El pájaro azul y la risa del lobo


Suenan las alarmas. Twitter ha perdido usuarios en el 2015 y tiene los mismos que tenía Facebook en el 2009. La noticia es otro torpedo bajo la línea de flotación para una red social capaz de canalizar la opinión pública mundial con mensajes muy cortos, pero condenada a reinventarse por la falta de expectativas y de rentabilidad. Ya saben, el mercado manda. Y este dice que el pájaro azul debe cambiar radicalmente. ¿Y vender su alma al diablo?

Se acabó el orden cronológico que la ha convertido en una referencia informativa. Y se derribará el mítico límite de los 140 caracteres, el que ha devuelto a los altares de la escritura en línea a la venerable diosa concisión. ¿Por qué hay que derrumbar las columnas del templo y erigir uno nuevo? ¿Para que mejore la experiencia de los cientos de millones de tuiteros que anidan allí y la han convertido en un referente informativo? Pues no. No seamos ilusos. Jack Dorsey, el consejero delegado de Twitter, quiere (necesita) que sonrían sus accionistas. Y también los lobos de Wall Street, con su colmillo retorcido. Estos han bendecido estas polémicas innovaciones y otras mejoras como el servicio de vídeo Periscope. De nada sirve tener una palanca capaz de mover el mundo y de haber creado una gran arena de debate público si tus balances contables se tiñen de rojo.

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El pájaro azul y la risa del lobo