Seres y objetos hiperconectados


Vivimos en los albores de una nueva revolución industrial, la cuarta, la del Internet de las cosas, la que nos conducirá a habitar en una sociedad hiperconectada, en la que un montón de objetos serán capaces de enviar y recibir datos a la Red. Y la que cambiará nuestras vidas. Esto no es una profecía. Sino una predicción. Y proviene de la gran industria tecnológica que estos días participó en el World Mobile Congress de Barcelona. La pregunta no es si llegará o no, sino cuándo. Parece que será dentro de muy pocos años, a partir del 2020, con la llegada del 5G, capaces de permitir un número altísimo de conexiones de más velocidad y mayor calidad.

Ellas serán decisivas para que un montón de máquinas evolucionen y puedan transmitir datos, para que, por ejemplo, los escaparates se transformen en cajas holográficas que reconozcan la edad y el sexo de las personas que se paran delante y para que los automóviles puedan ser autónomos y circular sin conductor. Interesante, ¿no? Pero ese horizonte aún parece lejano. Hay que resolver serios debates y problemas de seguridad y de privacidad. Mientras, solo nos queda el recurso de imitar al actual ministro del Interior, ese que dice que tiene un ángel de la guarda que se llama Marcelo y le ayuda a aparcar.

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