de pequeños problemas y que es mucho más barato. El Big Data por ejemplo se diferencia por tener muchos discos».

¿Para qué sirven?

Puede parecer que estos ordenadores están pensados para un reducido grupo de investigadores o expertos, pero nada más lejos de la realidad. La labor que cada día realiza el Cesga tiene su traducción en muchas de las tareas que los ciudadanos realizamos cada día. Porque gracias a las instalaciones de Santiago podemos disfrutar de la predicción meteorológica. Explica García Tobío, que en sus ordenadores se realiza cada día el pronóstico para Meteogalicia o el del estado del océano desde el sur de Irlanda hasta las islas Canarias, «con toda la repercusión que ello conlleva para el tema del tráfico marino».

«Meteogalicia envía todos los días una cantidad ingente de datos que recibe de los satélites y a través de otras vías; estos datos son en algunos casos numéricos y otros pueden ser fotografías. Desde aquí, donde tenemos varios modelos de predicción numérica, ejecutamos las operaciones y Meteogalicia puede recibir todos los días los resultados que después se nos traslada a los ciudadanos», ilustra.

«También trabajamos con Innofarma para facilitar el diseño de nuevos fármacos, pero además con otras empresas para propiciar la búsqueda de nuevas fibras», explica el director de un centro que cuenta en su cartera con clientes realmente dispares con necesidades bastante diferentes, entre las que también se pueden citar operaciones para estudiar el cambio climático o la secuenciación del genoma.

¿Quién lo utiliza?

Los usuarios más importantes del Cesga pertenecen básicamente a la comunidad investigadora gallega, que está fundamentalmente situada en las universidades. Pero hay más clientes. En la cartera del centro se pueden encontrar empresas y otro tipo de instituciones, entre las que destaca el CSIC.

«Las empresas donde estamos focalizados son las pymes. Cada vez hay más pequeñas y medianas compañías que utilizan estos ordenadores de supercomputación», asegura García Tobío, que además añade que actualmente unas sesenta sociedades de todo el mundo disfrutan de sus servicios, de las que el 30 % son gallegas y el setenta restante tienen su sede en diferentes puntos de Europa.

¿Qué utilidad tiene para las empresas?

Es complicado imaginar cómo una de estas grandes calculadoras puede facilitar tanto la labor de una empresa, pero García Tobío lo simplifica para que sea sencillo de entender: «La computación es como si tuviésemos un microscopio que simula aquellas cosas que están sucediendo, pero que no podemos ver porque están muy lejos o porque son muy pequeñas o porque no se pueden lograr ver».

Y para aquellos que no lo vean, este experto del centro gallego pone un sencillo ejemplo: «Si una empresa hace tornillos para una fábrica de coches tiene que conseguir que su tornillo sea el mejor y el más barato. Por lo que la forma de conseguirlo tiene que ser haciendo muchas pruebas para comprobar su resistencia. En lugar de hacer estas pruebas físicamente en un taller, se realiza en un ordenador, donde se diseña el tornillo y, como si fuera el videojuego de una consola, se va probando una y otra vez si aguanta una tonelada de peso, o dos o tres, modificando los componentes o el formato hasta conseguir lo que necesitamos», clarifica el directivo.

¿Qué capacidad tienen?

Todos los ordenadores del Cesga son capaces de realizar 476 billones de operaciones matemáticas por segundo, y lo hacen sin tomarse ni un solo respiro. Y es que estos procesadores situados en el centro de computación gallego no conocen las vacaciones. Trabajan a destajo durante los 365 días al año y las 24 horas del día.

¿Qué pasa si deja de funcionar?

Si el cuidado sistema que rodea al FinisTerrae y el resto de ordenadores que componen el Cesga dejara de funcionar por una inoportuna casualidad, las consecuencias que serían inmediatas. «Lo primero que ocurriría es que recibiríamos cientos de llamadas de los casi 500 investigadores que tenemos», asegura el directivo. Comenzaría así la búsqueda de otras alternativas, pues entidades como Meteogalicia tendrían que habilitar un plan B para continuar con una predicción que tiene más importancia de la que creemos, ya que el tiempo afecta a los aeropuertos o a protección civil.

Y no serían los únicos. Otros grupos como la Fundación de Medicina Xenómica también tendrían que buscarse el servicio del Cesga en otro lugar. «Tenemos unos sesenta contratos con empresas e instituciones europeas, por lo que si esto dejara de funcionar, tendríamos muchos problemas para cumplir con esos contratos y ellas tendrían que buscarse alternativas rápidamente», añade.

¿Qué es el Cesga?

Es un centro de cálculo de altas prestaciones y servicios cuya misión es la de contribuir al avance de la ciencia y la técnica mediante la investigación y aplicación de computación y comunicaciones de altas prestaciones. Desde el 1993, el Cesga ha contribuido a la producción de conocimiento en muy diversas áreas.

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